Cool Kids

CAPÍTULO 10: ¿Qué Sucede Aquí?

Abrí los ojos y la luz me cegó estos, por un momento. Cuando pude ver nuevamente, noté que me hallaba en mi habitación. Mi puerta estaba entreabierta y escuchaba personas hablando abajo. La voz de mi madre la podría reconocer en cualquier lugar del mundo y en cualquier idioma.

Intenté levantarme, mi cabeza y mi espalda empezaron a doler como nunca lo había sentido. Y caí de nuevo, tendido, no después de dar un alarido. “Arghhh!”.

Rápidamente los murmullos de afuera de mi habitación cesaron y pasos subiendo por las escaleras, me advirtieron que alguien se aproximaba corriendo a mi habitación. La puerta se abrió y entró Victoria corriendo. 

- Nick ¿Estás bien? – se sentó en una silla que estaba al lado de mi cama. Mi mamá entraba a mi habitación en ese momento con un plato de sopa, lo dejó sobre mi mesita de noche y se sentó también al lado de mi cama.

- Sí, pero me duele todo… – dije apenas, queriéndome levantar nuevamente. Victoria me tomó del pecho, que por cierto estaba desnudo, y me volvió a echar.

- No puedes levantarte, el doctor dijo que mantuvieras reposo absoluto mientras sanas – dijo ella, mientras sentí que un pequeño escalofrío recorrió su cuerpo. Sus manos siempre estaban frías.

- Pero ¿Qué me pasó? – pregunté

- Fuiste a un edificio abandonado, parece que tuviste una alucinación o algo y te desplomaste por una de las ventanas, hasta el primer piso – Respondió Victoria rápidamente. Yo ya sabía que pronto mi madre me iba a preguntar que hacía en un lugar como ese.

- Que extraño, no recuerdo nada – pero en serio en ese momento no lograba recordar nada.

- Victoria, muy amablemente, se ha ofrecido a cuidarte – dijo mi mamá sonriendo y abriendo los ojos. Como diciendo que viera lo buena novia que podía ser para mí. Ni convaleciente, me dejaba en paz.

- Bueno, no es nada – dijo Victoria.

Todo esto era muy raro para mi, lo ultimo que recordaba era que me había disculpado de Victoria por haberla llevado al “edificio!”. Finalmente recordaba algunas cosas, como que habíamos visto a Tayly en el edificio, hacía unos días. Cuando Victoria desapareció y luego la encontré traumatizada.

Sentía mucha curiosidad por volver a ese lugar, estaba seguro de que Tayly volvería y por fin, podría averiguar que hacía allí, sentada esa tarde en el edificio. Iría tan pronto pueda moverme.

Sentía que mi cabeza iba a explotar. Pero no recordaba como había tenido el accidente.

Ellas dijeron algo sobre un edificio. Quizá si volví. ¿Pero por qué yo, ahora estaba así, tan maltratado? Habré quedado atrapado nuevamente en el edificio sin salida,  quizá salté por una de las ventanas? O ¿Quizá vi un fantasma? Esa podría haber sido una buena explicación de lo que habría pasado allí y por qué me dolía tanto la cabeza.

- Hijo tengo que ir a comprar algunas medicinas, y de paso iré al supermercado a comprar más comida – dijo mi mamá agarrando su cartera que se hallaba en una de las sillas de mi habitación – ¿Quieres que te traiga algo?

- No, no gracias, estoy bien, mamá.

- Victoria, haces que se coma toda la sopa antes que se enfríe!

- No se preocupe señora. Así lo haré – Victoria sonrió a mi mamá.

- Chau hijito – mi mamá se acercó a darme un beso en la frente – Y chicos ¡Pórtense bien, ah! ¡No quiero un nieto aún!

- ¡Mamá! – grité. No me gustaba que me emparejara con chicas, era como si todavía estuviera en kínder cuando ella decida todo por mí.

Yo estaba seguro de que Victoria querría aprovechar esta oportunidad. Para tratar de parecer mi novia.

Cuando mi madre se fue, hablé.

- Victoria, te importaría dejarme solo, me siento muy cansado – dije haciendo un bostezo fingido.

- Tu mamá dijo que terminaras tu sopa antes de volver a dormir – dijo ella sosteniendo la bandeja sobre sus piernas. 

Me tranquilizaba que ella no estuviera tan desesperada como la última vez que la vi,

- Está bien, pero solo un poco, ¿Está bien? – me levanté y me recosté contra la pared. Victoria me puso una almohada en la espalda.

- ¿Quieres que te de? – Dijo ella sosteniendo el plato en una mano y la cuchara en la otra.

- No, yo lo hago – me pasó el plato y tomé un poco. Realmente no tenía mucho apetito.

Uno de los rayos del sol que entraban por mi ventana dio a su alborotado cabello rojo que con la luz se volvió naranja. La miré fijamente por un momento y logré recordar algo. Recordaba haber visto un mechón de cabello rojo que me tapaba el rostro.

- Hey Victoria, ¿Cuéntame que pasó? – ella se puso un poco nerviosa.

- ¿A que te refieres?

- Pues ¿Qué pasó, ¿Cómo fue mi accidente?

- Mmm… ¿En serio no recuerdas nada?

- No, nada – Yo no mentía, no podía recordar más que su cabello.



Josemaría Yalán

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En el texto hay: amor

Editado: 16.02.2018

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