
El silencio que se había apoderado del baño del refugio del colegio resultaba casi insoportable, un silencio denso que parecía pesar sobre las baldosas frías; el eco de lo ocurrido unos segundos atrás todavía flotaba entre las paredes, como si el lugar mismo intentara retener lo imposible. El lavamanos roto goteaba con un ritmo lento e irregular; las gotas resbalaban por el suelo formando un pequeño charco y la respiración agitada de los cuatro jóvenes era la única prueba de que aquello no había sido una ilusión.
Lukas y Valerie permanecían inmóviles frente a Alexander y Elías, sin poder apartar de su mente la imagen que acababan de presenciar. Alexander había aparecido delante de Elías en un instante; no había corrido, no había dado tiempo siquiera a parpadear, simplemente estaba allí, protegiéndolo, interponiendo su cuerpo con una velocidad antinatural. Era algo imposible, algo que ningún ser humano podía hacer.
Elías, dulce y reservado como siempre, permanecía junto a Alexander con el corazón latiéndole con fuerza, tan fuerte que sentía que se le iba a escapar del pecho; aún le temblaban ligeramente las manos por el susto y, aunque intentaba disimularlo apretando los labios, seguía aferrándose con suavidad a la manga de la ropa de su novio, como si aquel pequeño contacto fuera suficiente para recordarle que todo había terminado, como hace siempre que se siente inseguro y no quiere molestar con palabras.
Alexander lo notó de inmediato, porque a él no se le escapa nada cuando se trata de Elías; sin dejar de mirar a Lukas y Valerie, buscó discretamente la mano de su novio y entrelazó sus dedos con los suyos, solo un instante, lo suficiente para transmitirle calma.
Elías levantó apenas la vista, con esa curiosidad introvertida que lo hace observar todo en silencio; aquella sencilla caricia consiguió tranquilizarlo un poco. Alexander siempre encontraba la forma de decirle que estaba a salvo, incluso sin pronunciar una sola palabra.
Frente a ellos, Lukas seguía intentando encontrar una explicación lógica; su mirada iba una y otra vez desde Alexander hasta el lugar donde este había estado apenas un segundo antes. No tenía sentido, simplemente no lo tenía. Valerie tampoco hablaba; normalmente era capaz de analizar cualquier situación con calma, pero esta vez todas las respuestas parecían haberse esfumado.
El silencio se prolongó durante varios segundos más. Alexander respiró profundamente; sabía perfectamente lo que significaba aquel silencio. Ya no bastaban las excusas improvisadas; no existía ninguna explicación creíble para lo que acababan de ver. Podía inventar otra mentira, podía intentar desviar la conversación con ese sarcasmo elegante que tanto lo caracteriza, pero solo conseguiría que Lukas y Valerie comenzaran a desconfiar todavía más y eso sería mucho más peligroso.
Con calma, giró ligeramente el rostro hacia Elías; sus ojos buscaron los de él. No hizo falta decir nada; en aquella mirada había una pregunta silenciosa, una petición de permiso.
Elías la entendió al instante; conocía demasiado bien a Alexander para no comprender lo que estaba pasando por su cabeza. Su corazón dio un pequeño vuelco.
Elías: —No... ¿No puedes estar pensando en hacer eso? —Los ojos de Elías se abrieron con sorpresa, con esa inocencia dulce que siempre lo delata.
Negó muy levemente con la cabeza, casi por instinto.
Elías: —Alexander... eso es muy peligroso, tú mismo me dijiste que nadie podía saber quién eres... que, si alguien lo descubría... —No fue capaz de terminar la frase; no quería ni imaginar las consecuencias. Bajó un poco la mirada, jugueteando nervioso con el borde de su playera.
Alexander lo observó con una ternura infinita; una pequeña sonrisa apareció en sus labios, esa sonrisa cálida y protectora que siempre conseguía aliviar los miedos de Elías.
Alexander: —Lo sé, mi pequeño. Créeme... no he dejado de pensar en eso desde que todo ocurrió. —Con la mano que tenía libre, acarició suavemente su mejilla y sus dedos descendieron lentamente hasta apartar un pequeño mechón de cabello del rostro de Elías. —Pero míralos. —Elías obedeció.
Lukas y Valerie seguían observándolos completamente desconcertados.
Alexander: —Ellos lo vieron, vieron algo que ningún ser humano debería haber visto. Si sigo mintiendo... solo conseguiré que empiecen a desconfiar de nosotros y cuando las personas intentan encontrar respuestas por su cuenta... es cuando realmente corren peligro, mi vida. —Elías comprendió inmediatamente a qué se refería.
Si Lukas y Valerie comenzaban a investigar el bosque por su cuenta, si descubrían algo por accidente, podrían encontrarse con vampiros mucho menos pacíficos que Alexander y esa idea le heló la sangre.
Lukas finalmente dio un paso hacia adelante. Su expresión reflejaba una mezcla de miedo, confusión y desesperación.
Lukas: —¿Puede alguien explicarnos qué está pasando? Porque... de verdad siento que estoy perdiendo la cabeza. —Valerie asintió enseguida; todavía mantenía los brazos cruzados contra su pecho, como si intentara convencerse de que todo aquello era real.
Valerie: —No entendemos nada... pero... de verdad pueden confiar en nosotros. Sea lo que sea que quieran contarnos... no se lo diremos a nadie. —Miró directamente a Alexander, esta vez sin desafiarlo, sin sospechas, solo con absoluta sinceridad.