Albino: Bajo la cubierta de sangre Ii

Capítulo XIV: Memorias

MEMORIAS •

—Sabes… —comenzó Itan, como si fuera una clase de adulto—. Siempre creí que si papá y mamá desaparecían nosotros seríamos muy felices.

Al oírlo voltee a mirarlo. Mi rostro se había contraído en más de mil formas por sus palabras. Él era un niño de tan solo ocho años y parecía como si su mentalidad fuera la de alguien maduro.

—¿Por qué dices eso? —pregunté, aligerando la presión en la caña.

—Porque es cierto —respondió con una pequeña sonrisa, luego volteó a mirar el agua.

Itan y yo nos encontrábamos en medio del lago, habíamos decidido que era un buen día para ir de pesca.

—Siempre que pienso en ellos me pongo triste —dijo—. Ellos nunca nos permitirían estar en este lugar ahora. Además, jamás entendí porque a papá le molestaba tanto que tuviéramos amigos o que saliéramos en los días soleados; pero ahora que no están… —En ese momento hizo una pausa—. Los extraño, aunque eso me ponga triste.

—Itan…

—Pero tampoco es como si ya no fuera a verlos jamás —dijo, volviendo a mirarme—. Sé que ahora estamos con los abuelos y que ellos nos dan permiso de todo, es por eso que, aunque nuestros padres no estén, soy completamente feliz.

Ver su enorme sonrisa me llenaba de felicidad.

Él siempre había sido un niño tan bueno…

✤✤✤✤✤✤

«¿Itan?»

Mi corazón latió con rapidez al pensar en él, era imposible que estuviera cerca, pero tampoco era como si no fuera una coincidencia. Su olor a grosellas era débil, era un muy sutil aroma a comparación del mío. Me asusté. Sí, era estúpido hacerlo a estas alturas, pero el tan solo recordar su aura maligna, su sonrisa perversa y su personalidad sombría me hacían estremecer. Itan no era la clase de vampiro “piadoso” que imaginaba, él no se comparaba con algún otro o como lo había sido Amelia o Ferid en su momento, Itan era mucho más perverso.

Apreté mis ojos e intenté ignorarlo, sin embargo, mi cuerpo lo recordaba. Su aroma, su respiración, su tacto, su voz. La forma en la que había mordido mi cuello. Inconscientemente llevé una de mis manos aquel lugar, sus marcas habían desaparecido gracias a la ayuda de Leonard, aunque la sensación de haberlas tenido ahí seguían latentes.

¡Maldición!

Intentar reponerme de esos recuerdos me costaba. Era difícil caminar hacia aquel lugar donde provenía su aroma. Mis piernas temblaban y los senderos por los que me acercaba parecían cada vez más estrechos.

«Tranquila, Lea. Piensa»

Alentarme era difícil.

Saber que vería a Itan después de pasar por tanto me tenía ansiosa. Ya no solo se trataba de hablar con él y hacerlo reaccionar, sino que, había algo más… quería tenerlo para mí, recuperarlo, ser una familia feliz, quería de algún modo obtener su perdón. Creo que eso era lo que me estaba guiando a buscarlo, a sacrificar todo lo que tenía a mi alrededor con tal de volver a ver su sonrisa, y de escucharlo decirme que me quería.

Sí, eso era lo que yo quería.

✤✤✤✤✤✤

—Espera, Itan. ¡No hagas eso! —espeté aferrándome al bote—. Asustaras a los peces.

Pero no era como si él me estuviera escuchando. Itan se había cansado de esperar, había lanzado la caña aún lado, se había puesto de pie y ahora estaba jugando. Él estaba meneando el bote de un lado para otro con la fuerza de sus pies.

—No se asustarán —bromeó.

—Pero el abuelo se enojará si no llevamos la cena.

—No lo hará —dijo sonriente—. Llevaremos la cena.

—Pero cómo lo haremos si estás asustando a los peces, ellos no se acercarán si sigues moviéndote de esta manera.

De pronto, Itan se detuvo, miró hacia abajo y se acercó a la orilla del bote. Yo solo lo miré en silencio meter las manos dentro del agua.

—¿Ves? Así es más fácil. —Me dijo con un par de peces entre sus manos—. No tienes que esperar a que muerdan el anzuelo, con tan solo llamarlos puedes atraparlos.

✤✤✤✤✤✤

Con ese incomprensible recuerdo todo volvió a mi memoria. Itan desde muy pequeño tenía el de poder controlar a otros, ese era un recuerdo que había bloqueado de mi mente y que ahora, estaba volviendo, él era por mucho más especial que yo, él había desarrollado sus dones sin saberlo desde que era pequeño. Al principio me asusté y le hice prometer que no se lo diríamos a nadie, que guardaríamos el secreto y que por más que lo quisiera no debía hacer eso frente a nadie.

Obviamente el tiempo pasó y con ello lo olvidé, me enfoqué en otras cosas y luego, unos meses más tarde... el accidente de mis padres pasó.

Fue difícil superarlo, sin embargo, ver a Itan sonreír cada noche y escuchar lo mucho que me quería cuando se metía en mi cama y cuidaba de mis pesadillas me ayudó a salir adelante. Sentir sus brazos alrededor de los míos, escuchar su respiración y sentir el calor de su cuerpo me recordaba lo bien que se sentía ser querido.




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