Cartas de colores

19. LA NIEVE NO ES TAN FRÍA COMO PARECE

— ¡Intenta ahora Myro! —grité a mi ayudante el cual cumplió, pero solo sonó el ruido ahogado del motor de la moto de nieve.

Solo a él le podía pasar esto a un día de la carrera.

Afuera la nieve cubría todo, dando un paisaje digno de esas montañas…

Frustrado le asesté una patada a la moto, solo que no pude predecir que en ese momento arrancará y saliera disparada del garaje de su cabaña o que justamente estuviera pasando una mujer de abrigo celeste.

— ¡Cuidado! —alerté a la chica justo a tiempo para que saltará a un lado apartándose del trayecto de la moto, la cual se estrelló poco después contra un pino.

—- ¿Estás bien? —cuestioné una vez que llegué al lado de la chica de cabellos negros.

—Si… eso creo —respondió parándose con mi ayuda.

—De verdad, lo siento —Me quedé hipnotizado al ver lo hermosa que era y mi corazón se disparó cuando sonrió.

—No te preocupes…

Minutos después y luego de mucha insistencia, los dos tomaban chocolate caliente en la cabaña del chico hablando amenamente.

—Jajaja es como la quinta vez que te disculpas. Ya te dije que no estoy enojada, dime ¿la moto es tuya?

—Si, la estaba puliendo para la carrera de pasado mañana.

— ¿Así que vas a participar? —inquirió con una sonrisa la chica.

—Si, ¿quieres venir a ver cómo gano? —preguntó con una sonrisa ladeada el chico.

— ¿Cómo estás tan seguro de que lo harás?

—Simple, porque soy el mejor —respondió arrogante.

La chica soltó una risa y se levantó caminando a la puerta, pero fue detenida antes de cruzarla.

— ¿Qué te parece esto? Si gano cenas conmigo, si pierdo hago lo que quieras —propuso sin pensar, solo queriendo estar un rato más con ella.

—Mmm acepto —dijo sonriendo de forma coqueta— aunque no te decepciones cuando pierdas.

El día de la carrera el chico parecía uno con la moto, después de todo el premio que obtendría valía mucho el esfuerzo.

Sin embargo, un corredor desconocido le sacaba un buen pedazo de camino, pero eso no fue un impedimento para ganar. Finalmente, el chico se detuvo, escuchando los viroteos por su triunfo…

—Parece que al final si ganaste el juego —Se giró al escuchar la voz de la mujer y se quedó pasmado al ver que ella era el corredor misterioso.

Y vaya que nunca había estado tan feliz de ganar una apuesta.



Athenea

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Editado: 17.12.2018

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