Young Hearts: Sangre de Medianoche

Capítulo 32

Un silencio sepulcral se apoderó de la habitación; el aire mismo parecía haberse detenido, denso y frío, como si la casa contuviera la respiración. Viktor permanecía completamente inmóvil; sus ojos, acostumbrados a siglos de control absoluto, ahora no podían apartarse del hombre que tenía frente a él. Su mente racional, la que había sobrevivido guerras, traiciones y purgas del Consejo, se negaba a procesar lo que veía; no, aquello era imposible, simplemente imposible.

Había visto aquel rostro por última vez hacía siglos, bajo un cielo que sangraba en tonos rojizos; había visto cómo la vida abandonaba esos ojos azules, cómo la luz se apagaba lentamente mientras una mano temblorosa se aferraba a la suya, confiada hasta el último segundo; había sentido cómo el mundo entero se derrumbaba delante de él, piedra por piedra, hasta dejarlo enterrado en culpa.

Y, aun así, ahí estaba como si el tiempo jamás hubiera pasado, como si la muerte nunca lo hubiese reclamado. Cada mechón de cabello castaño cayendo sobre sus hombros, cada línea de su expresión serena, era exactamente igual al recuerdo que Viktor llevaba siglos intentando ahogar en alcohol y sangre.

Viktor: —No... —Murmuró con la respiración agitada, el pecho subiendo y bajando como si acabara de correr siglos enteros—. No puedes ser tú... —El joven permanecía inmóvil junto a la puerta.

No había agresividad en su postura, ni desafío, solo esa calma infinita que desarmaba; su expresión seguía siendo tranquila, y era precisamente aquella serenidad lo que más perturbaba a Viktor.

Una pequeña sonrisa melancólica apareció en el rostro de Atreus; era el mismo gesto que hacía cuando sabía que Viktor iba a explotar, cuando anticipaba la tormenta antes de que llegara.

Atreus: —Ha pasado mucho tiempo... ¿No te parece, Viktor? —Aquellas palabras fueron suficientes para quebrar el último rastro de compostura que le quedaba al antiguo vampiro.

Fue como si le arrancaran la máscara de siglos de un solo tirón.

Viktor: —¡CÁLLATE! —su grito resonó por toda la habitación, haciendo vibrar los retratos de las paredes.

Dio varios pasos hacia él, y sus ojos reflejaban una mezcla de furia y desesperación que hacía años no sentía.

Viktor: —¡TÚ ESTÁS MUERTO! ¡NO TIENES NADA QUE HACER AQUÍ! ¡HAN PASADO SIGLOS! —Su pecho subía y bajaba con violencia; el control que había perfeccionado durante trescientos años se deshacía como ceniza entre sus dedos. —¿¡POR QUÉ?! ¿Por qué demonios tienes que regresar ahora? —¿Por qué carajo tienes que volver para atormentarme? —Atreus no retrocedió.

No mostró miedo, no había ni un atisbo de triunfo en su mirada, solo esa tristeza imposible de describir, una tristeza antigua, que no le pertenecía solo a él, sino a ambos; solo sostuvo la mirada de Viktor como solía hacer cuando intentaba hacerlo entrar en razón después de sus peores arranques.

Atreus: —Porque el tiempo... no puede borrar aquello que hiciste. —La habitación volvió a quedar en silencio.

Un silencio que pesaba más que cualquier grito. Atreus dio un paso al frente, no amenazante, casi compasivo; su voz seguía siendo calmada, y eso la hacía más cruel que cualquier acusación.

Atreus: —Puedes convencer al Consejo, puedes engañar a los demás, incluso puedes intentar engañarte a ti mismo, como llevas siglos haciendo, pero hay una cosa de la que jamás podrás escapar... Y es de tu propia conciencia. —Viktor sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.

No quería escuchar aquello; había pasado siglos construyendo muros, castigando a otros, imponiendo reglas para silenciar esa voz y ahora estaba aquí, con su rostro y su calma insoportable. Atreus continuó, sin subir la voz; no lo necesitaba, cada palabra caía como plomo.

Atreus: —No importa cuántos siglos pasen... Siempre recordarás aquel día, porque esa herida... jamás dejó de existir; la alimentaste con cada decisión, con cada vez que elegiste el poder sobre la compasión. —Viktor apretó con fuerza los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos.

Las uñas se clavaron en sus palmas, pero el dolor físico no era nada comparado con el que sentía dentro.

Viktor: —Basta.

Atreus: —Y vaya ironía... —Prosiguió; una leve sonrisa triste apareció en sus labios, la misma que usaba cuando Viktor hacía algo particularmente estúpido y autodestructivo—. ¿No lo crees? —Viktor levantó lentamente la vista, temiendo lo que vendría.

Atreus continuó observándolo, y por primera vez en siglos, Viktor se sintió expuesto, desnudo, sin sus títulos.

Atreus: —Ahora... Alexander y Elías... —Hizo una pausa, como si pronunciar sus nombres le doliera físicamente—. Están viviendo exactamente la misma historia... Que nosotros vivimos hace siglos. —Las pupilas de Viktor se contrajeron.

Lo sabía, lo había sabido desde que vio a Alexander mirar a Elías por primera vez, esa forma de mirar que él mismo había tenido con Atreus.

Viktor: —¡NO! —su voz retumbó por toda la habitación, y los cristales de la vitrina vibraron en respuesta—. ¡NO PIENSO PERMITIRLO! —El aura vampírica que lo rodeaba comenzó a expandirse violentamente.



#452 en Fanfic
#251 en Paranormal

En el texto hay: alexander, elías, younghearts

Editado: 27.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.