15 dias en Nueva York

Capítulo 6

El sonido de la alarma aparece en mis sueños repetitivamente hasta que consigo apagarla torpemente. Durante unos minutos me creo que realmente he vuelto a Madrid y estoy en aeropuerto con mi familia esperando a abrazarme por fin. Durante unos minutos mi mente viaja por las calles de mi ciudad hasta que mi nombre resuena por toda la habitación. Carla me lleva llamando desde el salón unos minutos. A regañadientes salgo de la cama y me dirijo hacia la ducha para estar más despierta durante el día.

- Sandra, recuerda que hay tenemos que ir a comprobar el banquete de Tyler y Kate.

- ¡Ahora bajo!

Cierto. Se me había olvidado por un segundo la boda de la pareja. Durante más de un año había estado hablando con Kate, la novia, y desde que empezaron a organizar la boda, me iba informando poco a poco de las decisiones, siempre y cuando Carla lo supiera.

Noto como las gotas de agua entran en contacto con mi piel a medida que caen de la ducha. Cierro los ojos manteniéndome durante un momento pensando en la realidad. En Nueva York, la revista, la entrevista, el contrato… Desde que llegue no he tenido tiempo de pensar en nada. Solo han pasado dos días, pero para el tiempo que llevo han pasado ya varias cosas, entre otras: Bruno y el accidente del café, su encuentro en la discoteca… Siento que está siguiendo a propósito, además, ¿cómo es que sabe español?, supongo que por algún abuelo o bisabuelo, o simplemente lo habrá aprendido en el instituto.

El sonido del móvil me despierta de mis pensamientos en los que estaba sometida. Pago la ducha, y con la toalla alrededor de mi cuerpo pulso el icono de WhatsApp para leer el mensaje:

        Carla L: “Estoy en el coche. ¡Sal ya, tengo prisa!”.

       Sandra M: “Estoy saliendo, me he entretenido”.

Llego rápidamente a la habitación para cambiarme y ponerme los pendientes y salgo disparada del cuarto. Salimos del garaje para dirigimos al lugar donde se celebrará la boda, a las afueras de Nueva York, a una hora del centro más o menos. Me sorprende la cantidad de vestuario y decoración que Carla lleva en el maletero y otros asientos. Algunos entiendo que sean importantes, pero hay otros que no son tan relevantes.

Llegamos por fin al lugar. Un descampado verde, con algunas flores que empiezan a florecer, y que adornan el terreno de la ceremonia. Se planea poner un altar improvisado en un lado del estampado, y con preciosos bancos blancos delante de éste. Luego, la gente seguirá un camino marcado por piedras donde les llevará hasta diferentes mesas redondas, cada una con un nombre diferente, todos ellos haciendo referencia a diferentes películas y series que a la pareja les agrada. Finalmente, a escasos metros de las mesas llegaran a una zana limitada por luces tanto en el suelo como colgadas, que es utilizara como salón de baile al aire libre, con un pequeño escenario donde estará el grupo que se encargará de dar música durante el baile. Muchos de estos aspectos aun no están confirmados, la música, las soluciones a los imprevistos, como ¿qué pasa si llueve?, todo el terreno es al aire libre, aunque para esté, creo que Carla ya tiene alguna solución. Al fondo de esta superficie, hay una preciosa arboleda de abedules blancos que dejan pasar perfectamente los rayos del sol. Allí se pretende que la pareja se haga las fotos para el álbum de boda, es un lugar precioso y sería un hermoso recuerdo del gran día.

De repente el sonido del móvil me pega un susto durante una pequeña reunión con la pareja y el sacerdote. Evidentemente todos los presentes giran la cabeza hacia mí, no puedo evitar sonrojarme de vergüenza. Alcanzo el móvil rebuscando el bolso. Nerviosa y con cierta incertidumbre miro la pantalla del dispositivo. Una mezcla entre preocupación y asombro recorren mi cuerpo al comprobar el nombre de “Nico Méndez” en la pantalla.

Me disculpo mientras camino hacia el pequeño bosque se que encuentra a escasos metros de las mesas de invitados. Las cortezas de los árboles transmiten la sensación de tranquilidad que necesito en estos instantes. Sin perder ni un segundo más, deslizo el botón verde aceptando la llamada del gerente de la revista española.

- Buenos días señorita Milan, ¿Cómo fue el vuelo?, siento no haberle llamado antes, pero el trabajo me mantenía demasiado ocupado…

- Muy bien señor, no se preocupe. Ayer por la mañana fui a la oficina y el lunes le presentaré al Sr. Collins el contrato para que lo firme.

“Mierda”, mi cabeza no para de dar vueltas al contrato, se me había olvidado la firma del documento. Ni siquiera sabía el día que lo tenía que enviar a Nico para que lo revisara. Necesito redactado en seguida, no puedo postergarlo más días.

- También le llamaba para recordarle que ya me han llegado las entradas para que pueda asistir al concierto de John Harrison, y vienen con entrada VIP, ¿Cuándo tiene pensado ir?

- En estos momentos estoy planificando mi estancia aquí y tenía planeado ir el martes – la voz entrecortada que sale de mi garganta me delata la mentira así que intento disimular mínimamente reafirmando lo dicho - Tocan en el Teatro Apolo ese día.

- Perfecto entonces ya le enviaré las entradas.

- Muchas gracias.

Cuelgo rápidamente. Necesito a alguien que me consiga entradas para ese lugar. No sé dónde está, y si no consigo hablar con ese hombre, seguramente en una semana estaré despedida. No puedo dejar que eso ocurra.



Emma Arias

Editado: 21.12.2020

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