Para ser honesta, lo máximo que esperaba de mi compañero de coordinación era que no fuera completamente inútil.
Resultó que era eficiente.
Muy eficiente.
Tanto como para llegar más temprano que todos los demás y verificar el 90% de las tareas que correspondían a ambos él solo.
Recorrí a mis compañeros con la mirada.
La exrepresentante gritaba a unos chicos por tropezar el equipo de sonido.
Jefferson y otros más terminaban de acomodar la cabina de fotos.
Pero no vi a ninguno con comida en las manos. Tampoco parecía preocuparles mucho el hecho de que “la mesa de dulces" solo estorbaba si no tenía dulces encima.
Fruncí el ceño.
Después de aceptar que la decoración no quedaría como la había imaginado, decidí no estresarme más de lo necesario. Sí, sería la coordinadora si no tenía otra opción, pero me negaba a seguir amargándome por cosas que no estaban en mis manos.
Ya que la mayoría de mis compañeros prefería salir del paso con el menor esfuerzo posible, lo único que podía hacer era control de daños.
«Como por ejemplo, averiguar dónde demonios están los aperitivos que deberían haber traído hace rato.»
No teníamos presupuesto para contratar un servicio o directamente pagar a alguien para que los hiciera. Así que Luca optó por ofrecer puntos extra en ciertas materias a quienes se animaran a hacerlos.
No estaba muy segura de confiar en ese método.
Sabía por experiencia propia que un estudiante desesperado por salvar una asignatura era capaz de comprometerse a mucho más de lo que realmente podía manejar.
«¿Qué vamos a hacer si hay un problema con la—?»
—¡Llegó la comida!
Una chica se acercó a las mesas con una sonrisa enorme, cargando dos bandejas metálicas cubiertas con tela.
Troté hacia ella, sorprendida.
—¡MJ!
—Faltan varias más, tranquila —se adelantó, señalandolas — Mi mamá y yo nos emocionamos de más e hicimos demasiado. Aunque eso es bueno; estos tragones van a acabar con todo antes de la...
La abracé antes de que terminara la frase.
—¿Qué haces aquí tan temprano? ¡Y trajiste comida! No sabía que tú eras una de las personas encargadas...
—¡Yo soy la persona encargada, baby! —declaró con orgullo— Si te lo hubiera dicho, habrías querido ayudar. Además, no habría podido sorprenderte con esto.
Levantó una esquina de la tela.
Debajo apareció parte de un rostro cercenado.
Me tapé la boca con ambas manos.
—...¡Se ve asqueroso!
—¡Sí! —chilló ella— ¡Y está delicioso! Pizza con forma de cara sangrienta. La mejor idea que he tenido en mucho tiempo.
—¡M! —le di varias palmadas en el brazo— ¡Te quedó increíble!
—Y aún no has visto el cerebro de cheesecake.
Salté en mi lugar.
—¿Dónde ponemos las bolsas de sangre?
Abrí la boca.
MJ sonreía con evidente satisfacción.
—No —alcancé a decir.
—Sí.
—No.
—¡Sí!
—¡No puede ser!
Corrí hacia una chica que sostenía una nevera portátil.
La abrí sin ninguna delicadeza.
Dentro había varias bolsas quirúrgicas llenas de un líquido rojo intenso.
—¿Compraste sangre falsa?
Tomé una entre las manos, observándola de cerca.
MJ apareció a mi lado y metió una mano en la nevera antes de cerrarla.
—¿"Sangre falsa"? —bufó.
Mi sonrisa se ensanchó.
—No me digas que esto es...
Me arrebató la bolsa, la abrió y tomó un pequeño sorbo.
Luego asintió con expresión satisfecha.
—Jugo de mango y naranja con colorante comestible.
Me acercó la bolsa a los labios y la apretó suavemente.
—¡Qué rico!—exclamé— ¿Todas son comestibles?
MJ soltó un resoplido.
—Baby, ¿por quién me tomas? Hice como diez sabores diferentes.
Volví a abrazarla con fuerza.
—Eres increíble. ¡Se ve tan real!
—La de tamarindo es especialmente para ti —informó, dándome palmaditas en la espalda.
Le di un apretón de oso antes de soltarla.
Me sentí un poco culpable al ver que MJ se había esforzado tanto con la comida mientras yo cada vez me desanimaba más.
Sin embargo, por otro lado, era todo lo que necesitaba.
«Tenemos disfraz y comida deliciosa.»
¿Qué importaba si la decoración era un asco? Igual podíamos divertirnos.
Sonreí a la chica frente a mí, que parecía mucho más emocionada que cualquiera allí.
Horas después, cuando el subdirector al fin decidió que mi presencia ya había cumplido con sus funciones —al menos, las del día— MJ y yo fuimos a mi casa para arreglarnos. La suya, pese a estar mucho más cerca, era muy pequeña y estarían su madre y hermanas. Así que sería algo incómodo.
“Arreglarnos."
Bueno, por mi parte, aplicar más rubor a mis mejillas y asegurarme de que mi cabello se viera decente.
El maquillaje no es mi fuerte.
Más bien, tenía que practicar bastante uno en específico para que me saliera... bonito. Solo conocía dos hasta el momento y ninguno era adecuado para la noche.
“Voy a aprender."
Esa era la determinación que me invadía cada vez que veía a la morena aplicarse sombras con la facilidad con la que usas el labial.
—¿Cuándo vas a empezar a arreglarte? —interrogó, percatándose de mi mirada.
Inhalé fuerte, soltando el aire despacio y ruidosamente como si me estuviera desinflando.
—En un rato.
—Son más de las seis. Tenemos que estar de vuelta en la escuela a las siete —me recordó.
Cierto.
Extrañaba esos días cuando no debíamos llegar antes que todos los demás a los eventos solamente porque éramos el segundo año más grande.
Lo único que me preocupaba en ese entonces era arrepentirme de asistir.
Ya ni siquiera el no ir era una opción.
Y cuánto la deseaba en ese instante...
Chasqueé la lengua, repitiendo mi dramático suspiro antes de tirarme boca abajo sobre el colchón.
—¿Qué pasa? Mueve el trasero o vamos a llegar tarde.