Caso Adams

Capítulo VII

Despertarse por el sonido del timbre de la puerta no es lo más agradable que existe. Mucho menos saber que esa persona que está al otro lado es la que no tienes ganas de ver en ese momento. Maldigo y me intento poner en pie porque se lo que viene a continuación. 

 

No pasan ni diez segundos cuando ve a Chase entrar por la puerta de mi habitación con un bate de béisbol más grande que él en las manos. Me río por lo que parece. El pelo todo revuelto con pequeños remolinos formados en la coronilla, por moverse en la cama para intentar conciliar el sueño. La camisa arrugada por lo mismo y el pantalón del pijama caído.

 

Adorable.

 

- Voy a protegerte - dice seguro de sí mismo.

 

- Me alegro enormemente por ello - sonrío y le revuelvo el pelo.

 

Intento enderezarme para poder sentarme en la silla. Me da igual estar en pijama, al fin y al cabo, es mi casa. Nadie puede decirme como debo estar y menos aún si vienen a esta hora de la mañana y sin avisar previamente.

 

- Acercame la silla cariño.

 

Chase no pierde el tiempo en ello. En menos de un minuto estoy sentada en ella, saliendo de mi habitación, camino de la puerta de la entrada.

 

Mi hermano mantiene en alto el bate, preparado para actuar en el momento indicado. Cuando llegamos a la entrada, Jake ya está ahí, con una mano en la parte baja de su espalda, preparado para coger la pistola si es necesario.

 

Vuelven a tocar el timbre, y después de un profundo respiro por mi parte, una mirada por Jake y un movimiento de Chase que me hace quedar en la penumbra, de tal forma que no se me ve, abren la puerta.

 

Es gracioso ver como tanto Jake como Chase parecen dos guardias vigilando su hogar, el primero con la pistola por fuera y sin seguro, preparado para levantar la mano y disparar, y Chase con el bate en alto, tapado por la pared, dispuesto a utilizarlo si es necesario.

 

En ese momento estoy orgullosa de los dos hombres que tengo delante, luchando por la seguridad de la familia.

 

- Busco a Sarah - conozco esa voz.

 

Ese es el primer pensamiento que tengo cuando la persona del otro lado habla.

 

- Dejadle pasar.

 

Así es como Christopher Black entra en mi casa, seguido de mirada de odio de Jake, quien no le dejó pasar, aunque supiera quien era.

 

- ¿Qué quiere?

 

- ¿Podemos hablar?

 

- ¿Otra vez con lo mismo? - es lo que le responde Jake.

 

- Sobra dar mi opinión al respecto de esa pregunta - digo.

 

- Tenía el día libre… - susurra Christopher.

 

- Pues mira tú que bien - respondo tomándole por sorpresa -. Yo quería dormir.

 

- ¿Quién eres? - pregunta Chase, quien sigue sin bajar el bate.

 

Río por la imagen tan cómica que desprende. Le hago una seña con mi mano, acercándose a mi. Le subo a mi regazo, de modo que queda sentado encima mío.

 

- Christopher Black, renacuajo - le doy un beso en la mejilla.

 

- ¿Hay que pegarle?

 

- ¿Crees que sí habría que hacerlo le habría dejado entrar?

 

- Tienes razón - se acerca a mi oído -, pero no le quitaré el ojo de encima. No me da buena espina.

 

- En eso estamos de acuerdo.

 

Vuelvo mi vista al frente y observo como Jake mata lenta y dolorosamente a Black con la mirada, mientras el otro finge no darse cuenta de tal acto.

 

- ¿Y bien? - pregunto.

 

- Traigo el contrato con las cláusulas correctas para que lo firmes.



Marta Ferrera

Editado: 05.04.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar