Con sabor a Miel

Capítulo • 29

 

 

29.
LA FAMILIA ES LA FAMILIA

Una cena de negocios.

Nunca en la vida una cena de negocios me había puesto tan nerviosa y, considerando que la cena no tenia nada que ver conmigo, aquello era mucho decir.

Killian Collingwood y su madre iban a  negociar vete a saber qué con vete a saber quién en el restaurante después de su cierre esta noche lo que implicaba dos cosas: íbamos a quedarnos a trabajar horas extras sin paga y la escuela sería una tortura sin mis horas de sueño establecidas.

En fin, el trabajo y el éxito implican sacrificios, aunque esos sacrificios impliquen algo tan sagrado y majestuoso como el sueño de alguien.

—Bueno, como es una cena de último momento, los meseros y mis mejores chefs se han ido —anunció Rikan caminando de un lado a otro de la cocina.

Nos había formado en fila como un viejo pelotón de seguridad, aunque mas bien, con ese ir y venir, me sentía dentro de los hornos de Hitler. Estaba a nada de arrodillarme a suplicar por mi vida, cuando el hombre se puso de frente a mí. Sobraba decir que desde la pérdida de su bebé en forma de estrella y el buen acogimiento de mi proyecto en la linea de hoteles, nuestra relación no hacia mas que caer en picada.

—Y ustedes son lo único que me queda, así que no lo echen a perder... —Pareció pensárselo mejor—. O háganlo, quizá así Cora Collingwood entienda que el programa de becarios es una estupidez y me libre por fin de ustedes.

Los ojos le brillaron de excitación. La idea la hacia tanta ilusión, que no me habría sorprendido si de pronto comenzaba a elevarse por los aires al ritmo de un coro celestial clandestino.

—Haremos nuestro mayor esfuerzo —juró Aly haciendo una pequeña reverencia al inclinar su cuerpo hacia delante como hacia siempre que se le alteraban los nervios y tenía poco de ver algún programa coreano a media noche.

Rikan respondió haciendo temblar su labio superior como hacia siempre que... Bueno, como hacia siempre. Era su gesto patentado.

—Pónganse a trabajar, ¿qué esperan? ¿Quieren que les traiga una orquesta de apertura? —Aplaudió con firmeza, sobre saltando nos, obligándonos a despabilarnos y a poner manos a la obra en la cocina.

La señora Collingwood había pedido que les sorprendiéramos con nuestras mejores creaciones. Esa era la clase de comensales que adorábamos, aquellos que nos daban la libertad de mover nuestras manos y hacer magia como nos plazca, aquella era la parte del trabajo que mas se disfrutaba.

Mis manos se movieron con libertad, la magia comenzó a fluir, adoraba el sonido de la cuchilla al atravesar los pepinos, amaba el olor que me rodeaba cuando una buena ensalada estaba terminada, adoraba escuchar el sonido viscoso de la carne al caer sobre el plato, odiaba el sonido del aceite friendo comida, pero venia con el paquete... Todo era perfecto.

Una hora después, teníamos todos los platillos listos para servir. No era por presumir, pero habíamos creado solo manjares dignos de dioses. Teníamos talento y amaba poder compartirlo con mis mejores amigos, amaba haberlos cómo codo en la universidad y amaba profundamente el equipo y la complicidad que habíamos desarrollado con el paso del tiempo. Sin ellos la satisfacción laboral no seria la misma.

—Bien, repaso —comenzó Lizzy anotando todos los platillos en una pequeña libreta para mantener el control— Crispy Wrap bañado en coco tailandés, Rack de cordero con espárragos, cebolla roja y berenjenas a la parrilla, Wrap de Jicama con aderezo de chipotle, Escalopas de carne, Risotto de Quínoa, filete al horno, Crumble de salmón, pulpa de cerdo al horno, plateada al jugo crocante con puré, pollo asado con estragón, Wok de verduras salteadas, Bisque de camarones, cerdo al merquén, chapsui de pollo y albóndigas de carne de soya.

—Es demasiada comida, no van a terminar con todo, todos los platillos se repiten —acusó Aly decepcionada. Ella odiaba tirar la comida.

—Escribiría el listado de vinos pero me gusta conservar los dedos —dijo Lizzy guardando la libreta en su bolsillo.

El listado de vinos era ridículo, una ve Rikan nos pidió que hiciéramos un inventario, con aquellos exóticos y larguísimos nombres apenas pudimos volver a mover los dedos. Un vino más y habríamos terminado con ampollas peligrosas.

—Bien, tienen treinta minutos poniéndose al día —anunció Aly observando el restaurante vacío a través de la pequeña ventana circular en la puerta—. Parece que se están quedando sin tema de conversación y el protocolo indica que los negocios se hablan después de la cena cuando se trata de una cena de negocios así que mas vale que alguien salga a pedir ordenes especiales.

Me aprecia ridículo pedir ordenes cuando ya se había preparado lo que la señora Collingwood pedía, pero al parecer ni la lógica ni la humildad cabían dentro de las extravagancias de los millonarios.

—¿Un piedra papel o tijera? —sugirió Aly mordiéndose el labio inferior para mitigar su ansiedad.

No me gustaba la idea de dejar mi fortuna en las formas de mis dedos pero no parecía quedar otra opción, alguno de nosotros tendría que ir a hacerle frente a aquel grupo.



Alejandra Kimella

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En el texto hay: humor, comedia, romance

Editado: 09.01.2019

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