Crónica de las fronteras grises, libro 1: cocodrilo.

3-La calle.

El sol ya había recorrido la mitad de su camino en el cielo, cerca del templo de la flama eterna, una joven águila vestida con pantalón y chamarra de mezclilla sobre una camiseta roja, trataba de disimular la pena que sentía cuando los transeúntes cotidianos de la avenida que separaba al barrio sin nombre del resto del mundo, la volteaban a ver impresionados y no era para menos, pues era una ave muy bella (para otras aves, creo).

Se ajustó la ropa que le hacía sentir calor, había tenido que guardar la esfera de la flama eterna en su chaqueta, miro en dirección del templo, tenía miedo, jamás había salido a más de seis metros de él, búho siempre hacia las compras y ella tenía que quedarse a atender el templo-no te preocupes por esas cosas-le decía búho refiriéndose a los víveres-es mi obligación-.

El águila que siempre deseo estar afuera, sintió que el único lugar seguro, era el hermoso bendito e impresionante templo que con ojos llorosos contemplaba por primera vez en todos sus detalles, -es hermoso-se dijo jamás lo había visto por fuera.

Era enorme aunque no lo suficiente para ser templo, las cuatro columnas, dos a cada lado del portón, estaban llenas de imágenes de aves en aptitud de vuelo, gaviotas, ruiseñores, albatros, etc., el mármol era tan blanco y tan brillante que parecía nuevo, en lo más alto de la cúpula que coronaba al templo, alcanzo a ver a un búho y un águila que con sus palmas abiertas se tocaban las manos, se le hizo extraño que en la espalda del búho (pues era el que estaba en su dirección) vio una luna menguante, en todos los libros que había leído sobre los mitos y creencias de fronteras jamás había leído nada que lo explicara.

-niña tengo cinco minutos hablándote-la saco de sus pensamientos la bruja serpiente,-¡ha! si ya voy- águila corrió a donde estaba ella y ambas bajaron hacia el sur por la avenida del mar, en dirección del barrio sin nombre, el águila de vez en cuando volteaba para atrás y observaba el templo frente al mercado de las brujas (este es enorme, el águila no lo sabía pero la carpa de la bruja serpiente era una de las casi cien tiendas que había en todo el interior, era colorido y cargado de detalles, como papeles de colores colgados en todo el exterior anunciando las nuevas pócimas y conjuros, este mercado, una vez al año se iluminaba tanto y se llenaba de tanto ruido que no había ningún ser en fronteras que no fuera al gran carnaval que se daba ahí dentro, excepto los guardianes del templo frente a él).

A medida que avanzaban el camino describía una curva y al estar a desnivel, la perspectiva hacia parecer al mercado y a la iglesia como si fueran una sola, la cúpula del templo quedo encima del mercado haciendo parecer a el hogar de águila más impresionante, alcanzó a ver de pronto muy al sur, montañas color ocre y una pequeña hilera de humo que avanzaba frente a ellas, un muro de piedra que águila no notó hasta que le cubrió la vista, le hizo darse cuenta que la bruja ya no estaba.

Se paró asustada y miro a todos lados y dijo tímidamente al ver a unos gatos de colores opacos y ropas gastadas recargados en una pared, que la miraban con ojos verdes y brillantes, -¿bruja a donde te fuiste?- y miro al cielo, las nubes blancas le hicieron estar un poco más tranquila, si el águila hubiese sido humana se hubiera dado cuenta que estaba rodeada de basura, las casas y edificios que veía eran cajas enormes de leche y latas de refresco, (había una casa hecha de un reloj cucú cada que salían los habitantes, todos los vecinos se reían.)

Al bajar la vista, águila se vio rodeada de pequeños gatos que le pedían un trozo de algo que pudieran comer, ella no tenía nada y decía apenada volteando sus bolsillos:-lo siento pequeños, no tengo una sola moneda-los gatitos empezaron a revisar a el águila con sus pequeñas garritas, tocaban todo lo que pareciera una bolsa, mientras los adultos hacían un círculo alrededor de águila dándole la espalda a todo esto, el águila se defendía como podía, pues los gatitos empezaron a hacer un ruido bastante extraño para el águila, estaban furiosos quien sabe hace cuanto que no comían.

Cuando águila estaba a punto de darse por vencida, uno de los gatitos saco la esfera de la flama eterna y al tenerla en sus manos gritó:-esto debe valer mucho dinero- el fuego de la esfera se hizo rojo y cubrió al pequeño gato quemándolo levemente, este soltó la esfera y salto muy alto cayendo en cuatro patitas, lamiendo su costado derecho.

El águila sorprendida (ahora libre de los gatos pues se espantaron al ver esto) vio a la esfera rodar hasta la cola escamosa de la bruja serpiente, esta levantó la esfera que volvió a su color azul y dijo:-no te vuelvas a separar de mí-.

Todos ahí al ver a la enorme bruja (que quien sabe cómo aumentó de tamaño) retrocedieron espantados, pues al estar separada por más de cuatro metros de águila estiro su brazo hasta llegar al bolsillo de la chamarra de su amiga y guardó la esfera en el.



Locust

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En el texto hay: animales antropomorficos, brujas, un cazador

Editado: 19.01.2019

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