Atrápame

Capítulo 31

 

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La semana pasó a un ritmo lento y extenuante, intentó hacerlo funcionar de todas formas posibles pero fracasó rotundamente. No había manera en que su lobo se contentara viendo a Reed solo cuando ya no podía contenerlo, y eso era cada dos días, pedía más, destrozar el bloqueo.

Seth ya no sabía qué hacer, o eso intentaba creer, pues había una verdad infalible y era lo que más quería evitar. Si dejaba de presionarse a sí mismo, de luchar contra su propia inseguridad, el miedo que despertaba cada vez que pensaba en rendirse y correr a ella, si dejaba todo de lado era probable que mejoraría..., aunque no estaba seguro, la traición todavía rondaba por su mente, hasta su propio animal ya le había dejado claro que la deuda estaba saldada, Reed ya no era su enemiga.

— ¿Vas a decirme por qué estás tan callado?

Seth se agachó en el suelo, y fingió mover la capa de hojarasca congelada en busca de una huella inexistente. Caleb no merecía pasar este tiempo de pésima calidad con él, descubrió que prefería la soledad y eso era un cambio brutal, antes de conocer a Reed él buscaba la compañía aborreciendo el silencio y la quietud, ahora todo lo que quería hacer era... Huir.

¿Había encontrado su madurez, o una nueva forma de esconder sus sentimientos y temores?

—Estoy rastreando Caleb, guarda silencio.

Su hermano se movió, bajó sus pies una rama se rompió, quebrando el sonido y alertando a un par de aves.

—Ups, lo siento, la presa se escapó, ¿ahora vas a responderme?

Seth trató de mostrarse ofendido cuando lo miró de reojo, era imposible, su ya no tan pequeño hermano menor era su debilidad, ocultarle algo no era una opción y aunque todavía le parecía algo extraño por el hecho de que aún no recuperaba la memoria, Seth quería mantener los lazos firmes.

Aceptar su nueva personalidad era complejo, pero no imposible.

El Shane con el que creció no estaba ahí con él, pero Caleb mantenía esa amabilidad que lo caracterizó en el pasado.

— ¿Puedes oler algo diferente en mí?

—Ya sé que estás vinculado, Logan me lo dijo la última vez que estuve aquí y no quisiste verme.

Ahora se sentía culpable.

— ¿Qué más sabes?

Caleb levantó una ceja.

— ¿Qué debería?

Seth soltó la hoja que rodaba en sus dedos.

—Reed Dickson es mi pareja vincular —respondió, girándose un poco para verlo de frente—. Ella era una psicóloga especialista en..., ya ni recuerdo, el punto es que trabajaba estudiando cambiantes. El cómo terminé en el CIG y qué hice ahí ya lo sabes, ahora, ella...

—Lo de la supuesta traición ya lo sé —soltó.

Seth se sorprendió por la repentina sequedad en su tono, Caleb quería llevarlo a un punto diferente.

— ¿Entonces?

—Yo te pregunté por qué estás tan callado, la última vez que te vi todavía sonreías, ahora ya no lo haces, ¿por qué? ¿Es por Reed?

Se enfrentó al azul cristalino de sus ojos, y al percibir la preocupación descendió al dije que colgaba de su cuello, la figura del lobo solitario que lo identificaba como explorador.

Pensó en un camino que le evitara decirle, Caleb todavía no sabía la historia completa y él solo le contó fragmentos de lo que en realidad pasó, ¿sería este el momento? ¿Era necesario?

—Seth responde, por favor, mi lobo me dice que algo ocultas.

«Maldito animal»

Su nariz picó y tuvo que concentrarse en otra cosa, no iba a llorar, confiaba en Caleb, pero le horrorizaba mostrarse débil. Además, no quería que se sintiera culpable por lo que pasó, él apenas tenía ocho años y estaba lidiando con su condición de latente, y ahora eso no lo recordaba, estaba libre de pena y remordimiento, ¿cómo podía Seth regresarle eso?

—Seth...

—Fue mi culpa —soltó.

Caleb redondeó sus ojos.

— ¿Qué cosa?

Avergonzado, Seth bajó la mirada.

—Que nuestros padres murieran.

El silencio se hizo pesado entre ambos. Admitir eso frente a Reed parecía sencillo ahora que se encontraba con su hermano, y al mirarlo recordó lo pequeño y débil que era la primera vez que lo conoció. Caleb estuvo ausente los primeros tres años de vida y Seth se preguntó siempre por qué nunca pudo verlo como recién nacido, hasta llegó a creer que había desaparecido de la panza de su mamá. Luego, poco después de cumplir cinco años, lo llevaron al hospital en donde lo trasladaron desde otro, explicándole que tenía un montón de cosas médicas que resolver.

Desde la camilla lo observó esa noche con amplios ojos, y sintió por primera vez ese instinto protector surgir en él, era algo desconocido, inquietante, que no le dio mucha importancia al ver a su hermano menor dormir, como si no tuviese ningún mal preocupándole.



Jaqueline. S

Editado: 10.07.2019

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