Young Hearts: Sangre de Medianoche

Capítulo 29

Alexander estaba decidido a contarle toda la verdad a Elías; ya no quería ocultarle nada, y ahora pensaba contarles los primeros cambios que le provocó el Despertar Carmesí.

Elías permaneció completamente inmóvil, pero su respiración se hizo más corta; Alexander respiró con dificultad, luchando contra sí mismo.

Alexander: —Hubo una noche en la que fui hasta tu habitación. —Las imágenes regresaron inmediatamente a la memoria de Elías.

La ventana abierta, el extraño escalofrío que había sentido en la piel, la sensación de que alguien lo observaba con una intensidad dolorosa desde la oscuridad.

Alexander: —No fui para hacerte daño... —Negó lentamente con la cabeza, con una desesperación dulce—. Solo quería verte; te había echado tanto de menos que no pude evitar acercarme. —Su expresión volvió a ensombrecerse, llena de vergüenza. —Pero cuando estuve frente a ti... El aroma de tu sangre... tu respiración... el calor de estar tan cerca de ti... —Apretó lentamente los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos—. Todo comenzó a nublar mi mente. —Elías escuchaba sin interrumpirlo, con esa paciencia dulce y silenciosa que solo él tenía.

Cada palabra hacía que las piezas de aquel recuerdo confuso encajaran poco a poco en su mente.

Alexander: —Estuve... a punto de morderte. —Aquella confesión cayó sobre el grupo como una pesada losa.

Alexander bajó completamente la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada a Elías.

Alexander: —Si no hubiera recuperado el control en el último instante... no sé qué habría ocurrido. —El silencio volvió a instalarse, pero era un silencio lleno de dolor y de un amor que dolía. —Por eso terminé mordiéndome mi propio brazo; prefería destrozarme a mí mismo antes que hacerte el más mínimo daño, mi petit copain. —Elías sintió un fuerte nudo en la garganta.

Alexander levantó lentamente la mirada y en sus ojos solo había culpa y un miedo profundo a ser rechazado.

Alexander: —Perdóname por habértelo ocultado... No quería que me vieras como un monstruo. —Durante unos segundos nadie habló.

Entonces Elías dio un pequeño paso hacia él, muy despacio, con la misma delicadeza con la que siempre hacía las cosas, como si temiera romper algo frágil. Negó suavemente con la cabeza, con los ojos brillosos.

Elías: —No. —Alexander levantó la vista sorprendido. Elías le dedicó una sonrisa pequeña, cálida y profundamente sincera, de esas que le salían sin darse cuenta—. Ahora entiendo por qué sufrías tanto. —Aquellas pocas palabras, dichas con esa dulzura reservada y honesta, parecieron aliviar un peso que Alexander llevaba demasiado tiempo cargando sobre los hombros.

Una sonrisa triste apareció en su rostro, pero enseguida volvió a ponerse serio, porque aún había algo que lo inquietaba.

Alexander: —Sin embargo... hay algo que no encaja.

Valerie: —¿Qué quieres decir?

Alexander: —Al principio todo ocurrió exactamente como describen los antiguos registros del Consejo. —Miró de reojo a Elías con una ternura infinita—. Cada vez que estaba cerca de él... mi corazón se aceleraba... la sed era insoportable... apenas podía pensar con claridad. —Su voz tembló apenas al recordarlo—. Pero con el paso de los días... todo comenzó a desaparecer.

Lukas: —¿Desapareció? —Alexander asintió lentamente.

Después volvió a mirar directamente a Elías y esta vez había una luz completamente distinta en sus ojos, una luz que solo existía para él.

Alexander: —Ahora, cuando estoy contigo... —Sonrió con una dulzura imposible de ocultar, con ese romanticismo protector que lo caracterizaba—. Lo único que siento... es felicidad. —Elías sintió cómo sus mejillas volvían a encenderse, bajando la mirada avergonzado.

Alexander soltó una pequeña risa baja y enamorada.

Alexander: —Cuando te miro ya no quiero atacarte... —Se acercó apenas un paso, sin invadir su espacio, solo lo suficiente para que Elías pudiera escuchar la sinceridad absoluta de su voz, con ese tono extrovertido y seguro que siempre lo hacía sentir a salvo—. Solo quiero seguir a tu lado. —El corazón de Elías latía con tanta fuerza que estaba convencido de que todos podían escucharlo retumbar contra su pecho.

El silencio volvió a envolverlos, pero era un silencio dulce.

Valerie: —Entonces... ¿Las historias del Consejo podrían estar equivocadas? —preguntó finalmente.

Alexander: —No lo sé. —Su expresión volvió a tornarse pensativa, y su lado más protector y calculador salió a la luz—. Y justamente ese es el problema, no entiendo por qué conmigo está ocurriendo algo completamente distinto. —Elías permaneció unos segundos reflexionando, con esa chispa curiosa e introvertida brillando en sus ojos miel. Entonces recordó algo, conectando los puntos con timidez.

Elías: —Entonces... ¿Eso era lo que buscabas en la sala de archivos?

Alexander: —Sí. —Su expresión recuperó parte de aquella determinación que siempre aparecía cuando intentaba proteger a quienes quería—. Estoy convencido de que allí existe información que el Consejo ha ocultado durante siglos, algo relacionado con el Despertar Carmesí, porque si realmente estoy rompiendo esa supuesta maldición... tiene que existir una explicación. —Su rostro volvió a ensombrecerse—. Pero la sala permanece cerrada; solo los miembros más importantes del Consejo tienen permiso para entrar. —Elías permaneció completamente callado, mordiéndose el labio con nerviosismo.



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En el texto hay: alexander, elías, younghearts

Editado: 27.10.2026

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