Casiopea

Capitulo 4

Elián rio ante mis palabras y se levantó del banco, encaminándose peligrosamente hacia mí.

Una vez le tuve delante alcé el rostro para encararle, manteniendo una mirada calculadora sobre él.

-Casiopea...- susurró mientras daba una vuelta a mi alrededor sin dejar de mirarme. ¿Porqué todo el mundo en aquel lugar me conocía?

-Cass- corregí molesta... No lo consideraba un nombre digno de pronunciar con todas sus letras y consonantes... En otras palabras, no me gustaba, por esa misma razón adopté el mote de Cass como nombre.

Él alzó una ceja como no creyendo lo que decía.

-Debes llevar tu nombre con orgullo... Hay muchas Alisson, Martha, Kristen... ¿Cuántas Casiopea hay?- hizo una pausa- Hasta la última vocal de tu nombre merece ser pronunciada.

A ver... El chico tenía razón, mi nombre era único, pero no por eso me iba a gustar más mi nombre.

-Bueno, si me disculpas, tengo que ir a hacer algunas cosillas...- dije recordando mi propósito de liarla el  mi primer día de estancia. No perdería mi esencia por estar encerrada ahí...

-No tan rápido, bonita...- dijo tomando mi brazo en el momento en el que me disponía a marchar de ahí.

Me di la vuelta y le encaré mirándole amenazante. Mis ojos viajaron de la mano que sujetaba mi brazo al propietario de esa mano.

Tiré de mi brazo con fuerza, consiguiendo que me soltara.

-Vuelve a tocarme y te quedas sin mano...- siseé con una mirada fría.

Elián por su parte me devolvió la mirada de la misma manera y el azul de sus ojos se oscureció bajo mis pupilas...

Cuatro pares de ojos nos miraban sin apenas pestañear. Los amigos del chico, sorprendidos por mi reacción, decidieron poner paz antes de que alguno de los dos saltara encima del otro.

-Elián, tío... Venga, vamos...- dijo un chico moreno acercándose a él y sujetándole por el brazo levemente.

-No me jodas, Aiden... No ahora- amenazó mientras un fugaz destello azul iluminaba sus ojos.

Entrecerré los ojos intentando concienciarme de que aquel brillo solo había sido producto de mi imaginación, pero sabía que por mucho que me intentase convencer de que eso no era real, había sucedido de verdad.

-Elián, joder- se quejó el tal Aiden- No solo te expones a ti, nos expones a nosotros también...- susurró el chico creyendo que yo no le oía.

Elián soltó una amarga carcajada y se volvió hacia mí para después volver a mirar a su compañero.

-Dime que no lo notas...- le dijo a Aiden- Dime que no notas la presencia de energía en ella...

El lugar se quedó en silencio y todos las miradas se dirigieron a mí.

Ese hubiese sido el momento idóneo para empezar a abandonar el lugar... Pero como era costumbre en mi, prefería esperar un poco más y averiguar hasta donde podía llegar la situación.

-¿Quién eres realmente, Casiopea?- preguntó Elián entrecerrando los ojos, intentando indagar en mi mente.

-¿Qué?- casi reí al escuchar aquello- Yo no sé qué os habréis fumado... Pero me voy antes de averiguarlo- dije antes de que mis pies retomaran mi marcha.

Un par de figuras se interpusieron en mi camino y ante eso mi enfado creció.

-Apartad- ordené mientras me cruzaba de brazos y les miraba fijamente a los ojos.

Los dos chicos, que por lo que pude apreciar se parecían bastante, miraron a Elián ante mi reclamo y supuse que éste negó con la cabeza, indicándoles que debían bloquearme el paso.

Me volteé para encontrarme con aquel chico, que me estaba dando más dolores de cabeza de lo que esperaba, y él me miró fijamente.

-¿Qué quieres?- pregunté de una vez por todas- No tengo tiempo que perder...

-Quiero que me digas que haces aquí exactamente, ¿Quién te envía?- preguntó acercándose a mí con cautela.

-¿Qué hago aquí?- repetí la pregunta que me había hecho- Mis padres me han metido aqui, ¿Quién si no iba a hacerlo? Mala conducta, problemática, que se mete en líos a la primera de cambio... Creo que es suficiente motivo ¿No?

Todos se miraron confusos entre ellos, sin entender lo que pasaba exactamente. Después de un rato sopesando aquella información parecieron darse cuenta de algo...

-No sabe nada de esto...- le susurró Aiden  a Elián, pero yo pude escucharlo perfectamente.

-Mirad, chicos...- empecé ya cansada de la situación- Lo único que quiero es irme para acabar de planear mi broma de bienvenida... Sólo eso.

-Lo siento, preciosa, esa broma tendrá que esperar... Tú y yo tenemos algo muy importante de lo que hablar- sentenció Elián.


 



Cass Longobardi

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En el texto hay: amor, brujos, problemas

Editado: 30.05.2018

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