Caso Adams

Capítulo III

Jake se separa de mí cuando nota que se ha recompuesto lo suficiente para poder encarar, tanto la situación, como las dos personas de la agencia enemiga, que se encuentran en frente suyo.

 

- Lamento interrumpir tan afectuoso reencuentro, pero debo hablar con Sarah, y el mayor Wood no está invitado - dice el señor del cual no se su nombre, todavía.

 

- Se ve que no me conoce - mi hermano adopta su pose de agente -. No me voy a ningún lado sin ella, y menos después de casi perderla… - entrecierra los ojos y se adonde quiere ir a parar -. Y según me han contado, estaba siendo observada por el MI6 - se cruza de brazos -. Si la organización para la cual trabaja es incapaz de socorrerla cuando solo la quieren, ¿qué podría pensar cuando la tengan?

 

- Que crea que así es nuestra organización, no quiere decir que lo seamos - enfatiza el señor dando un paso.

 

- ¿Entonces dejaréis morir a una de sus futuras agentes? - mi hermano no tira la toalla y continúa marcando puntos a mi favor -. Tiene razón, no es así como me han enseñado. Esa educación viene dada de casa.

 

- En lo que a nosotros respecta, es una criminal.

 

- ¿Y aún así le pedís ayuda? - jaque mate. Jake ha ganado la partida -. Estáis más necesitados de lo que creía.

 

Después de jugar a ¿A ver quién mea más lejos?, teniendo como equipo las dos distintas organizaciones, me centro en lo que dijo el hombre. 

 

- ¿Usted es? - pregunto levantando un poco la voz, y rodando con una mano a mi hermano para lograr ver al señor, ya que Jake se puso delante mío durante el verbal enfrentamiento.

 

- Bruce Anderson - se acerca para darme la mano -. Encargado de delitos internos del país, MI6.

 

- Sarah Wood, más conocida por Lady Beltza - sonrió cínicamente -, y como bien ha dicho usted: criminal a la cual el MI6 le pide ayuda.

 

Jake intenta contener una carcajada, pero, finalmente no puede controlarla, y empieza a reír. Anderson le mira severamente y mi hermano disimula un poco, pero sin resultado aparente, ya que sigue sonando a pesar de la mano que tapaba su boca.

 

- ¿Podemos hablar? - suena un poco alterado -. ¿A solas?

 

- Si, y no - responde Jake por mí.

 

- Joder - Bruce resopla -. Yo no debería estar tratando con niñatos prepotentes - mi hermano se tensa y yo le miro fijamente -. El chiquillo de la CIA puede quedarse - se gira hacia Matthew -, ¿necesita algo más de la habitación?

 

- En principio solo tengo que darle los medicamentos que se debe tomar - responde este, caminando hacia la sala -. Puede quedarse la silla.

 

Desaparece por la puerta para volver a los tres minutos con una bolsa con pastillas y cremas para la herida. La deja encima de mi regazo, para después irse por el pasillo, no sin antes darme una sincera  sonrisa. Jake se coloca a mis espaldas, donde antes había estado el doctor Bradley, y se dispone a seguir al señor Anderson.

 

- No me perdáis de vista ni os alejéis - se da la vuelta y comienza a caminar, mientras que mi hermano y yo le seguimos en completo silencio -. El agente de la CIA no tiene permitido estar aquí y tú eres considerada una criminal, por lo que, como os vean solos, no veréis la luz del día, al menos tu, Sarah, porque Jake puede ser acusado de traición o inventar alguna excusa.

 

- Es bueno saberlo  - susurra mi hermano.

 

- ¿Cuál es esa oferta tan interesante que ha obligado al MI6 pedirme ayuda? - observo todo a mi alrededor mientras Jake hace de conductor. Si no hubiéramos estado metidos en este mundo, probablemente estaríamos riendo por todo el pasillo mientras mi hermano se sube a la parte trasera de la silla después de coger velocidad. Pero ya no somos esos críos.

 

- Aquí no - es su única respuesta.

 

Caminamos, en mi caso ruedo, por los pasillos de toda la sede, en silencio, mirando todo a nuestro alrededor. Personal estrenado moviéndose de un lado a otro. Puertas abriéndose y cerrándose. Criminales llevados esposados a juicio.



Marta Ferrera

Editado: 05.04.2019

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