Young Hearts: Sangre de Medianoche

Capítulo 27

El mundo de Elías comenzaba a apagarse lentamente; los sonidos del bosque, que apenas unos segundos atrás lo habían envuelto por completo desde todas direcciones, empezaron a desvanecerse uno por uno, como si una espesa niebla invisible los estuviera tragando. Primero se fue el murmullo de las hojas agitadas por el viento, luego el canto lejano y constante de los insectos nocturnos, hasta que incluso los latidos de su propio corazón comenzaron a sentirse distantes, amortiguados, irreales. Lo único que permanecía nítido, dolorosamente real, era aquella mano helada, de una fuerza inhumana, cerrándose alrededor de su cuello.

Cada intento por respirar era más difícil que el anterior; su pecho ardía desesperadamente en busca de aire, pero este simplemente no llegaba. Con la poca fuerza que le quedaba, Elías intentó una vez más mover las manos para apartar al desconocido que lo sujetaba. Fue inútil; sus brazos apenas respondían, sus dedos temblaban débilmente antes de caer otra vez sin fuerza a los costados de su cuerpo. La presión sobre su garganta aumentó todavía más, y su visión empezó a llenarse de pequeñas manchas oscuras que bailaban frente a él. Todo giraba, todo se volvía borroso y, en medio de esa agonía silenciosa, una pregunta apareció en su mente sin que pudiera evitarlo:

«¿Así... termina todo...?»

No sentía miedo por sí mismo; lo que verdaderamente le dolía, lo que le partía el alma de una forma que el dolor físico no podía, era otra cosa, era irse sin volver a ver a Alexander. Su mente, dulce y reservada como siempre, incluso al borde de la inconsciencia, no pensaba en escapar, sino en él; no quería desaparecer sin escuchar una vez más aquella voz que siempre lograba tranquilizarlo, sin sentir el calor de sus abrazos o la seguridad absoluta que encontraba cada vez que el vampiro tomaba su mano con esa naturalidad protectora.

Pensó en él por última vez, con esa curiosidad introvertida que lo hacía aferrarse a los pequeños detalles, al recuerdo de su sonrisa.

Elías: —...Alexander. —Sus párpados comenzaron a cerrarse lentamente.

Cada segundo era más pesado que el anterior; la oscuridad empezaba a envolverlo por completo. Entonces, un estruendo ensordecedor rompió el silencio del bosque.

¡BOOM!

El impacto resonó entre los árboles con una violencia inesperada, haciendo que varias aves levantaran vuelo de inmediato, alarmadas. La figura que mantenía inmovilizado a Elías giró la cabeza bruscamente; fue la primera reacción distinta que mostraba desde que había aparecido. Por primera vez parecía alterado, tenso, como si aquella presencia inesperada hubiera cambiado completamente la situación y sus planes perfectos se hubieran quebrado.

Y entonces ocurrió: una sombra atravesó el bosque a una velocidad imposible, antinatural; las ramas se apartaban violentamente a su paso, las hojas saltaban por el aire mientras una ráfaga de viento helado recorría el sendero. Una voz, cargada de una desesperación pura que jamás se le había escuchado antes, atravesó la oscuridad.

Alexander: —¡¡ELÍAS!! —Aun con la vista nublada y la conciencia desvaneciéndose, Elías reconoció aquella voz al instante.

Jamás habría podido confundirla; era él, había llegado. En cuanto el misterioso vampiro comprendió quién se acercaba, soltó inmediatamente el cuello de Elías.

El joven cayó de rodillas al suelo mientras tosía con desesperación, incapaz todavía de recuperar el aire, con sus pequeñas manos llevadas instintivamente a su garganta, pero entonces no pude más y terminó por desmayarse debido al dolor y la falta de aire.

Sin perder un segundo, la figura dio un salto hacia atrás. Alexander ya estaba a pocos metros; sus ojos escarlata brillaban con una intensidad aterradora, desbordados de furia, mientras avanzaba dispuesto a alcanzarlo, pero el desconocido fue más rápido. Su cuerpo desapareció entre los árboles como si la propia oscuridad se lo hubiera tragado; solo quedó una fuerte corriente de viento balanceando las ramas.

Alexander dio un paso impulsivamente para perseguirlo; toda su naturaleza de cazador, toda su ira, le gritaba que no dejara escapar al responsable; sin embargo, se detuvo en seco. Giró la cabeza y entonces vio a Elías desplomado sobre el suelo; no había decisión que tomar, el culpable podía escapar, podría encontrarlo otro día y hacerlo pagar, pero... Elías era lo primero, siempre sería lo primero.

Sin pensarlo dos veces, corrió hasta él y cayó de rodillas a su lado, toda su fachada de fortaleza rompiéndose.

Alexander: —¡Elías! —Con un cuidado infinito, como si temiera romperlo, sostuvo su rostro entre ambas manos.

Su piel estaba fría, demasiado fría; no obtuvo respuesta; el muchacho permanecía completamente inmóvil, con los labios entreabiertos y los ojos cerrados.

Alexander: —No... no. —Su voz, esa voz que siempre sabía qué decir, que siempre tenía una broma sarcástica o una palabra romántica perfecta, comenzó a quebrarse.

Con manos temblorosas buscó desesperadamente el pulso en su cuello; lo encontró, pero era apenas perceptible, tan débil... Tan lento... Que por un instante creyó haber llegado demasiado tarde.



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En el texto hay: alexander, elías, younghearts

Editado: 06.10.2026

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