Crónica de las fronteras grises, libro 1: cocodrilo.

8-Realmente convencido.

El cazador y la bruja voltearon a ver a águila, ella apenada tapó su rostro con las manos, el cazador volteó a ver a la bruja mientras le decía:-recoge tu basura no me ensucies el cuarto-, águila lo miró muy enojada mientras la bruja serpiente se reía, águila se levantó sacudiéndose las plumas y se sentó de nuevo, todavía enojada.

-Y a todo esto ¿quién es ella?- preguntó el cazador al ver la cara de coraje del ave, -es una de los guardianes del templo frente a mi tienda- ahora fue el cazador el que rió, -¡cómo eres sacrílega!- exclamó-¿trajiste a una monja a mi infierno personal solo porque si?, esto va a ser muy bueno, pero ya déjate de tonterías y dime qué quieres-

  1. se sorprendió, ese extraño ser frente a ella había pasado de la risa a la más profunda seriedad en unos cuantos segundos, la verdad estaba un poco espantada.

Quiso saber por qué la llamó monja y a que se refería con su “infierno personal”, pero no dijo nada pues aún estaba molesta.

-necesito que ayudes a esta ave a encontrar a su amigo, un búho que fue secuestrado por Mauro.- la bruja sin esperar la obvia respuesta del cazador agregó-si la ayudas, matare al sapo.-

El cazador se levantó gritando:-¡no quiero que lo mates! eso lo pude haber hecho yo hace años- al levantarse dejó ver un poco de su rostro a águila, era completamente liso y sin ningún cabello, se notaba una parte de su nariz y sus labios, águila no supo explicarse la clase de animal que era, jamás había visto otro igual.

-Solo quiero saber cómo consiguió mis formulas y hacer que trabaje para mí- agregó dándose la vuelta y sacando una botella de un cajón de su escritorio.

-¿Formulas?- preguntó águila sin entender, no fue escuchada por ninguno de los dos extraños seres frente a ella, -el preferiría morir antes de trabajar para ti- dijo la bruja de pronto sin ninguna expresión en el rostro.

-¡Pues entonces yo lo matare, que no me falta con que hacerlo!- volvió a gritar el cazador dándose bruscamente la vuelta tirando la botella al piso que explotó en mil pedazos, cayendo un poco de su liquido en el dorso de la emplumada mano de águila, ella por curiosidad lo probó y el sabor le causo tanta repugnancia que solo pudo decir:-¡qué asco! ¿Qué diablos es esto?-, - se llama alcohol los humanos lo inventaron- le respondió el cazador con voz orgullosa, -le robé la fórmula de eso y del cigarro a un humano loco que de pronto apareció en Fronteras-.

Águila solo lo miró con desprecio mientras se decía en su mente: -¡pero qué tipo tan desagradable!- aunque no hacía falta que dijera nada, su cara lo decía todo.

-En fin, no importa- dijo la bruja –la ayudaras y yo te cumpliré el deseo que quieras-, el cazador, después de un largo silencio dijo:-no-.

La bruja serpiente, molesta ya de tanta necedad, se levantó y haciéndose más alta se acercó al cazador gritándole a la cara: -¡no entiendes todo lo que depende de esto!-, ¡eso le dijiste a gato-café y tuvo que largarse corriendo!- respondió el cazador, levantándose y poniendo un pie detrás del otro, cubriendo su cara con el antebrazo derecho y sosteniendo un pesado y enorme cuchillo en su mano izquierda.

Águila estaba paralizada del susto, solo podía ver la enorme espalda de la bruja serpiente y la mitad de la cara del cazador, aunque no podía ver el cuchillo que este sostenía, la mirada intensa de sus ojos y sus dientes descubiertos le hacían temer mucho por su propia seguridad.

-¡No me culpes por lo que hizo el gato! Yo no lo obligue a nada- le contestó la bruja, -lo presionaste para que aceptara, ¡él era mi único amigo!- le gritó el cazador cambiando rápidamente de mano su cuchillo y sacando de quien sabe dónde otro, ahora tenía uno en cada mano.

-¿Tú le llamas amigo cuando te llenaste de fama por su destierro, convertiste su restaurante en un matadero y su barrio en el retrete de Fronteras? No mereces llamarlo amigo, maldito gorila pelón.- le dijo la bruja burlona.

Esto fue suficiente para el cazador, que se lanzó con movimientos felinos hacia la cara de la bruja, ella, con una rapidez impresionante volteo su cara hacia águila y le dijo: -no te muevas-, y antes de que se diera cuenta el cazador, estiro su brazo hasta el techo y rompió con su verde puño el foco, al quedar todo a oscuras, le fue imposible a águila ver algo, solo escuchaba golpes metálicos secos y constantes, a lo largo de toda la habitación, lentamente sus ojos se acostumbraron lo suficiente como para distinguir dos sombras, una que parecía de goma, pues se estiraba más de lo que era físicamente posible, para intentar golpear a la otra que parecía por instantes disolverse en el resto de la oscuridad profunda, pero, cuando se acercaba a la sombra más grande, que debía ser la bruja pensó águila, está la arrojaba al otro lado de la habitación, para que después de un largo e inquietante silencio, comenzaran otra vez, así estuvieron mucho tiempo, una eternidad para águila.



Locust

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En el texto hay: animales antropomorficos, brujas, un cazador

Editado: 19.01.2019

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