Amor de Agua Salada

Capítulo 14: Siempre serás la única

Un trueno sonó a lo lejos, me puse de pie y miré hacia el mar, una gran tormenta se avecinaba y un gran dolor se plantaba en mi pecho, nunca le había tenido miedos a las tormentas, o a los truenos, pero en esta ocasión había algo que oprimía mi pecho, algo me decía que debía temer.

Un rayo cayó en medio del agua y el dolor en mi pecho se acentuó, entonces lo supe, supe porque me dolía tanto, supe que estaba pasando, lo supe igual que en aquel primer momento.

Salí corriendo de la habitación, bajé las escaleras de dos en dos y corrí a la salida del hotel.

Llegué a la playa y allí me quedé, mirando el horizonte, esperando cualquier señal de que me estaba equivocando, cualquier cosa que me dijera que esto no estaba sucediendo.

Pasaron horas, o quizás fueron minutos, no lo sé, a mí me parecieron años, pero entonces vi el barco, se acercaba rápidamente en medio de la tormenta.

Contuve la respiración cuando vi bajar a Mario, estaba temblando y tenía un brazo lleno de sangre, me acerqué corriendo.

—Maia —dijo con voz triste.

—¿Dónde está Lucas? —pregunté, pero él no dijo nada, solo bajó la mirada —¿Dónde está Mario? —volví a preguntar sintiendo mis ojos arder.

Negó levemente con la cabeza, escuché el llanto de Teresa a lo lejos, todo se sentía lejano y mi mente se negaba a aceptarlo.

Corrí hacia el barco, lo vi antes de llegar, Leo lo había tumbado en la arena.

—Lucas —grité mientras me caía de rodillas a su lado.

Tomé su mano y toqué su rostro, sus ojos estaban cerrados, su piel pálida y fría, entonces comprendí que no volvería a ver su sonrisa, el color avellana de sus ojos que tanto me gustaba, no escucharía de nuevo su voz diciendo cosas arrogante y estúpidas, no volvería a oírle reír, no volvería a verle.

—No —susurré apoyando mi cabeza en su pecho y comenzando a llorar, mi llanto se hizo más fuerte al no escuchar los latidos de su corazón.

Luego solo recuerdo a mi padre sacándome de su lado y a los paramédicos llevándose su cuerpo.

Mi vista se perdió en el mar, en la tormenta que seguía arrasando en el horizonte, recordé aquel día cuando me llevó al lago, cuando regresamos pensé que el océano lo había traído a mí, y así fue, el mar trajo a Lucas Taylor a mi vida, para cambiarla, y valla que lo hizo, y con la misma fuerza e imprudencia con que lo trajo, se lo llevó, lo quitó de mi lado destruyéndome por completo, destruyendo todo mi mundo.

***

Una lágrima cayó por mi mejilla mientras abría la tapa y dejaba que el viento esparciera sus cenizas por el mar.

Teresa me abrazó y juntas lo lloramos una vez más.

Bajamos del bote unos minutos después, caminé directamente al hotel, no quería ver a nadie, solo quería encerrarme en mi habitación y quedarme ahí, escuchando el silencio y viendo la nada.

—¿Se puede? —preguntó mamá asomándose por la puerta, no le respondí, ella entró y se sentó en la cama a mi lado —Creo que esto te pertenece —dijo entregándome el diario que contenía nuestra historia —Los Taylor ya se fueron a la ciudad, Mario dijo que te diera esto —me dio un beso en la frente antes de volver a irse.

Tomé el diario soltando un sollozo, pasé una mano por la cubierta, Lucas había escrito nuestros nombres con marcador.

La última vez que escribí en él Lucas aún no había vuelto, lo abrí en la última página, pero no era mi letra la que escribía las últimas palabras, era la suya.

Me sequé las lágrimas con una mano y me acomodé para leer.

"Hola Maia.

Si, creo que ese es el mejor comienzo que puedo darle, no te rías mío, no seas grosera con tu novio.

Seguramente te estás preguntando porque he escrito en tu diario, bueno, lo hice por tres motivos.

El primero, porque ya no es tuyo, me lo regalaste y puedo hacer lo que quiera.

El segundo, no recuerdo la historia como tú lo haces, así que voy a corregirte algunas cosas, o al menos decir como me parecieron a mí.

Empecemos, se me hace bastante gracioso como empezaste a contar esta historia, cuando te vi aquel día, recostada en el flotador, un pensamiento vino a mi mente y sentí que debía hacer algo, quería saber el color de tus ojos.

Lo admito, te tiré a propósito, fue como un instinto, quería hacerte enojar, pero no me parecías un mapache, me parecías hermosa.

Fue como un presentimiento ¿sabes? una sensación que no entendía me llevó a comportarme como un idiota, yo no era así, hasta que te conocí.

Lo supe en la fiesta, cuando llegué te vi bailar con aquel rubio teñido, estabas hermosa y esperé el momento perfecto para arrebatarte de sus brazos, te sonrojaste al escuchar mi voz, eso me gusto, me gustaba que te pusieras nerviosa y te sonrojaras.



Pilar Vidal

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En el texto hay: verano, romance, primeramor

Editado: 12.12.2018

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