Anastasia y el mundo de ella

Capítulo 26

    Me cuesta varios segundos darme cuenta de que no es mío y de que puedo desprenderme de él, para cuando lo consigo los otros dos ocupantes de la casa están en mi habitación. Por suerte ambos me ven preocupados, por un segundo temo que me crean una niña caprichosa intentando obtener lo que quiere.

    Lógicamente ese temor dura menos de un segundo, al verlos allí me doy cuenta de que el dolor que siento no proviene de nadie de la casa, lo que quiere decir que tiene que ser alguien más.

    —¿Qué pasa Quejica? ¿Qué te duele? ¿Qué sucede?

    —No lo sé, siento el dolor de alguien, pero no sé el de quién.

    —¿Qué sientes? Por favor cálmate y piensa bien, es importante.

    —Le están torturando... no sé bien qué le hacen, sólo sé que duele demasiado.

    —¿Conseguiste romper el lazo que tienes con quien está sintiendo ese dolor? —Niego y lo vuelvo a intentar, no obstante, sólo consigo que disminuya la sensación de agonía— Bueno, eso quiere decir que es alguien con quien tienes un lazo importante y no es nadie de nuestra familia, porque no siento nada.

    —Ema —No sé por qué digo su nombre, simplemente lo intuyo, además del dolor puedo percibir el resto de sus sentimientos y me parece que son de él.

    Tal vez no lo sea, quizás sea mi propio miedo de que sí lo sea, pero una voz grita en mi interior que es él y he aprendido a confiar en mi voz interna.

    —Oh, no... —El rostro de mi madrina se entristece— ha llegado el día... —Frunzo el ceño sin entender, aunque veo en su mirada que no me dará muchas explicaciones— Si vas a salvarlo él sabrá lo que eres... no sé qué pasa después de eso, pero sé que eres la única que puede llegar a tiempo. Nunca he podido ver más allá de esto.

    No necesito más información que esa, no me importa lo que vaya a pasar en el mañana, lo que importa es el hoy y hoy debo salvar a alguien que me importa, da igual que eso ponga en juego mi futuro.

    Me levanto de la cama y me pongo los championes, no me importa ir de pijama, sólo quiero apurarme, aun así, mi madrina me detiene.

    —Espera, tengo que darte antes los poderes de tu madre.

    La miro horrorizada, no tengo tiempo para eso, de todos modos, ella toma mi mano con firmeza, me hace un pequeño tajo en la palma con la tijera que estaba en mi escritorio, repite la operación con ella misma y une nuestras palmas ensangrentadas.

    Luego besa mi frente y pone su otra mano en mi cabello, igual que hizo la vez que me recibió, sólo que esta vez duele mucho más, especialmente en la palma.

    —Ahora ve, apúrate.

    Afirmo y salgo corriendo de la casa.

    No estoy segura de qué camino estoy siguiendo, ni siquiera sé por qué lo hago, es como si una fuerza invisible me estuviera diciendo por dónde ir, sin explicaciones, sin nada, sólo que en la próxima esquina debo doblar a la derecha, cosa que por supuesto hago.

    Mientras corro soy avasallada por miles de imágenes del futuro, todas ellas están relacionadas con lo que sucederá cuando encuentre a Ema, algunas son de él muerto, otras son de su primo muerto y esas son las más lindas.

    No sé dónde entro, ni la descripción del edificio, no sé nada, por lo que de repente estoy en una habitación, donde puedo ver a Ema inconsciente en el suelo, tiene la cara llena de pequeño cortes y moretones, en pocas palabras es un mosaico en rojo y morado.

    Inclinada sobre él está una bruja, no la miro, ni la veo, suponiendo que sobreviva a la rabia que siento en este momento, si la vuelvo a ver dudo que la reconozca.

    —Jealar du úl, roaha —La furia que me invade es tan grande que al gritarle a la bruja que se aleje de Ema, su cuerpo sale despedido a una velocidad casi... ¿Inhumana? ¿Imposible? Da igual.

    Creo que lo peor es que no me importa que su cuerpo consiga atravesar la pared, sólo me interesa interponerme entre ella y Ema, lo cual, obviamente, hago.

    Antes de levantarse me mira sorprendida, luego puedo ver cómo se enoja y pierde los estribos, es una lástima que lo último que haga en esta vida es enojarse de ese modo.

    Aun así, no le permito hacer otra cosa, simplemente levanto la mano, chasqueo los dedos y PUF, ella se transforma en cenizas de colores.

    ¡Sí, de colores!

    Tengo que respirar varias veces antes de sentir que quien controla mi cuerpo soy yo y no un miedo tan profundo que se convierte en rabia o enojo.

    Lo que me ayuda es la idea de que Ema no me ha visto usar magia, por lo que no tendrá que saber lo que soy y por ende podremos seguir fingiendo que todo está bien.

    Por desgracia eso sólo me sirve para calmarme, porque al darme la vuelta él me está mirando, por el asco que veo en sus ojos puedo notar que ha presenciado mi pequeño y destructivo acto de rescate.



Lore Manciameli

Editado: 15.05.2019

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