Con sabor a Miel

Capítulo • 21

 

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Me mordía las uñas con frenesí y después de terminar sangrando del pulgar me di a la tarea de arreglar mi cabello en el espejo frente al cubículo de Diana.

Killian aguardaba en el interior de la sala de juntas tratando de convencer a los inversionistas de aplicar el proyecto en ese hotel.

Los Collingwood eran los dueños mayoritarios, pero siempre habían acciones compartidas que no le pertenecían del todo y por ello debían rendirle cuentas a un par de adultos demasiado viejos para apreciar una hamburguesa de chocolate o tacos de arcoiris, o mi favorito: el sushi de fresa con chocolate.

Cruzaba los dedos ensangrentados por que no tiraran el proyecto por la borda. Y teniendo en cuenta que era Rikan uno de los inversores, también cruzaba los dedos porque le diera un calambre en la lengua y no pudiera proferir palabra alguna en mi contra dentro de aquella junta. Total, ya había pasado un par de veces.

-Tranquila, todo saldrá bien, Killian puede ser muy convincente y está de tu lado -apaciguó Diana con una sonrisa amable-. Con eso ya tienes el medio camino ganado.

Yo no estaba tan segura. Rikan también solía ser bastante convincente cuando se lo proponía, solo teníamos que ver las tres estrellas Michelín en la pared y luego girar la cabeza a la mierda de cocina que se cargaba, dejando los platos sucios y las latas caducadas. Si eso no es saber mantener todo el desorden en perfecto orden, entonces había perdido la esperanza de encontrarlo algún día.

Cuando Killian apareció por el pasillo principal el alma se me fue a los pies.

Su cabello oscuro lucia ligeramente desordenado, como si en realidad viniera de darse una buena ducha y no de una junta de más de tres horas con un grupo de ancianos aristócratas. Sus ojos zafiro no expresaban ni un poquito más que su dura fachada. Era imponente pero imposible de descifrar. Tal vez era el traje el que le daba ese porte de autoridad, tal vez sin el no era más que un niñato jugando al hombre de negocios, pero entre sí y no, no quedaba más que someterse y esperar.

-¿Qué fue lo qué...?

-Señorita Kinsella, a mi oficina en este instante -ordenó pasándome de largo y cortándome en el acto.

La sangre se me fue a los pies, mi cordura amenazaba con volar a París en cualquier momento dejándome varada en aquel ambiente gris de las oficinas de los hoteles Collingwood.

Si no conseguía que el proyecto se llevara a cabo mi carrera terminaba, sin exagerar, la oportunidad de mi vida se habría esfumado por un desliz. Sería deliberadamente despedida, no podría usar el nombre de Rikan como referencia, no podría presentar mi proyecto como tesis y sobre todo, no podría seguir ayudando a Zac.

Le dediqué una ultima mirada a Diana, quien parecía mucho mas optimista que yo. Ella mostró los pulgares hacia arriba acompañados de una radiante sonrisa.

Forcé una sonrisa para Diana y entré a la oficina de Killian con el ánimo por los suelos.

Killian no estaba sentado, se mantenía de pie mirándome fijamente con expresión neutral.

De pronto se me ocurrió un mejor proyecto que el Food Porn y se trataba de vender caras y gestos a los Collingwood en unos frasquitos con formaldehído. Seguro me compraban más de tres, siendo así yo les regalaba otras tres si así lograba entenderles mejor.

Me planté frente a él y tomando fuerzas de flaqueza me obligué a mantenerme firme, incluso le imité e intente no mostrar expresión alguna.

-El proyecto comienza mañana mismo, comenzaremos con este hotel, si funciona bien dentro de una semana lo llevaremos al resto de los hoteles en el país, no puedo asegurar que llegue más lejos, pero...

-¿Qué dices? -susurré pasmada.

-¿Perdón? -preguntó Killian inclinándose hacia el frente.

-¿Qué dices?

Pareció entender con claridad en la segunda ronda. Sonrió levemente y asintiendo, aseguró:

-Aceptaron tu proyecto, Claire. No por unanimidad, pero...

No le dejé terminar, era mi turno de cortarle a medias.

Incapaz de contenerme, solté un grito de alegría y le eché los brazos al cuello. Estaba tan agradecida que apenas pude reprimir mi baile de la victoria, después de algunos años había aprendido que ese baile, además de causar pesadillas, sólo debía hacerlo con mi familia.

Killian rió y evitó que del salto me fuera de cara al piso, sosteniéndome fuerte de la cintura. Una razón más para estarle agradecida.

Cuando me aparté entendí que mí euforia no debía sobrepasar ciertos limites y esos límites implicaban, además de no echarle los brazos al cuello al novio de mi prima, no soltar a la loca psicópata que llevaba dentro frente al hijo mayor de los Collingwood, quien dicho sea de paso, también era mi jefe.

Carraspeé alisando mi uniforme de botones. -Lo siento.

-Tranquila ya he notado que algunas veces eres muy... Impulsiva.

Vaya, gracias

(-.-)

-En fin. Vas a tener que esforzarte mucho, Claire, como te dije no fue un resultado de unanimidad, varios ojos molestos ya están puestos sobre ti, así que...



Alejandra Kimella

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En el texto hay: humor, comedia, romance

Editado: 09.01.2019

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