Your face

Capítulo 43 —Unveiling Parte 1

El maquillaje blanco le cubría gran parte del rostro, resaltando todavía más el negro de su cabello. Había manchas rojas alrededor de sus ojos, formas geométricas que recordaban lágrimas pintadas a mano.

El traje era una mezcla imposible de negro y rojo oscuro. Las capas de tela caían sobre sus hombros y brazos de manera irregular, como si alguien hubiera tomado la ropa de un bufón y la hubiera convertido en algo elegante.

Era ridículo.

Debería haber sido ridículo.

—Ah...

Un fuerte suspiro a mi costado me devolvió a la realidad.

Era MJ, que miraba a Kristopher con repentino desánimo.

—Lo que es tener presupuesto para tu disfraz.

Parpadeé, abriendo la boca para decir algo.

Mis ojos volvieron al pelinegro, pero este había desaparecido de su lugar como si jamás hubiese estado allí.

Lo busqué, con mirada insistente, a lo largo y ancho de las gradas.

Inclusive incliné la cabeza, con la idea fugaz de que tal vez se había caído por uno de sus orificios y estaba desmayado en el piso.

Pero, más allá de las sombras de las personas que caminaban por esa zona, proyectadas cada vez que la luz roja pasaba por allí, no había visto nada.

Arrugué la frente ligeramente, mirando ahora a mi alrededor.

Tampoco lo encontré.

Si MJ no lo hubiera visto también, me preocuparía seriamente si es que ya estaba teniendo alucinaciones.

—Sí...

—¿Adónde fue? —inquirió la chica, curiosa.

Me encogí de hombros, sintiendo una especie de decepción rara instalarse en mi pecho.

«Creo... que un disfraz así de elaborado siempre es entretenido de mirar.»

—Qué envidia. Yo también quiero dinero —lloriqueó la morena.

Carraspeé, dándome vuelta para caminar al “laboratorio de sangre”.

—No vives en la calle, ¿o sí?

Ella revoleó los ojos.

—Tú me entiendes. Ser millonaria... no. Billonaria. Es un adolescente y ya podría comprarse una nación si así lo desea.

—Él no es billonario. Sus padres lo son —acoté, llenando un vaso con el líquido del primer tubo que se me cruzó.

—¿Hay alguna diferencia? —la oí replicar.

La ignoré, sintiendo algo de desespero por tomar algo.

«Tengo la boca seca de repente.»

Me llevé el vaso a los labios.

“Podría comprarse una nación..."

De hecho, M no estaba muy alejada de la realidad. Aunque nadie conocía realmente el número exacto del poder adquisitivo de la familia de Kristopher, en los pocos meses que llevaba en Santa Helena, habían pasado cosas demasiado extrañas como para ignorarlas.

Como la construcción de un parque absurdamente grande solo para que el equipo de baloncesto entrenara. Equipo al que Kristopher fue admitido nada más llegar. Cabe señalar que no todo el que quiera puede entrar a los equipos deportivos de la escuela. Teníamos tres y todos participaban en competencias nacionales al menos una vez al año.

Al parecer, las instalaciones de dicho lugar eran tan ostentosas que no finalizarían la obra hasta dentro de un tiempo más.

Eso, entre otras cosas.

«¿Acaso no fue por él que la escuela decidió reabrir y remodelar las partes clausuradas?»

Todo había pasado convenientemente justo antes de su llegada.

Con eso en mente, pues, me resultaba algo chocante su elección de disfraz.

«Un emperador le habría quedado como guante.»

Los Jokers.

Los últimos en la jerarquía de la corte imperial.

Pero también de los pocos capaces de burlarse de reyes y nobles sin perder la cabeza.

«Claro.»

Kristopher no parecía el tipo de persona que deseara gobernar de forma directa.

Eso le resultaría demasiado aburrido.

—Supongo que encaja bien con él... —murmuré, observando el líquido rojo intenso en mi vaso.

MJ me miró, alzando las cejas y soltando un “¿Mm? ¿Dijiste algo?”

Negué con la mano, restándole importancia.

—De todas maneras, ¿no te parece raro?

Volví a mirar a mi acompañante.

—¿Qué cosa? —interrogué, sin especial curiosidad por la respuesta.

—Nadie ha visto a su familia aparte del director. ¿Recuerdas aquella vez cuando su madre vino y...?

Mi atención se desvió hacia la persona frente a nosotros. Más específicamente, hacia quien atendía a los que se acercaban por bebidas.

—Espera un momento, M —la interrumpí, dirigiéndome a la desconocida para preguntarle—: Disculpa, ¿estudias aquí?

Ella se encogió de hombros, haciéndome un gesto de negación con las manos.

—¿No? ¿Entonces qué haces en esta mesa? ¿Te invitó un estudiante?

Volvió a mover las manos frente a mí cara, como si estuviera segura de que yo entendería lo que carajos estuviera tratando de decir.

—¿Qué?

Arrugué la frente, pensando que tal vez era una persona muda. Pero esa teoría no duró más de diez segundos. Al prestar atención a sus manos, me di cuenta de que sus gestos no significaban absolutamente nada. Hacía tiempo nos habían enseñado lengua de señas; no recordaba todo con exactitud, pero sí lo suficiente para saber que la persona frente a mí, en definitiva, no estaba tratando de comunicarse.

Intenté detallar en sus facciones con la poca iluminación del lugar. Con suerte, podría adivinar su nombre, tal vez su curso.

Pero no la reconocí.

—¿Quién eres? —interrogué, en tono más firme.

Sabía que ninguno de mis compañeros se disfrazaría con ese nivel de dedicación.

«Bueno, excepto Kristopher.»

Y, aunque lo hicieran, ¿todos decidieron ser zombies?

Ojeé la estancia, buscando al pelinegro de nuevo con la mirada.

«¿Adónde se habrá ido?»

Más allá de sus esfumaciones fantasmagóricas, lo vi demasiado cómodo haciendo absolutamente nada, ¿no debería él estar en su zona?

«Ahora que lo pienso...»

—¿Por qué no está nadie en su zona?

Recalqué en voz alta al percatarme que él no era el único desaparecido del lugar.

Dejé el vaso a un lado, junto con el plato que había tomado de la mesa.



#12523 en Novela romántica
#6307 en Otros
#1173 en Humor

En el texto hay: romance drama, humor comedia

Editado: 28.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.