Cartas de colores

18. La Niña y el Dilema del Tiempo

Una niña de seis años con mejillas rosadas, jugaba alegre en un extenso campo, cuando a lo lejos escuchó el llamado de su madre, indicando que era tiempo de volver a casa.

La niña corrió frenética hasta la gran mansión de blancas paredes y al llegar a la puerta donde su madre la esperaba, preguntó agitada.

—Mamá, ¿cuál es el significado del tiempo? —mostrándose curiosa en su inocencia.

—El tiempo significa que hay un momento específico para hacer las cosas y nos ayuda a planear cuando actuar —respondió la mujer con una sonrisa, pero a la niña no le gusto su respuesta. Pues lo que más había entendido era que el tiempo es igual a control.

Luego de la cena, en donde la niña permaneció extrañamente callada. En silencio, esta entró a la cocina encontrándose con la cocinera, quién la miro sorprendida.

—Señorita ¿qué hace aquí a estas horas?

— ¿Usted sabe cuál es el significado del tiempo? —preguntó la niña sin mencionar la respuesta de su mamá.

—El tiempo es aquello que tú das para cuidar a quiénes quieres —respondió con una sonrisa la cocinera— Es tarde, debe ir a la cama señorita —La mujer le dio un vaso de leche a la niña y la acompaño a su cama. Donde hizo que se recostará, ya cambiada con su pijama.

A la niña le gustó más la respuesta de la amable señora que siempre la cuidaba, pero todavía seguía inconforme, pues su respuesta le había sonado a… cariño, no a tiempo.

Ya entrada la noche, la niña no podía conciliar el sueño y armándose de valor, abrazando fuertemente un perro, blanco, peludo y esponjoso de peluche. Bajo lentamente las escaleras de la gran casa y avanzó por los largos, y oscuros pasillos hasta llegar a una puerta gigante de roble. Con cuidado la empujó, revelando un gran despacho dónde un hombre revisaba con afán unos papeles.

—Papá… —murmuró con algo de temor la niña.

—Sabes que no puedes entrar aquí. Regresa a tu habitación y duérmete —habló con voz gruesa el hombre.

—Pero, es que quiero saber ¿sí tú sabes cuál es el significado del tiempo? —preguntó con precaución la niña.

—Trabajar y esforzarse para ser alguien en la vida. No lo entenderías todavía eres una niña. Regresa a tu cuarto —ordenó inflexible el hombre.

La niña salió corriendo del lugar sin dejar de abrazar a su perro y tratando de no llorar por el fuerte tono de voz que había usado su padre. No le había gustado para nada la respuesta de él, lo que había escuchado fue esclavitud.

Al día siguiente la niña jugaba desganada con su peluche en el campo.

—Perrito ¿tú sabes qué significa el tiempo? —pregunto la niña acariciando el objeto, esperando por su respuesta.

—Es jugar mucho y poder acompañarte siempre —respondió el peluche con simpleza.

—Pero ¿es solo eso? —cuestionó la niña.

—También significa libertad, a mí me gusta volar todo el día —habló un pájaro con manchas rojas como el fuego que había estado escuchando.

— ¡Buenos días señor pájaro! —saludó con entusiasmo la niña— Lo siento, pero ¿qué hay de los que no pueden volar?

—Pues ellos corren o simplemente duermen —dijo el pájaro.

—Cierto, los adultos hacen eso bastante —habló el peluche. La niña hizo un puchero inconforme.

— ¿Qué es lo que quieres oír linda niña? —preguntó el pájaro.

—No sé… pero debe haber alguien cuya respuesta me haga sentir bien.

—Pregúntale al reloj —De repente apareció un oso bebé— Nadie sabe del tiempo como ella —explicó alejándose al entender que hoy no jugarían.

— ¡Gracias osito! —gritó la niña al comenzar a correr a la casa junto con el perro y el pájaro.

Rápidamente llegó a un gran cuarto con muchos libros y se acercó lentamente al gran reloj que siempre daba tres campanadas cuando marcaban las 12.

—Disculpe señora reloj, le quiero hacer una pregunta —La niña se sentó frente al reloj con el perrito en su regazo y el pajarito en su hombro.



Athenea

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Editado: 17.12.2018

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