A Love To Forget

PASO SIETE DE AMOR.

Sin prisa, ella caminaba por el colegio como si los pasillos le pertenecieran. Aún me sentía nervioso, pero por alguna razón que desconocía mis pensamientos habían desaparecido, y con ellos aquel temor que sentí al verla antes.

Quería tomar su mano nuevamente, caminar a su lado dejando de ser un seguidor. Pero, aunque mi cobardía había disminuido, aún no podía imaginarme tomar su mano sin sudar, lo cual me llevaba a pensar que le disgustaría.

—Sudar es normal —pensé, intentando darme motivos para tomar su mano. Pero era raro... imaginarme incluso tirarme una flatulencia a su lado— ¿Por qué quiero esconder cosas normales en el ser humano? Seguro ella también lo ha hecho, ella va al baño y le sudan las manos —me cuestioné sin encontrar una respuesta.

Hubo una época en mi vida en la que escapaba a mi imaginación, por alguna razón que ya no suena tan interesante ahora que lo pienso. Supongo que ese es el motivo por el cual no logro recordar muchas cosas: que aparecen como pequeños destellos en mi mente, provocándome una especie de nostalgia vacía.

Siendo sincero, no había pensado llegar tan lejos, ni tan rápido. Era como si perteneciera a una novela escrita por un mal autor... seguro nadie la leería. Qué pesar con la mujer u hombre que la escribiera: seguro me hacía pensar todo esto solo para no sentirse mal consigo mismo, por ser pobre y tener tan pocos lectores, seguro ni sus propios padres quisieran leerlo. Me da asco.

Pero eso no era lo importante, ni menos de qué trata la vida. Esta siempre había sido extraña: había meses o incluso años en los que no pasaba nada interesante, pero de repente había cinco declaraciones de guerra, veinte virus mortales, treinta y ocho pandemias... y yo seguía sin besar a una mujer. Seguro sería más fácil hacer un golpe de Estado para formar una dictadura y declarar un día cívico donde todos me amaran, tipo "lunes de adorar al líder supremo". Aunque daría igual qué tan controlados los tuviera: siempre habría unas cuantas personas que escaparían en su mente a otra realidad, una donde yo nunca fuera amado. Aquella realidad podría ser más cierta que la que yo quisiera imponer. Así que el amor es más complicado que acciones y palabras: el amor es una realidad difícil de olvidar. Aunque yo moriría al primer intento de rebelión contra el Estado.

—¿Por qué es tan hermosa? —me pregunté, viéndola sin saber qué hacer. Mis manos sudaban en exceso y, por más que las limpiaba en mi pantalón, al instante volvía a sentir el sudor bajando por mis dedos hasta caer al suelo. Ella volteó a mirar atrás, así que yo también lo hice, buscando en el pasillo vacío aquello que veía... pero no encontré nada. Al volver a mirarla pude ver una sonrisa en su rostro, la cual me provocó imaginar un escenario donde pudiera hacerla sonreír como lo hacía aquel tipo.

Era sencillo: solo tenía que ir a hablar con ella sobre algún tema interesante, como política o alguna película del Señor de los Anillos. Después de sorprenderla con mi gran conocimiento del mundo... por alguna razón, en esta época del año, a esta hora del día, en esta parte específica del mundo y ubicado exactamente en este colegio, entrarían cinco ladrones armados de pies a cabeza. Todos empezarían a correr asustados, lo cual provocaría que nos separáramos, pero resistiendo como pudiera, lograría tomar su mano. Eso la haría feliz, ya que, no estaría sudoroso. Como pudiéramos, llegaríamos hasta un salón donde, tras tirarnos al suelo, haciendo el menor ruido posible, lograríamos no ser vistos por uno de los ladrones.

—Oh, varonil líder al que nunca le han sudado las manos por miedo a estar cerca de una chica... ¿qué hacemos? —preguntó Fumio.

—¿Qué haces aquí? —le pregunté, confundido.

—Yo qué sé, es tu imaginación —respondió.

—Esto es un momento mágico, ve a que te secuestren o haz cualquier cosa —le dije, abriendo la puerta del salón tras levantarme del suelo.

—¿Qué tiene de mágico que unos ladrones entren a robar un colegio? —dijo levantándose—. Ahora que lo pienso, no tiene sentido —añadió, sentándose en una mesa.

—Tú no entiendes la complejidad de todo esto —le reclamé, apuntando a la puerta para que se fuera.

—Tú no entiendes que eres tonto. Es muy poco probable todo... además, intentas que ella se enamore porque la protegiste o salvaste de una situación peligrosa. Eso no es amor —cuestionó Fumio, lo cual me hizo pensar un breve momento.

—Tu papá es tonto —respondí instintivamente, como mecanismo de defensa.

—Está muerto, así que tú eres el tonto —dijo con una sonrisa de victoria.

—Verdad, te abandonó... eres mi tesoro abandonado —dije, intentando parecer afligido.

—Eso sonó muy gay—dijo Fumio.

—Lo sé, lo sé... lo sé.

—Se van a besar —preguntó Izumi levantándose del suelo— Les dejaré su espacio —dijo, abriendo la puerta.

Un gran hombre corpulento la atrapó con un saco y huyó rápidamente ante nuestros ojos. Los dos quedamos sin palabras; solo nos mirábamos confundidos, sin saber qué hacer.

—Ve a rescatarla, tú eres el héroe —dijo Fumio.

—¿Viste a ese sujeto? Me pega... —respondí dudando de todo.

—Sí, estaba muy musculoso. ¿Quieres decirme algo? No te juzgaré —preguntó Fumio, tratando de ser comprensivo.

—¿Viste que no opuso resistencia, no intentó gritar o moverse? —pregunté, evadiendo la cuestión.

—Sí... al parecer es mejor ser secuestrada que estar a nuestro lado —respondió Fumio.

Los dos nos sentimos mal con nosotros mismos, pero no era momento para sentir lástima. Llegaron diez ladrones al conocer nuestra ubicación. Estaban tan confiados que tiraron sus armas al suelo, pero no sabían que yo estaba con mi broder, amigo, hermano, compañero inseparable, pata, llave, parcero, socio, cuate, carnal, colega, tío, tronco, con mi princeso. Yo tenía a mi gran amigo a mi lado y sería fácil para ambos acabar con todos...

—¿Dónde vas? —pregunté viendo cómo Fumio intentaba huir por una ventana.



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En el texto hay: psicolgico, romance, amor

Editado: 27.08.2025

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