Amnesia

Cap. 1

Hoy teníamos una fiesta... De nuestra amiga Linda, para ser exactos. Eran las 6 y el evento comenzaba a las 8. Hacíamos treinta minutos de camino así que si queríamos llegar antes y ayudar con los preparativos, debería empezar a...

-¡Bonita!-gritó Ricardo desde la planta alta.-¿Vas a bañarte ya?

Subí a nuestra habitación para encontrármelo desnudo de la cintura para arriba.

-¿Planeabas hacerlo tú?-comencé a quitarme la ropa sin quitarle el ojo de encima.

-Eso planeaba-sonrió e hizo que lo hiciera también. Adoro su sonrisa.

-¡No si te gano!-eché la carrera hacia el baño y cuando iba a entrar, me tomó por la cintura haciendo que cayéramos. Terminé tumbada en el piso y él aprovechó la oportunidad para hacerme cosquillas. Me reía y me retorcía como loca implorando que se detuviera. Él también reía, adoro ese sonido. Hizo que le prometiera que nos bañaríamos juntos, aunque eso solo lo hacemos en los días especiales... Parece que este es uno :)

-Eres un tramposo, sabes que no puedo competir con las cosquillas-le hice la cara de puchero que tanto adora. Me apretó suavemente los cachetes y me besó.

-Por eso lo hago, linda- nos dirigimos a la regadera y no parábamos de reír de cualquier cosa.

Salí envolviendo mi cabello en una toalla y mi cuerpo en otra, él hizo otro tanto ocupando una toalla. Nos dirigimos al cuarto y nos vestimos con lo que habíamos comprado la noche pasada.

A Ricardo no le gustaban los trajes elegantes       

A Ricardo no le gustaban los trajes elegantes. Las únicas veces que usó uno fue; en nuestra primera cita y cuando conoció a mis padres. Por eso, compró esto.

-Te vez muy guapo, Ricardito- lo abracé y le besé su cuello. Se estremeció por mi contacto, después me besó.

-Tú te vez adorable chaparrita, pero si quieres salir de aquí con ese vestido completo será mejor que vayas a maquillarte- me dio un empujoncito hacia el tocador.-Te espero abajo-me besó fugazmente la frente y salió de la habitación.

Comencé a maquillarme cuando el recuerdo de cómo lo conocí vino de golpe a mi mente.

Era mi primer día. Y lo vi... Estaba sentado en la primera fila al fondo, en sus manos sostenía un grueso libro rojo cuya portada llamó mi atención, estaba escuchando música y solté una risita al observar que sus cascos tenían un poco de cinta canela en un extremo. Estaba tan concentrado en su lectura que en ningún momento levantó la vista hacia la persona que lo estaba viendo con detenimiento. Unas chicas me hablaron, me ofrecieron ir a la cafetería y acepté pues el profesor no había llegado. Una hora más tarde me encontraba en el parque con Laura, Jaquelin, Giselle y Linda. Me parecieron muy simpáticas. Regresamos a clases y lo vi sentado en el foro. Seguía leyendo y Laura se acercó a él, todas se presentaron excepto yo gracias a que mi madre me marcó. En las siguientes clases presté atención al pase de lista para conocer su nombre... Saúl Ricardo Berastegui Rosas. Luego Laura lo jaló a nuestro grupo y aveces me sentaba con él. Así fue como supe varias cosas de Ricardo...

Y decir que llevamos dos años juntos. Terminé de maquillarme y bajé a la cocina donde Ricardo estaba comiendo.

-Te acabo de agarrar con las manos en la masa- empezamos a reír. Tomamos nuestros abrigos y nos dirigimos al auto.-¿Sabes? Hace unos momentos estaba recordando cómo te conocí.

-¿Ah, si? La verdad me sigue pareciendo como si fuera ayer... Recuerdo que las primeras veces que me sentaba contigo te conté muchas cosas, entre ellas que me gustaba el chocolate, y una hora después apareciste con una barra de chocolate en la mano. Me lo diste y lo compartimos porque sabía que también te encantaba. Captaste mi atención cuando te vi entrar el primer día-me dijo tomando mi mano mirándome a los ojos.

-Eres el amor de mi vida-dije a punto de llorar y estropear el maquillaje.

-Tú eres el amor de mi vida. Y solo no continúo porque llorarás y no queremos que el rimel se riegue. Te conozco chica sensible-me besó y obligué a mis lágrimas quedarse bajo mis párpados. Encendió el auto y solo entonces me permití mirar el reloj.

-¡Ricardo! Ya es tardísimo. Si queremos llegar tendrás que manejar a fondo-dije nerviosa.

-Claro, preciosa. No sabrán qué los golpeó-su ocurrencia me hizo reír y nos pusimos el cinturón de seguridad, puse el disco de Paramore y bajamos los vidrios dejando que la brisa de la noche llenara el auto.



Ferchamurillo

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En el texto hay: romance, novela juvenil, accidente

Editado: 03.02.2019

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