Cada Diciembre

CAPITULO III

Los engranajes en mi mente trabajan más que nunca.

¿Estará aún en la zona de desembarque? No, si llego allá me echará por impuntual.

Mejor iré a la haciendo con lo que me pidió. Eso es. Llegaré allá con sus encargos y al explicarlo todo, el niño de papi verá que al menos soy diligente.

Cierro mi cuenta y me levanto rápidamente –Adiós y gracias, Adrian.

Corro por el aeropuerto hasta la puerta y veo un taxi que está parando. Me acerco un poco más y noto que un chico también camina hacia él. Sigo avanzando mientras reviso en mi bolso y busco la billetera. La localizo y la saco buscando la tarjeta con el clic sosteniendo el papel que contiene la clave de la cuenta de los O’Connell. Cuando por fin la alcanzo la pulsera naranja que me hizo Kristen a los 14 años me juega una mala pasada enganchándose en el cierre del bolso, sigo caminando mientras forcejeo, lucho hasta que la libero de un tirón y cuando cede trato de alzarla triunfante pero choco con algo. Levanto la cabeza y la vergüenza solo me permite vislumbrar una gigante mancha de café en una camisa blanca que de seguro cuesta tres de mis sueldos –Lo lamento tanto, discúlpame por favor- Ni siquiera puedo mirar la cara del sujeto. Que torpe.

-Ten más cuidado para la próxima- una voz grave y fastidiada logra avergonzarme más.

-Lo lamento, te la pagaré si quieres.

-Ni con todo el dinero de esta isla podrás pagar el valor de esta camisa.

Maldición, no sirvo ni para pelear ya que debido a la escenita pública puedo sentir que todos nos miran y eso solo aumenta el rubor en mis mejillas. Tomo la decisión más madura en estos casos –Vete al diablo, grosero.

Oigo el portazo del taxi, puedo asegurar que Don Dinero se subió ahí. Espero cerca de 5 minutos más hasta que estoy en uno de camino al supermercado.

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JAMES

-Vaya, ese un buen motivo para estar enojado- la mirada del joven taxista busca la mía a través del retrovisor y yo solo asiento.

-No me molesta tanto lo de la chica, personas torpes las hay en todo el mundo, yo era una hace tiempo. Me enoja el hecho de que haya sido exactamente esta camisa.

. ¿Te la regaló una chica? Suena demasiado especial para ti.

-Un objeto especial siempre proviene de una persona más especial- bajo la mirada y tamborileo los dedos sobre la maleta pequeña que tengo sobre las piernas recordando el momento exacto en que escuché esas palabras. Siento un sabor amargo al repetirlas, casi como una traición. El sentimiento que empieza a crecer en mi pecho empieza a molestarme así que lo deshecho y sonrío.

He escuchado que las sonrisas son contagiosas y lo compruebo porque el joven en tono cantarín me vuelve a hablar –Dices cosas profundas. ¿Qué edad tienes?

-Cumpliré 20 el mes que viene- Carajo, estaré en el segundo piso muy pronto.

El chofer suelta una carcajada –Vaya, te llevo cuatro años y vivo hablando idioteces. Edad no es igual a madurez.

-Así dicen- miro por la ventana y no puedo evitar asombrarme ante el clima tan inestable de la isla. Cuando llegué había luz y ahora parece que se aproxima el diluvio –Parece que va a llover muy fuerte- el taxista maniobra con el volante y nos introduce por un sendero adornado con árboles victimas del invierno. El carro avanza unos 50 metros y hay una pared con un apellido inscrito en ella lo que provoca que mi memoria vuelva de a poco.

-¿Trabajarás aquí? ¿O eres de los Miller?- alcanzo a ver la casa y busco a tientas mi billetera. Saco la cantidad acordada mientras respondo- Soy hijo de Sandy Miller.

-Sabía que no eres de aquí- él recibe el dinero y lo guarda en una cajita que está por la palanca de cambios. Muy amablemente me ayuda a bajar las maletas y ubicarlas en el pórtico de la casa. Sonrío a manera de agradecimiento y él extiende una mano, la cual estrecho de inmediato. Si hay algo que recuerdo muy bien de esta isla es la amabilidad de las personas –Soy Edward pero me puedes llamar Ed, mucho gusto.

-Igual Ed, soy James.

- Si necesitas cualquier cosa me avisas. Un amigo para charlar, un guía turístico o un taxista, lo que sea- empieza a bajar las pocas escalinatas frente a la puerta y se voltea- Pero más si necesitas un taxista, como habrás notado no cobro caro.

No puedo evitar soltar una risa, me agrada este sujeto. Sube a su auto y arranca de inmediato.

Ahora sí, a lo mío. De mi bolsillo saco el llavero con la cara de una vaquita impresa, es la manera de mamá de identificar las llaves. Las llaves que le di de mi departamento en Manchester tienen mi cara. ¡Qué ingenio, Sandy!



Beatriz Dantés

#28120 en Novela romántica

Editado: 05.05.2021

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