Ángel [vancouver #1]

Capítulo 27. El no enamoramiento.

HOLA, PEQUEÑA CREATURITAS ♥

¿CÓMO ESTÁN? ESPERO QUE MUY PERO MUY BIEN. ♥

LES TRAIGO UNA NUEVA ACTU QUE ESPERO LES GUSTE COMO A MI ME GUSTÓ ESCRIBIRLA, ESTE ES UNO DE MIS CAPÍTULOS FAVOITOS HASTA AHORA. ♥

MUCHAS GRACIAS POR EL APOYO, YA CASI LLEGAMOS A 12 MIL LECTURAS... ¡ESTOY FLIPANDO! REPITO, ¡FLIPANDO!

MUCHO AMOOOR.

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Ángel.

Mi hermanita Sara es la primera en darse cuenta de la sonrisa estúpida que tengo en el rostro al llegar a casa, pero no la última en lanzar más de un comentario elocuente y molesto. Algo que caracteriza a la menor de los Vancouver es su falta de filtro.

Elena, por su parte, se limita a reservarse lo que sea que esté pensando y seguir mi camino sin reparar en los “Ángel y Gwren son novios” de una muy madura Sara, por sus ojos atiborrados de un brillo casi extra normal puedo deducir muy fácilmente de que va. Ella es de romances y se ha creado uno en la cabeza en donde Gwren y yo somos protagonistas, no podría estar más equivocada en el asunto, pero prefiero sus cuentos de hadas a volver a esas miraditas de odio que solo me sacaban un poco de quicio.

— Te ves muy contento — suelta Elena desde el umbral de mi habitación.

Me quito el saco y lo arrojo a la cama mientras me vuelvo a la rubia; su rostro está serio, pero la diversión baila en su mirada de una forma casi irónica y tiene los brazos cruzados a la altura del pecho mientras se recarga del marco de la puerta con el hombro. Es increíble su cambio de actitud tan severa, de ser casi una villana se ha transformado en una especie de casamentera.

— Me ha ido bien en el día.

— ¿Bien en el día o bien con Gwren? — las comisuras de sus labios se alzan de forma casi teatral, haciendo lucir aún más encantadora a Elena.

— Lo normal.

— Créeme, si pudiera definirlos con una palabra, normal estaría lejos de serlo.

Tiene un punto ahí.

Ni Gwren ni yo somos algo normal cuando estamos juntos.

Caos podría ser una buena descripción para nosotros.

Un desastre.

— Después de hoy estamos más cerca de la normalidad de lo que tú crees — digo con deleite —. Acabamos en muy buenos términos.

— ¿Qué tan buenos?

— Los suficientes como para decir que ahora somos amigos.

Elena lame sus labios y todo rastro de diversión en ella se esfuma. Hay algo que la inquieta y eso solo activa una alarma en mi interior… oh no, por favor, no de nuevo mi hermana y sus dilemas existenciales.

— Y… — continúa mientras se adentra con cautela —. ¿De qué hablaron?

Enaltezco una ceja y tomo asiento al borde de la cama al tiempo que la invito a acompañarme con un movimiento de cabeza. Dudosa Elena aprieta los labios y hace lo que le pido como si mi petición hubiese sido que escalara el Monte Everest.

— ¿Hay algo que quieras saber en particular?

Se queda callada por lo que parece una eternidad y yo me pongo aún más ansioso. No quiero tener broncas nuevamente con la rubia y más aún si son del tipo del que no tengo respuestas coherentes o sé qué debo hacer.

— ¿Gwren te contó sobre lo que ha pasado con ella en estos últimos días? — su voz es un murmullo, me sorprende que pueda escucharla.

— Me dijo que se peleó con Ian por… — cierro la boca abruptamente, recordando que la chica a mi lado no sabe lo ocurrido en el carro de la morena —. Por cosas sin importancia.

— ¿Eso fue todo?

No, no fue todo.

Gwren y yo hicimos algo más que hablar, nos abrimos tanto el uno con el otro que resultó casi imposible marcharnos del restaurante el cual, si era uno de mis lugares favoritos, ahora encabeza la maldita lista.

Pero claro, eso no puedo decírselo a Elena y no porque me sienta como un jodido personaje de cuento que se emociona por una simplona sonrisa, sino porque apenas estoy asimilando lo que está pasando conmigo y todo lo que está asolando en mi interior.

Asiento repetidas veces, tratando de convencerla.

Mi hermana suspira pesadamente.

— Ella se va a enojar conmigo, pero yo me voy a enojar aún más conmigo misma por guardarlo cuando sé que debes de saberlo — no me está mirando y sé que no lo hace porque está traicionando su sentido de lealtad —. Jane… ella hizo algo terrible.

Los músculos de mi espalda se tensan de forma dolorosa al oír el nombre de mi ex novia… dios, estoy tan renuente en mi mal augurio que apenas y me doy cuenta que he apretado los puños y enterrado mis uñas en la piel de mis palmas.

— ¿Qué le hizo Jane a Gwren?

Elena me cuenta todo lo sucedido de forma precipitada y sin dar muchos detalles, su breve relato ayuda para atar los cabos de aquel día que la vi hecha pedazos y fuera de sí. Me ayuda a entender por qué de un momento pasó de llorar a cantaros a instalarse sin tapujos sobre mis rodillas.

Gwren no cayó en esa aura de deseo, ella me tomó como una vía de escape para olvidarse de aquella sensación de mierda que la afligía más y más con cada segundo que pasaba.

¿Y cómo no hacerlo? Aquella… mujer, la despidió y humilló hasta el punto de quebrarla.

Cuando la rubia termina, yo estoy inundado de tantas emociones negativas que me sorprende el que sea capaz de ponerme de pie sin parecer una marioneta por mis movimientos erráticos.

Estoy enojado, hecho una maldita caldera que llegó a su presión máxima y está nanosegundos de explotar. Me siento culpable, herido al recordar el rostro lacrimoso de Gwendolyne, con un escozor en el pecho que me hace difícil la tarea de respirar y mi corazón… oh, mi corazón late tan rápido por la excitación que es como martillazos en mis sienes.



JJLDallas

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En el texto hay: amigos, drama, amor

Editado: 11.10.2020

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