Anastasia y el mundo de ella

Capítulo 33

    Muy contra la voluntad de mi madrina me acuesto sin cenar, ella siempre insiste que eso es malo, que mínimo debo comer aunque sea una fruta.

    La verdad después de derrumbarme en sus brazos no tengo fuerzas para existir, por eso me acuesto y caigo rendidita al instante.

    Cuando me despierto estoy en un baile, no sé qué hago aquí, me siento un poco mareada, para mi sorpresa a mi lado está Matías, que me palmea el hombro y sonríe, también habla, sólo que no consigo escuchar lo que dice por la música, está demasiado fuerte, me retumba en los oídos.

    Vamos hasta la barra, estoy ansiosa por llegar allí, aunque no sé por qué, siento que si llego todo acabará, todo el dolor se evaporará.

    No sé qué pide mi primo, digo Matías, de todos modos estoy segura de que es alcohol, cuando me da el vaso una parte de mi quiere rechazarlo, sin embargo, la otra parte de mi está muy emocionada por seguir tomando, por acabar con esto, al menos por un rato.

    Sabe asqueroso, no obstante, como al tercer vaso mejora y con el quinto ya ni me importa cómo sabe, ahora sólo quiero salir a bailar, está lleno de chicas lindas y seguro que todas quieren bailar conmigo. Soy genial y súper guapo.

    Cuando quiero ver estoy en un mar de cuerpos bailando, normalmente no me gusta que invadan mi espacio personal o que me empujen, aunque hoy es distinto, todo es distinto ahora.

    —Sé que te gustan pelirrojas—Matías grita en mi oído y aun así apenas puedo distinguir su voz de la música—, mira aquella, te está mirando.

    Observo a la chica, no es linda, pero tampoco es fea, además viene a donde estoy ¿Qué mejor? Ni siquiera tengo que moverme para irla a buscar.

    En cuanto se me acerca bailamos muy juntos, nuevamente tengo conflictos conmigo mismo, una parte de mi disfruta mucho que refriegue su cuerpo contra el mío. Otra parte se siente culpable, cree que deberíamos volver a casa y otra parte, creo que la más importante, pregunta desde cuándo nos gustan las chicas y específicamente las pelirrojas.

    Es recién cuando la muy zorra se acerca a besarme... a besarle, que me doy cuenta de que esto no está bien y es cuando me despierto.

    Miro a mi alrededor y me tranquilizo al notar que estoy en mi cama, que aún estoy en casa de mi madrina y que no fui de copas con Matías.

    De verdad quiero creer que sólo estaba soñando, quiero acostarme y volver a dormir normalmente, no quiero que Ema haya ido nuevamente a un baile, no quiero que se vuelva a meter en problemas y, sobre todo, no quiero tener que ir a socorrerlo.

    En realidad, me gustaría no enterarme de qué está haciendo, especialmente porque prácticamente se está violando a esa chica en medio del baile y sé que lo está disfrutando.

    No es justo, si él no quiere que yo sea parte de su vida está bien, lo acepto, sin embargo, quisiera que él también se salga de la mía definitivamente, no quiero sentir constantemente lo que hace o dónde está. Quiero que esto se acabe de una vez, porque si sigo así viviré tropezando y algún día no podré levantarme.

    No quiero eso para mí, quiero ser, como dice mi madrina, lo suficientemente valiente para caer cuando deba y para levantarme siempre. Ella tiene razón, no importa si caigo, no está mal caer. Debo dejar de intentar siempre seguir en pie, eso me hace más daño que caer, debo aprender a levantarme, nada más, a reconstruirme.

    —¿Pasó algo Anastasia? —Me giro desesperada hacia la puerta al sentir la voz de Yves— Yo... lo siento, escuché tus sollozos y me preocupé ¿Pasó algo? ¿Otra vez Ema se metió en problemas? —Afirmo, no porque ya esté en problemas, sino porque sé que lo estará en cualquier momento— Yo no puedo ir por él, si tú quieres te llevo hasta donde esté y te dejo plata para un taxi, o lo que sea para ayudarte.

    —¿Por qué no puedes ir tú solo y llevarlo de regreso a su casa?

    —Para responderte esa pregunta tengo que contarte una historia que hasta ahora no has querido oír.

    —Sigo sin querer oírla, así que te agradecería que me lleves al baile.

    —Muy bien —Yves sonríe, cree que por aceptar su ayuda le estoy dando más confianza—, dame diez segundos que me visto y vamos.

    Ya estoy vestida, así que me calzo y voy directo a la puerta, para esperarlo allí.

   Me sorprendo cuando, literalmente, le lleva diez segundos vestirse, antes de que yo llegue a la puerta él ya me ha alcanzado.

    Luego vamos juntos hasta la parte de atrás de la casa, allí está el garaje y para mi sorpresa la salida es por la calle de atrás.

    —Es por si nos emboscan los cazadores, normalmente siempre entran por la puerta de adelante, cuanto mucho rodearan la casa, no la manzana y si cierran la calle es la del frente no la de atrás.



Lore Manciameli

Editado: 15.05.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar