Young Hearts: Sangre de Medianoche

Capítulo 19

El aire de la cocina se había quedado completamente inmóvil; el silencio que reinaba en la casa era tan absoluto que resultaba asfixiante. Hacía apenas unos segundos aquel lugar había sido escenario de una conversación que parecía imposible de creer, y ahora no quedaba ningún rastro de ella, ni una sombra, ni un sonido, ni siquiera la presencia de aquel extraño muchacho de piel gris y ojos rojos que había irrumpido en su hogar como una pesadilla. Arthur había desaparecido; era como si nunca hubiera estado allí.

Sin embargo, para Elías, aquella presencia seguía sintiéndose tan real como el dolor que le oprimía el pecho. Permanecía de rodillas sobre el suelo de la cocina, con una mano apoyada contra el pecho mientras intentaba recuperar el aire; su respiración era corta, irregular, entrecortada, y cada intento por llenar sus pulmones parecía más difícil que el anterior, y no era el golpe lo que le impedía respirar, era todo lo que acababa de escuchar.

Sus ojos permanecían completamente abiertos, fijos en el lugar exacto donde Arthur había estado hacía apenas unos instantes; su mente, dulce y usualmente tan curiosa, ahora era incapaz de aceptar que todo hubiera ocurrido de verdad. Una parte de su lado más reservado e introvertido deseaba convencerse de que había sido una pesadilla, una alucinación provocada por el miedo, pero no podía hacerlo, porque todavía sentía el frío.

Con manos temblorosas llevó lentamente una de ellas hasta su cuello; sus dedos rozaron la piel con extrema delicadeza, casi con vergüenza, como siempre hacía. Todavía podía sentir la presión de aquella mano que lo había sujetado con una fuerza inhumana, todavía recordaba la mirada llena de odio de Arthur y, sobre todo, todavía escuchaba aquellas palabras.

"Voy a empezar a cobrarme la vida de cada uno de tus familiares"

Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, sus hombros, pequeños y tensos, comenzaron a temblar de forma involuntaria y un nudo doloroso se formó en su garganta; jamás había sentido un miedo semejante, no por él, sino por las personas que amaba.

Con enorme dificultad logró incorporarse; sus piernas parecían incapaces de sostener su propio peso y tuvo que apoyarse con ambas manos sobre el refrigerador para no volver a caer. Respiraba con dificultad mientras intentaba recuperar algo de calma, pero entonces su mente, esa mente introvertida que siempre analizaba todo en silencio, comenzó a unir todas las piezas, como si una venda hubiera caído de sus ojos. Los recuerdos empezaron a desfilar uno tras otro con una claridad insoportable.

La fiesta de Halloween, aquella noche en que Alexander había aparecido de la nada para ayudarlo, su velocidad imposible, la facilidad con la que parecía moverse sin hacer el menor ruido, el bosque, la forma en que conocía cada rincón de Valduerne mejor que nadie, su piel, siempre fría, demasiado fría para ser normal, la fuerza con la que había derribado al bravucón del instituto, aquella desaparición repentina entre los árboles, como si el bosque mismo se lo hubiera tragado, y aquella noche cuando despertó sobresaltado con la extraña sensación de que alguien había entrado en su habitación mientras dormía. En aquel momento había pensado que solo había sido un sueño, pero ahora comprendía que probablemente no lo había sido.

Uno tras otro, todos aquellos pequeños detalles que antes parecían simples rarezas comenzaron a encajar con una precisión aterradora; todo, absolutamente todo, tenía sentido. Las fuerzas abandonaron por completo sus piernas; su espalda resbaló lentamente contra el refrigerador hasta volver a quedar sentado en el suelo. Ya no intentó levantarse; no podía. Las lágrimas comenzaron a deslizarse silenciosamente por sus mejillas y su voz salió convertida apenas en un susurro roto, en ese tono bajito que usaba cuando no quería que nadie lo escuchara.

Elías: —¿Entonces... era verdad? —Las imágenes de Alexander siguieron apareciendo en su memoria sin darle un solo instante de descanso.

Su sonrisa cálida, aquella sonrisa que siempre conseguía hacerlo sentir tranquilo, la forma en que lo miraba, como si realmente lo escuchara, como si cada palabra que salía de sus labios tuviera importancia, las tardes estudiando francés juntos, las bromas que hacían entre ejercicio y ejercicio, el paseo por el bosque, la tranquilidad del campo, el baile, las risas, las conversaciones interminables y, finalmente, aquella noche, la distancia que poco a poco había desaparecido entre ambos, la manera en que Alexander había acercado lentamente su rostro, la intensidad de aquella mirada, sus labios tan cerca, tan cerca que bastaba un pequeño movimiento para que finalmente se encontraran.

El corazón de Elías dio un vuelco; una nueva oleada de lágrimas brotó de sus ojos.

¿Todo aquello había sido una mentira?

Las palabras de Arthur regresaron una vez más como si alguien las estuviera pronunciando junto a su oído; se rio de ti desde el primer día.

"Es un vampiro". "Es mi novio."

Cada frase era como una cuchilla atravesándole el pecho. Elías llevó las rodillas contra su cuerpo y las abrazó con fuerza, escondiendo parcialmente el rostro entre ellas mientras lloraba sin poder contenerse. En ese gesto tan suyo, tan introvertido y vulnerable, sentía un dolor tan profundo que apenas podía soportarlo; era un vacío que le desgarraba el pecho desde dentro. Nunca, jamás en toda su vida, alguien lo había hecho sentir de aquella manera y ahora entendía por qué, porque sin darse cuenta, poco a poco, había comenzado a enamorarse de Alexander.

No había sido de golpe, había ocurrido casi sin que lo notara, con cada conversación, con cada sonrisa, con cada gesto amable, con cada vez que Alexander aparecía para hacerlo sentir seguro, con cada instante que compartían y precisamente por eso dolía tanto, porque creyó que todos aquellos momentos habían significado lo mismo para ambos, pero ahora pensaba que únicamente había sido un juego, que mientras él se enamoraba en silencio, Alexander solo se había estado riendo de él. La idea le rompía el alma; las lágrimas continuaron cayendo sin descanso hasta que el cansancio terminó por dejarlo completamente inmóvil sobre el frío suelo de la cocina.



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En el texto hay: alexander, elías, younghearts

Editado: 06.10.2026

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