Bastián Castell

Capítulo 10

Valentina se despertó de golpe y al sentarse se dio cuenta que está cubierta con la capucha de Bastián, sin embargo, a su alrededor no hay indicios del hechicero. Preocupada observó cada rincón de aquel lugar, la fogata parecía haber sido apagada hace poco porque aun el humo se lograba ver en contraste con el frío del lugar. Se vistió con su ropa ya seca y salió a ver el sol que comenzaba a salir. El aire frio soplaba junto al ruido de las olas chocando con la orilla y cerró los ojos para sentir el calor de los rayos solares.

 

—¡No vuelvas a sacar el tema de Leonor! —masculló una voz molesta.

 

Se sobresaltó al escucharla.

 

—Está bien, cálmate —respondió otra voz que sonaba extraña, como lejana.

 

A una corta distancia vio a Bastián inclinado contemplando la orilla del mar. Y aunque las olas se mueven con calma dentro de la cabeza del hombre hay una tormenta que intenta controlar, pero le es imposible cuando con solo escuchar el nombre de esa mujer, nefastos recuerdos lo torturan.

 

—Bueno te advierto que Arturo no se detendrá hasta volverte a encerrar —es la voz de Asterus, pero aquel no está físicamente en el lugar.

 

—Que venga, lo estaré esperando —habló entrecerrando los ojos con tirria—. Tengo asuntos pendientes con él.

 

—Bastián, no hagas algo de lo que puedes arrepentirte…

 

—Cargo con tantas cosas encimas que una más no será molestia —lo interrumpió en tono frio.

 

Por la forma como el hechicero observa atento el agua de seguro se están comunicando de esa manera. Y es así, lo que la joven mujer no ve es que le habla al reflejo del morfog que se está comunicando con él de esta manera, evitando así que los guardianes puedan darse cuenta.

 

Valentina dio unos pasos, pero resbaló y logro afirmarse, aunque el ruido que provocó hizo a Bastián girarse y mirarla sorprendido. Ambos se quedaron en silencio sin saber que decir. El hechicero volteó despidiéndose con rapidez de Asterus y luego se acercó a la mujer tomándola en sus brazos preocupado y haciéndola sentirse avergonzada de tal cercanía.

 

—Es peligroso que salgas así, podrían verte —señaló preocupado—. ¿Estas herida?

 

—Estoy bien, pero… —sus ojos se detuvieron en su serio rostro, y ante tales ojos cargados de un doloroso pasado que no conoce no pudo decir más palabras.

 

—¿Pero ¿qué?  —alzó sus cejas sin entenderla.

 

—No es necesario que me lleves en tus brazos —desvió la mirada—. Puedo caminar.

 

Bastián la miró estupefacto, la verdad es que ni siquiera se había dado cuenta de eso, con la conversación de Asterus y sobre aquellos que no quería recordar, no tuvo la suficiente claridad de pensar las cosas antes de hacerlas, y la había tomado en sus brazos de forma inconsciente, como solía hacerlo con... tragó saliva al recordarlo, no puede bajar la guardia como lo hizo en su juventud, tensó su rostro y sus ojos se tornaron fríos por unos momentos, en los cuales Valentina lo notó, quiso decir algo, pero no supo que decirle si tampoco lograba entender el brusco cambio en la expresión de aquel hombre.

 

—"¿Que escondes, Bastián Castell?" —pensó bajando de sus brazos, pero no se atrevió a hacerle la pregunta ante la ahora expresión dolida del hechicero que le dio la espalda.

 

—Lo siento —exclamó desviando la mirada, confuso—. Conocí a alguien muy débil y enferma, tenía esa costumbre de sobre preocuparme de los demás. Al final hagas lo que hagas la gente te traiciona… No me hagas caso, no fue mi intención.

 

La joven bibliotecaria sonrió esperando no haberlo hecho sentirse mal. Se ve incomodo y más serio de lo usual. El hechicero recogió su capucha colocándosela. Empezó a guardar las cosas en las alforjas sin decir palabras, ha cometido un error diciendo aquellas cosas, su pasado es algo que no planea compartir, menos con aquella joven que apenas conoce y que no desea que se haga una idea de cómo era él en el pasado. Ya es hora de seguir el camino. Valentina se inclinó a su lado ayudándolo con esa tarea.

 

—No te preocupes, sé que no hubo malas intenciones —agregó Valentina con empatía, sin mirarlo directamente a los ojos preocupada de verlo tan serio ¿Tendrá que ver con aquella “Leonor”? ¿Acaso algo relacionado con su pasado?

 

—Aunque, para ser sincero, fue agradable sentir un trasero tan redondo cerca de mis manos —agregó Bastián riéndose borrando de golpe su propia seriedad.

 

—¡Tu...! —se alzó molesta, pero no alcanzó a reclamar porque Bastián le cubrió la boca de inmediato haciendo un gesto para que guardara silencio.

 

—Son los guardianes —le susurró preocupado arrugando el ceño no se esperaba que llegaran tan pronto, ver ese uniforme le provoca rechazo y contiene sus ansias de atacar porque sabe que no está en condiciones de pelear con tantos tipos como esos en estos momentos, además que debe cuidar a la Llave por lo que tampoco tiene libertad total para pelear.

 

—No podemos irnos ahora —le preguntó en el mismo tono.

 

El hechicero movió la cabeza en forma negativa sin moverse de su lugar.

 

—Pueden darse cuenta del uso de magia, ya me arriesgué suficiente con comunicarme con Asterus, pero como buena noticia me dijo que esta cueva nos llevara por a otro lugar, a la salida de una playa protegida, en donde un barco pirata nos espera, así podremos seguir en la búsqueda de Vestania —sonrió emocionado a pesar del rostro incrédulo de la mujer.

 

—Pi...piratas —alzó la mirada preocupada, en su mente se imagina las películas donde hombres de aspecto temibles usan sus armas y dagas matando a todos los que se acerquen, o sea para nada siente que estar con ellos sea más seguro que con los guardianes.

 

—No te preocupes, mientras no noten que eres mujer estas a salvo —habló con tranquilidad.



A.L. Méndez

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En el texto hay: magia, hechiceros, romance

Editado: 02.12.2021

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