Ella, al instante que vio cómo los labios de Luke se separaban dándole paso a su lengua para
relamerlos, se preparó ante cualquier mofa proveniente de él.
—Yo no te estoy reteniendo, te puedes marchar —masculló jocoso.
Alejándose de la chica, se sentó sobre la acera de aquella calle vacía.
Luke abrió la bolsita, danzando su cabeza de un lado a otro y, sin rechistar o siquiera disimular,
cogió una pequeña parte con aquel amuleto en forma de perico y esnifó el polvo. Hasley lo miró
con un poco de duda y tristeza, recapituló lo que antes pensó y se volvió a preguntar si lo mejor
era dejarlo solo y obtuvo el mismo resultado: no quería irse, quería quedarse y estar como hace
unos minutos atrás, donde bromeaban sobre aquel apodo que a él le parecía tan ridículo.
La irritada chica, tragando su dignidad y orgullo, dio una gran bocanada de aire y prefirió sentarse
a su lado.
—He oído de ti últimamente por los pasillos del instituto —fue él quien esta vez rompió el
silencio—. Eso es nuevo.
—¿Sobre mí? —cuestionó la pelinegra con una mirada inquietante y su ceño fruncido, dándole
notoriamente que no entendía su confesión.
—Seh —chasqueó, al mismo tiempo que sacaba su cajetilla y cogía un cigarrillo.
Y aquí venía otra de sus tristes adicciones. Después de todo, Luke consumía muchas cosas, no le
sorprendería que al día siguiente estuviera en la esquina de una calle inhalando thinner.
—Así que le has dado un buen golpe en la cara a Matthew —Luke le
soltó, mirándole con diversión y esbozando una sonrisa, haciendo que su hoyuelo se remarcara y
chocó su rodilla contra la de ella.
—Algo así —Hasley musitó un poco apenada por el tema de conversación—. Dicen que se ve
más atractivo con él.
—Quizá —confesó, a la vez que se encogía de hombros.
La menor frunció su nariz por ello.
—¿Debería sentirme mal? —interrogó, sin saber si lo que había hecho era correcto o no.
—No. —El rubio le sonrió de lado con una pizca de diversión, relamió sus labios y dejó salir un
poco de aliento entre ellos—. Pero al menos ya entiendo por qué tu nombre resonaba por todos los
pasillos nuevamente.
—Creen que soy patética. —Hasley rio sin ganas, porque estaba segura de que así pensaban
todos.
Ambos se quedaron en silencio durante un momento, hasta que él habló:
—¿Sabes? —La miró con dureza—. Deja que se rían de lo patética que creen que eres, al final de
cuentas todos terminamos igual… —Dio una calada a su cigarro y dejó escapar el humo—, en un
boulevard de los sueños rotos.