Siria Legrand, 27 años, pelinegra, hermosa, con orgullo más grande que su deuda. Debe $50,000 dólares al banco porque su mamá hipotecó la casa para operarse. Si no paga en 7 días, se quedan en la calle.
Trabaja de mesera en una subasta benéfica de millonarios. No está en venta. Solo fue a robarse los canapés.
Hasta que el presentador la ve con la bandeja, se confunde y grita: "¡Una cita con la señorita Legrand! ¿Quién da $1,000?"
Silencio. Risas.
Y una voz grave, aburrida y peligrosamente sexy al fondo:
"Yo compro a esa mujer. $50,000."
Pietro Lebrón. 35 años. Apellido que pesa en todo el país. Dueño de hoteles, millonario, italiano-dominicano, guapísimo y acostumbrado a comprar todo lo que quiere. Está ahí obligado por su abuela, que lo amenaza con desheredarlo si no lleva novia.
No quería comprar a nadie. Hasta que vio a Siria subir al escenario furiosa, tirarle la bandeja casi en la cara y decirle: "Yo no estoy en venta, idiota."
Pietro sonrió. Por primera vez en un año.
Le hace una propuesta indecente, ahí mismo:
"Te doy los $50,000 ahora. 30 días como mi novia falsa en mi penthouse. Mi abuela se muere y quiere verme casado. Contrato. Sin besos. Sin amor. Al día 31 te vas con tu dinero."
Siria lo piensa 3 segundos. Lo que tarda en acordarse de la hipoteca.
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Editado: 01.11.2026