Con sabor a Miel

Capítulo • 13

 

•13•
NONOFOBIA

Aún en contra de todo pronostico, la comida con la señora Collingwood no había sido un rotundo fracaso. No había intentado hablar francés una vez más, ni había mencionado nada sobre el hotel Collingwood, simplemente de había limitado a observarnos comer...

Vale, fue bastante incómodo, pero sobrevivimos, conservamos nuestras pasantías y, sobre todo, nuestros secretos seguían ocultos en el bolsillo de nuestro subconsciente.

Todo marchaba de maravilla.

Hasta que nos invitó formalmente a la fiesta anual de los hoteles Collingwood.

Honestamente no entendía porqué se tomaba tantas formalidades. Podía enviar la carta por correo electrónico o paquetería o simplemente no invitarnos, seguramente te nadie lo notaría, pero la señora Collingwood estaba inusualmente muy amable.

Investigué preguntando entre los profesionales que habían logrado conservar el puesto después de la pasantía, pero ninguno había sido invitado jamás, al parecer era una nueva faceta en la vida de la señora Collingwood.

-No puedo creer que estemos aquí -chilló Lizzy sobre nuestros hombros.

De pie frente a la puerta, esperábamos a que llegara nuestro turno.

Después de tres horas en la sala del departamento que compartía con Aly y Lizzy, logramos llegar al hotel. Era increíble la cantidad de tiempo que puede tardar alguien aplicándose el delineador... Aunque, siendo sincera, era mucho mas increíble la capacidad que tenían algunas personas de mezclar pilas y pilas de maquillaje sin parecer unas marionetas.

Era un talento con el que definitivamente yo no había sido bendecida.

El negro de la noche permitía que la luna brillara sobre nuestras cabezas. La luz que proyectaba sobre la fuente en la entrada principal era asombrosa, si uno se le quedaba mirando fijamente y lograba apagar el ruido alrededor, incluso podía sentirse en un lago de safari. Con mucha imaginación hasta podía pasar por un pequeño oasis.

El viento fresco me helaba las piernas, hacia que mi piel se sintiera como de gallina. No pude evitar mirar fijamente los pantalones de Simón. ¡Que injusto! Si a mi se me hubiera ocurrido aparecerme en pantalón a una fiesta formal como aquella... Probablemente ni siquiera me habrían dejado entrar.

Cuando el guardia abrió la puerta y, comprobando nuestros nombres en las listas nos dejó pasar, alucinamos.

El lugar estaba completamente transformado, la recepción seguía atendiendo clientes a lo lejos, pero una elegante puerta de cristal dividía el mundo de los negocios, del mundo nocturno que nos regalaban en aquella enorme sala.

Siempre supe que los hoteles Collingwood tenían muchas habitaciones, incluso algunos rumores decían que habían pasadizos secretos en los ductos del baño. Lamentablemente tuve que comprobar a la mala que aquella historia era falsa, pero ese es cuento para otro día.

No fue sino hasta ese momento que pude comprobar que era verdad, los hoteles Collingwood eran enormes, habían tantas personas en una sola sala que pensar en quedarme parada en la inmensidad de la pista central me revolvía el estómago.

-Yo tengo que ir por una copa -aseguró Lizzy dándonos una palmada en el hombro a Aly y a mi antes de irse sin más.

-Yo tengo que ir a retocarme el maquillaje -se disculpó Aly una vez que Lizzy se perdió entre el gentío.

-¡Pero si lo acabas de retocar! -protestó Simón con incredulidad.

-Hombres -gruñó Aly meneando la cabeza antes de inclinarse ligeramente hacia mí y susurrar-: no saben nada de maquillaje.

Pues yo tenía los gametos XX y aún no entendía como es que una mujer necesitaba ir al baño a retocar su maquillaje tantas veces. Quizá tenía algún desorden somático o mí aspecto físico ya no tenía ningún remedio y había optado por darme por vencida.

Sí, quizá era lo ultimo.

-¡Becario 1! ¡Ayúdame con esto! -gritó Rikan desde la barra al fondo.

Simón me dedicó una mirada de fastidio y yo a él una de asombro. No entendía como era que había logrado identificarnos entre todo el gentío. Peor aún: no entendía como es que podía saltarse las ordenes de la señora Collingwood tan descaradamente.

Durante la comida que tuvimos con la señora Collingwood, se le ordenó a Rikan y a todos los responsables de becarios que se nos permitiera tomar la noche libre, yo habría preferido quedarme en casa a ver películas de chick-lit pero la condición era llegar a la fiesta, lo cual estaba bien por mí; iría, me dejaría ver un poco y regresaría a casa antes de las diez, encendería la televisión e iniciaría un maratón de Jennifer Lawrence o Sandra Bullock, la que apareciera primero.

Simón soltó un suspiro resignado y se acomodó los lentes sobre el puente de la nariz.

-Tengo que ir.

-Vamos...

-No -cortó-, si te ve ahí con esa cara de añoranza que pones cada vez que le ves creerá que estamos aquí para trabajar...

-Pero la señora Collingwood...

-Clay, honestamente ¿crees que a Rikan le importe aunque sea sólo un poco?



Alejandra Kimella

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En el texto hay: humor, comedia, romance

Editado: 09.01.2019

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