Confiésate

“Me tengo que confesar”

Una joven llamada Yubilet de 15 años y residente del condado de Santurce localizado en el estado de San Juan, Puerto Rico, tenía una pelea a muerte entre su orgullo y sus sentimientos

Una joven llamada Yubilet de 15 años y residente del condado de Santurce localizado en el estado de San Juan, Puerto Rico, tenía una pelea a muerte entre su orgullo y sus sentimientos. Estaba locamente enamorada de un compañero de clases cual casi no conoce. Todas sus amigas le decían: "¡Confiésate!" pero ella les decía que primero se confesaría con el cura del barrio. Un viernes del mes de abril, Yubilet visitó la parroquia María Auxiliadora localizada en el Barrio Obrero del condado de Santurce. Allí fue recibida por el Padre Alberto quien estaba a punto de dar inicio a la hora de confesiones.

"Padre tengo que confesarmee" – decía Yubilet

"Padre tengo que confesarmee" – decía Yubilet. – "Me gusta un chico de mi escuela, un compañero de clases, pero tengo una pelea entre el orgullo y mi alma."

"Hija mía, oremos por ti para que vayas y se lo digas al llegar a la escuela." – le decía el sabio sacerdote desde el confesorio. Yubilet le respondió con la letra de una canción llamada "Hoy quiero confesarme":

"¡Hoy quiero confesar que estoy algo cansadaaaa de llevar esta estrella que pesa tanto!" - Cantó Yubilet con un tipo de voz Mezzosoprano que hizo eco a través de toda la iglesia.

El sacerdote se mantuvo en silencio por unos segundos después de la poderosa interpretación de la joven. Le dijo que esa canción le parecía muy familiar. Yubilet le pidió al sacerdote que se olvidara de la canción y comenzara a orar por ella. Después de 5 minutos de plegarias, la joven continúo desahogando sus penas. Ella no quería decirle al chico lo que sentía por el para mantener el orgullo y porque si ella se confiesa primero, le daría más "fuerza" al hombre.

"Yo me tengo que dar importancia eso dice mi madre."

"Hija mía, dice la palabra que «Con el orgullo viene el oprobio; con la humildad, la sabiduría.» - Dijo el Sacerdote mientras le aconsejaba que no escondiera su amor por orgullo y se confesara.

"Ay Padre Alberto, si usted supiera que cuando el chico me dice bebé, corazón, mi amor, yo me pongo rojaaa. "- dijo Yubilet mientras sonreía colocándose sus manos en las mejillas. El sacerdote le preguntó a la joven estudiante porque estaba tan enamorada de ese joven. ¿Por qué le causaba tanto dolor de cabeza?

Bailando sola y saltando por toda la habitación, Yubilet le dijo al padre que ese chico fue un amor a primera vista. Cuando lo conoció el primer día de clases, de repente, de inmediato, algo ¡Wow! Ella sintió como si de cantazo veinte mil flechas le golpearan su corazoncito. «Boom Boom Boom» ella describía como latía su corazón aquella vez. A pesar de que el la vuelve loca de remate, Yubilet siente que debe darse su lugar como le aconsejó su madre.

"¡Debo darme a valorar ante todo!" Le decía ella al sacerdote.

El sacerdote le aconsejo que rompiera el orgullo porque después perdería la oportunidad. «No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué traerá el día.» le aconsejó el sacerdote. Yubilet prometió consultarlo con su almohada.

El lunes, Yubilet llegó a la escuela pensando en los consejos que le dio el padre Alberto. Vistiendo su uniforme nuevo y una flor roja en su cabello, caminaba por los pasillos de la escuela. Distraída pensando en su «Amorcito» no se dio cuenta que el chico venia caminando en dirección a ella. El chico, en vez de prestarle atención al camino, iba chateando por WhatsApp cuando tropezó con Yubilet. Ella no se había dado cuenta con quien había chocado.

"¡Perdón! ¡Perdón!" – exclamaba mientras miraba para el suelo. El joven alto, negro, de ojos verdes, le extendió su mano y le dijo que no había problema.

Cuando levantó la cabeza se dio cuenta que era el chico de sus sueños. Él tomó la mano de Yubilet y la ayudó a levantarse del suelo. Él le dijo que ella se veía hermosa con esa flor en el pelo. Le combinaba con el nuevo uniforme escolar.

"¡Ay, gracias!"- Dijo Yubilet mientras se sonrojaba y reía. Mirando hacia el lado no aguantó más y le dijo que cada vez que él le dice cosas bonitas ella se «sonrojaba como una boba». De repente, Yubilet se dio cuenta de su error y huyó. El chico corrió tras ella hasta alcanzarla en el centro del plantel escolar agarrándola por el brazo derecho. Ella, mirándolo a los ojos, le dijo:




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