12 lobos

Capítulo 1

 

 

 

Una bella joven, que de seguro no superaba los 19 años, decidió, por fin a vivir sola, ser alguien independiente. Buscaba un lugar alejado de la ciudad, ya que necesitaba un lugar tranquilo, en donde estar a solas, para olvidar los malos momentos junto a su padre, un hombre adinerado, pero cruel con ella y los demás que le rodeaban. Al menos eso era lo que ella lograba percibir. Busco varios lugares por todo el país, pero de cierta forma, nada le convencía, todas las opciones que las páginas ofrecían no lograban ser de su agrado, hasta que se topó con aquella gran mansión, alejada de todo, tal como ella quería. Sus paredes estaban recubiertas de verde musgo, algo que se podía solucionar, además según los datos, aquella casa se había mantenido abandonada por bastantes años, grandes árboles que le cubrían de sombra, dando un ambiente del todo agradable a sus ojos. Un largo camino de flores de todos los colores imaginables y pastizales le llevaban hasta la gran entrada de madera de aquel lugar. Una gran mansión, de tres niveles, un color marfil gastado por el paso de los años, le daban una apariencia antigua a ese lugar, bueno, no era para menos, aquella casa tenía al menos unos seiscientos años desde su creación, era un lugar avaluado en una gran cantidad de dinero, pero, por algún motivo se le había vendido en un precio mas que conveniente, algo que agradecía. En su vieja camioneta traía todo lo necesario para poder hacer de su estadía en ese lugar mucho mas grata y cómoda. Se estaciono con cuidado en la entrada de esa enorme mansión, admirando por unos minutos el que esperaba fuera su hogar definitivo y luego se dispuso a bajar de su vehículo. “Lindo lugar” expreso para sí misma mientras caminaba hacia la puerta. Sus pasos eran lentos, no tenía prisa alguna por ingresar. Poso su mano sobre el pomo de la puerta, el frío metal contra su palma, provoco un leve escalofrío ¿Temor? Tal vez.

 

Un extraño viento movió sus cabellos despeinando a esta por completo y por poco la hizo caer al suelo. Se sostuvo con fuerza intentando no caer. Rápidamente entro a la mansión, el lugar tenía un olor a húmedo, era normal al estar por tanto tiempo sola, poco a poco comenzó a cargar todas sus pertenencias al interior de esta. Se notaba que nadie había estado ahí por años, había polvo por todos los rincones, telas de araña en las esquinas y los muebles recubiertos con viejas sabanas. Como pudo abrió las grandes cortinas que cubrían las ventanas de cristal, para así facilitar la entrada de luz de sol, para que le permitiera ver con mayor claridad su nuevo hogar. Al estar todo ya más claro camino por el lugar, recorriendo cada rincón de ese sitio. Al llegar a la sala vio 12 grandes cuadros colgados en la pared de la misma, en cada uno de ellos el retrato de un chico distinto, la chica se quedó encantada mirando la habitación, pero más aquellas fotografías, “quienes serán” exclamo sin quitar la vista de ahí. Posiblemente la familia que había vivido antes de su llegada, estaba encantada, pues aquellas personas, chicos para ser exactos, poseían una belleza sin igual, sus rasgos, ante los ojos de la chica, eran perfectos. Y sus ojos, causaban temor, y curiosidad a la vez. Algo extraño le recorrió el cuerpo, pero solo ignoro aquella sensación.

 

Justo en medio de la sala, sobre un pedestal dorado, había una gran vela roja con incrustaciones de oro y plata, y un escrito en una lengua, que desconocía. Al instante de verla, llamó su atención. La vela, le llamaba, escuchaba susurros en su mente. Con la yema de sus finos dedos recorrió el largo de esa vela, y una extraña sensación le recorrió la espalda. Una especie de corriente eléctrica le recorrió todo el cuerpo. Sintió deseos de saber más acerca de esos chicos, de por lo menos saber quiénes eran en realidad. Al menos sus nombres. Dejo aun lado la vela y siguió recorriendo el lugar, conociendo hasta el último rincón de su nuevo hogar. Subió hasta el segundo piso, por las largas escaleras de mármol, ya que deseaba encontrar una habitación en la cual poder descansar de tan largo y agotador viaje. Entro a la primera habitación a mano derecha, el pomo de la puerta, estaba desgastado, y algunas telas de araña colgaban por el marco de la misma y claro, sin olvidar la gran cantidad de polvo por todos lados, ingreso a la misma, era amplia, demasiado grande para ser un simple cuarto. Igual como había hecho con el resto de la casa, abrió las cortinas para dar paso a la luz del sol. Desde ahí una gran vista la dejo anonadada, las grandes montañas se veían a lo lejos, también el lago y el resto del bosque. Era una vista que encantaba.

 

Saco la vieja sabana de la cama, dejándola aun lado. Rápidamente se recostó en la misma, era cómoda, para ser tan vieja, sus almohadas, eran blandas y en ellas, permanecía un ligero aroma masculino mezclado con algo de humedad, en definitiva tendría que lavar todo eso. Sin darse cuenta sus ojos se cerraron, ella se quedo completamente dormida, hundiéndose en un profundo sueño. Ella se veía a sí misma caminando por un sendero del bosque, recogiendo algunas rosas. Sobre su cuerpo un lindo vestido blando y su largo y rubio pelo tomado con una coleta, y unas cuantas margaritas adornando el mismo. Mientras caminaba sentía una gran paz, una tranquilidad que no había sentido antes. Pero todo eso acabo cuando un chico alto se paro frente a ella, todo comenzó a volverse oscuro haciéndole imposible el ver el rostro del chico, lentamente este fue acercándose a ella, y sin previo aviso la tomo por el cuello, rompiéndolo con mucha facilidad. Ella despertó dando un gran grito, estaba sudando frió y su cuerpo temblaba por completo.

  • ¿Qué demonios ha sido eso –Toco su corazón, el que latía rápidamente…intento calmar su respiración, pero se le hacía difícil. Miro hacia fuera, todo estaba completamente a oscuras. La única luz que entraba por las ventanas, era la luz de la luna.-



Julce

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Editado: 10.07.2018

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