La gran asamblea en el auditorio principal de Seúl no se parecía a ninguna reunión corporativa o cumbre empresarial que la alta sociedad coreana hubiera presenciado jamás.
Las luces cenitales iluminaban un espacio donde convergían todos los mundos que habían colisionado a lo largo de la historia: en los asientos laterales se encontraban los padres de Si-Woo (el General Kang Dae-Hyun y la Dra. Ji-Sun Kang), la familia Lee al completo con la presencia imponente de Lee Hyun-Woo y Lee Ji-Hye, acompañados por el hermano de Ha-Eun, Lee Jae-Won, y la tía Lee Mi-Sook.
A su lado, la familia Kim se alzaba con firmeza junto a la tía de So-Mang, Kim Hye-Jin, mientras que Tae-Sung Kim y Choi Ji-Woo organizaban discretamente el respaldo logístico y emocional para las protagonistas.
En las primeras filas, los miembros de la banda de los Jonas Brothers -Joe, Nick y Kevin- afinaban sus guitarras con una solemne devoción, transformados por completo tras su conversión espiritual.
En el centro del estrado, custodiando la entrada, el Ángel protector se mantenía en su forma humana y celestial, vistiendo con una elegancia atemporal y fotorrealista.
Su presencia irradiaba una calma imponente que contrastaba violentamente con la densa negrura que comenzó a propagarse por los rincones del auditorio.
Las puertas de doble hoja se abrieron de par en par con un estrépito metálico.
Por ellas entraron Damián, flanqueado por el patriarca Sr. Park Jae-Min, la Sra. Park Han, la hermana Seo-An Park y la prometida impuesta Hye-Rie.
Damián avanzaba con una sonrisa torcida, invocando una última oleada de opresión y malestares espirituales agresivos diseñados para doblegar la voluntad de todos los presentes.
-Se acabó la farsa -sentenció Damián, con una voz que parecía rasgar las paredes del recinto-. Este mundo y estas familias pertenecen al control de la corporación y a las sombras que servimos. Ningún ángel ni ninguna fe ridícula va a salvarlos de la ruina financiera y espiritual.
La oscuridad intentó devorar el espacio, haciendo que los familiares retrocedieran con un jadeo de dolor.
Pero el Ángel dio un paso al frente.
Con un movimiento rápido y resuelto, se interpuso entre la marea oscura y la familia unida, adoptando el rol definitivo de abogado y defensor celestial de los jóvenes.
Se desató entonces un duelo titánico y sobrecogedor.
La energía lumínica del Ángel chocó directamente contra las fuerzas oscuras de Damián en una batalla invisible pero profundamente real que sacudió los cimientos del edificio.
El combate fue arduo y exigió una entrega absoluta; cada centímetro ganado por la luz requería un esfuerzo titánico por parte del guardián celestial.
Sin embargo, la autoridad de la gracia divina se impuso con una fuerza implacable.
Con un destello cegador que barrió hasta el último vestigio de sombra, el Ángel disipó por completo la negrura, dejando a Damián de rodillas y despojado de su falso poder.

El impacto del enfrentamiento sacudió el corazón de los antagonistas.
El Sr. Park Jae-Min, contemplando la derrota de su aliado y el rostro aterrorizado de su propia familia, sintió cómo se desmoronaba la armadura de ambición y soberbia que había construido durante décadas.
Con lágrimas en los ojos y la voz quebrada, el patriarca de los Park miró al frente, inclinando la cabeza en señal de rendición absoluta.
-Hemos perdido... nos hemos equivocado -balbució el Sr. Park Jae-Min, con la Sra. Park y Hye-Rie abrazadas a él, experimentando un arrepentimiento genuino-. Renunciamos al control, a la oscuridad... Aceptamos a Dios y su perdón.
El silencio sepulcral del auditorio dio paso a un profundo suspiro de alivio colectivo.
El Ángel, con una serena sonrisa de victoria, inclinó levemente la cabeza antes de desvanecerse en una brisa cálida, dejando el camino completamente libre para la verdadera culminación de la historia.
Aprovechando la conmoción y con la complicidad absoluta de Tae-Sung Kim, Choi Ji-Woo, el hermano Lee Jae-Won y las tías Lee Mi-Sook y Kim Hye-Jin, quienes se encargaron de despejar el área y guiar sutilmente a las parejas hacia una terraza iluminada por las luces de Seúl, el ambiente cambió radicalmente de tono.
La tensión del drama corporativo y la guerra espiritual se transformó en una atmósfera de comedia romántica, ternura y expectación.
Min-Ho, rascándose la nuca con una mezcla de nerviosismo y una sonrisa pícara, detuvo a Ha-Eun antes de que pudiera dar un paso más.
-Muy bien, Ha-Eun. El ángel ya venció a Damián, tus tías y tu hermano prácticamente nos empujaron hasta aquí, y tus amigas nos están vigilando desde la esquina... ¿No crees que ya es hora de dejar de hacerte la difícil y admitir que me amas? -soltó Min-Ho con una audacia fingida que delataba un pulso acelerado.
Ha-Eun soltó una carcajada cristalina, cruzándose de brazos con una elegancia deslumbrante mientras lo miraba de arriba a abajo.
-¿Hacerme la difícil yo, Min-Ho? Si el único que estuvo a punto de pedirle cacao a los Jonas Brothers para que le escribieran una canción de rescate fuiste tú -replicó Ha-Eun con una sonrisa que le iluminaba todo el rostro, aunque no pudo evitar sonrojarse cuando él dio un paso más para acortar la distancia-. Pero... supongo que te concederé la victoria por esta vez.
A pocos metros, bajo la luz suave de los faroles de la terraza, la escena entre So-Mang y Si-Woo fluía con la misma intensidad magnética.
Si-Woo, ajustándose las gafas con una lentitud deliberada, miraba fijamente a So-Mang, quien lo retaba con una mirada llena de complicidad y paz.
-Intenté mantener la cabeza fría, analizar todas las variables y calcular cada escenario posible para no caer en esto, So-Mang -confesó Si-Woo con la voz temblorosa de pura sinceridad, rindiéndose por completo ante lo inevitable-. Pero ninguna ecuación de este mundo puede explicar lo que siento por ti. Te amo. Y quiero que cada paso de mi vida, de mi fe y de mi futuro camine junto al tuyo.