Árbol del Juicio

Capítulo 1

El despertador sonó a las 7:00 de la mañana. El timbre del despertador sonaba repetidamente, sacándolo de su sueño.  Abraham abrió los ojos con pereza, enderezó su cuerpo al mismo tiempo que estiraba sus brazos y soltaba un largo bostezo. Los ruidos dentro de la casa indicaban que sus hermanas ya se habían levantado, era su primer día en esta casa, habían llegado el día anterior a Vancouver desde Kansas, a su papá lo habían transferido en la empresa y después de muchas discusiones entre sus padres al fin estaban en su nuevo hogar.

Hoy empezaba en su nueva escuela, con 12 años séptimo grado era una etapa distinta a lo que estaba acostumbrado, así que añadiendo el hecho de no tener a sus amigos, se sentía completamente desdichado.

Con ese sentimiento se levantó de su cama y apreció con su mirada su nueva habitación con mayor claridad a la de ayer. Su recámara era grande, con algunas cajas de la mudanza amontonadas en una esquina junto a un armario vacío empotrado a la pared, y un rayo de sol se filtraba por las oscuras cortinas de la ventana siendo esto la única iluminación del cuarto. Restregó sus ojos y acto seguido se cambió de ropa, salió de la habitación con paso lento y se dirigió al cuarto de baño, el cual estaba cerrado.

Tocó la puerta varias veces, al no obtener una respuesta inmediata giró la perilla y al hacerlo una voz aguda gritó desde adentro:

—¡No entres! 

Era Isabelle, una de sus 5 hermanas. Siendo la mayor con 17 años era realmente insoportable, entre sus amigos y a punto de entrar a la universidad ignoraba a sus hermanos pequeños y solo cuando su madre estaba presente cambiaba un poco, por lo cual Abraham se limitó a dar la vuelta y ver si el otro baño estaba disponible.

La realidad era que vivir con 5 hermanas no era nada fácil, ser el de en medio tampoco ayudaba, a menudo trataba de escabullirse de su casa para no escuchar tanto drama.

Tras por fin lograr entrar al baño se detuvo en él unos minutos y luego salió, llegó a la cocina donde su madre ya tenía listo el almuerzo y se sentó en el comedor junto a Lía, la más pequeña, ella tenía 5 años y era una verdadera molestia andante que en ese momento estaba jugando con su comida. Abraham la ignoró como si no estuviera ahí y apoyó sus codos sobre la mesa.

Entonces se escucharon unos estruendosos pasos que venían de las escaleras. Giró su cabeza hacia esa dirección, observando que era su padre, quien a juzgar por su rostro y su forma de andar cualquiera diría que tenía prisa. Él cruzó hasta la cocina con grandes zancadas.

—Llego tarde —dijo, se acercó a su esposa, despidiéndose de ella con un beso en la mejilla, luego hizo lo mismo con Lía y Abraham, después salió de la cocina y se encaminó a la entrada, abrió la puerta principal y tras salir por ella la cerró detrás de sí en un ruido sordo.

En ese instante apareció Sarah, habiéndose sentado en el comedor sin hacer ruido alguno, mirando enfrascada su celular e ignorando la presencia de sus hermanos, con sus 16 años no era muy diferente a Isabelle, sólo que a diferencia de ella era más callada y rara vez se le veía sin su celular a la mano.

Abraham ya listo para la escuela se levantó de su asiento, y sin despedirse salió de la casa. La parada del autobús quedaba a una calle de distancia, hundió sus manos en los bolsillos de su chaqueta y caminó cabizbajo hacia su destino. 

—¡Espera! —gritó una voz a sus espaldas, a su lado izquierdo llegó junto a un pequeño empujón en su espalda Lucy, quien tenía 14 años y de sus 5 hermanas era la que más le agradaba, pues su actitud era sin duda alguna divertida y relajada—, ¿por qué tanta prisa, hermanito?

Abraham la miró inexpresivo.

—No es prisa, sólo no quería estar esperar a que Isabelle llegara.

Lucy asintió con la cabeza en comprensión.

—Tiene sentido, aunque creo que exageras un poco, ella no es tan mala.

—Pues su actitud dice otra cosa.

En el transcurso de su pequeña charla ya habían llegado a la parada, donde esperaban otros estudiantes. A lo lejos se alcanzaba a ver el autobús y no se demoró en detenerse a un lado de la acera abriendo al instante las puertas hacia su interior. Los dos hermanos sin decir una palabra subieron por los escalones buscando con la mirada un lugar vacío donde sentarse. Al encontrarlo se deslizaron en el asiento uno al lado del otro, dejando sus mochilas a sus pies.

Una vez que los pasajeros acabaron de abordar el transporte el conductor cerró sus puertas y aceleró. Abraham se sentó al lado de la ventana, recargando su cabeza sobre el cristal a la vez que miraba su reflejo y el del interior del autobús. Se sentía algo incómodo con la idea de que en esa nueva escuela no conocía a nadie, además de que le preocupaba no encajar en su clase.

—¿Emocionado? —preguntó Lucy, sacándolo de sus pensamientos

—Angustiado —contestó.

—¿Y eso? Podrás hacer nuevos amigos, deberías alegrarte.

—Eso es más lo tuyo.

—¿Hacer amigos o alegrarme?

Abraham fingió pensarlo por unos segundos.

—Ambas —respondió, acabando con esto la conversación.

Pasaron algunos minutos sin hablar más del tema, y tras detenerse en otras paradas el autobús por fin concluyó su viaje y aparcó delante de la escuela. La primera impresión que tuvo Abraham del edificio era que le parecía completamente pretencioso e imponente para cualquiera que lo mirara, pues sus paredes se alzaban en lo alto con innumerables ventanas y los rayos débiles del sol iluminaban la construcción de piedra junto a sus puertas de roble.

Todos comenzaron a bajar en filas organizadas, Abraham esperó a que la multitud disminuyera para tomar su mochila, arrastrándola sin la menor preocupación siguiendo a los demás al lado de Lucy.

Luego de salir del autobús un grito se escuchó a lo lejos. Al cual no tomaron en cuenta, hasta que una agitada chica llegó a ellos y los detuvo, apuntándolos con un dedo acusatorio, exhalando e inhalando con fuerza mientras trataba de calmar su respiración. 



AbrahamNewman

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En el texto hay: misterio, mundos, fantasia

Editado: 18.01.2021

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