Crónica de las fronteras grises, libro 1: cocodrilo.

17-Enfrentamiento.

Águila y el cazador caminaban tranquilamente con el atardecer a su costado hacia el barrio sin nombre, el cazador cargaba una pequeña y pesada mochila con cosas tan diversas como extrañas, cuando preparaba el equipaje, águila había preguntado que llevaría ella, el cazador no contesto, solo le arrojo una mochila grande (aunque liviana) con cobijas y cuerdas.

La mochila del cazador hacia un ruido metálico y casi imperceptible cada vez que caminaba, iba callado, metido hasta el cuello en sus pensamientos, águila se dijo por dentro: -¿Quién es este ser?, no hemos dormido casi nada y está fresco como una lechuga-.

Dieron la vuelta en el mismo sitio en que lo hicieran los cuervos, la encrucijada del barrio sin nombre, aquella que servía como punto de partida para casi todos los gatos que ahí vivían, aun a esa hora, el camino se encontraba muy transitado, pues era la hora en que los gatos iban o venían de sus trabajos.

El aspecto de estos seres, le causaron a águila el efecto contrario que le causaran a búho, en todos ellos era posible oír risas, pero eran obscenas y mal intencionadas, como si estuvieran por dentro llenos de odio, algunos, muy pocos, iban como el cazador, derechos, caminando rápidamente metidos en sus asuntos, águila noto que a pesar de sus gestos extraños, sus ojos tenían un brillo de inusual esperanza, se preguntó si los ojos del cazador brillaban igual, miro, pero el sombrero no le dejo ver su cara.

Así, caminaron hasta llegar a un lugar árido y solitario, de pronto el cazador paro y miro a su derecha, águila lo observo, impaciente, el cazador sin hacer caso de la molestia de águila, siguió caminando sin decir nada.

-¿Que viste?- pregunto águila, -creí oír algo- respondió el, águila ya no pregunto, supuso que no obtendría una buena respuesta.

-¿Qué es eso?-dijo águila mirando hacia la derecha, se refería a la montaña que aún se veía lejos separada de ellos por un largo barranco.

-La selva de azabache- respondió el cazador andando un poco más rápido, ya había comenzado a oscurecer, águila tenía miedo, pues no estaba acostumbrada a los ruidos del campo abierto, por instinto, trato de abrazar al cazador, pero este la empujo confundiéndola, pues era la primera vez que la trataba así.

El cazador, solo pensaba en que iba a hacer, pues siempre lo dominaban los nervios antes de enfrentarse a alguien y los dominaba obligando a su mente a sumirse en la tensión, estaba un poco loco este tipo.

El cazador, empezó a caminar extremadamente rápido, águila apenas podía seguirlo, pero no le importo mucho pues alcanzaba a ver una enorme y alejada plataforma de metal, que brillaba a la luz de las estrellas.

Pararon ante una pequeña casita de madera a orillas del barranco, el cazador se quedó mirando un largo rato y entro, era como si ya antes hubiera estado ahí, la casita era muy pequeña, sin ningún mueble, se veía frágil y quizás a punto de caerse, el cazador se hinco y con su mano izquierda recogió una bola de pelo gris, la observo largo rato y quitándose la mochila empezó a hablar consigo mismo, caminando de un lado a otro con la bola de pelo en la mano, águila miraba todo esto sin entender que pasaba, pero no le pregunto nada al cazador, pues sabía que no obtendría respuesta.

-Quizás debo de tomar esto en cuenta, este lugar hace tiempo que quedo fuera de servicio y aun así parece que estuvo ocupado hace algunas horas- dijo el cazador saliendo de la casita sin dejar de ver la bola de pelo.

-¿Qué es este lugar? pregunto águila –era una casa de rastreadores- le contesto el cazador que ya se había olvidado de ella.

Cuando volteo a verla después de decirle esto, se quedó callado y saco un cuchillo enorme de la parte de atrás de su cinturón, lo sostuvo a la altura de su cintura, con el filo en dirección de su cuerpo, águila se asustó bastante, trato de correr pero el cazador le susurro: -no te muevas- águila se quedó quieta –si te muevas te atacara-, águila abrió los ojos sorprendida y en el mismo volumen pregunto: -¿Quién, quien me va a atacar?-, -no preguntes y da la vuelta lentamente, cuando te diga ya, corres- águila asintió y dio la vuelta, como esperaba el cazador, una sombra se movió en lo alto de los árboles que estaban a la izquierda de la casita de madera, sonrió levemente, apretó el puño de su gran cuchillo y grito: -¡ya!- justo después de saltar lo más fuerte que pudo, águila corrió lo más rápido que le dejaron sus piernas, de pronto escucho un golpe seco a sus espaldas y cayó de bruces pues algo la había empujado, cuando volteo, el cazador tenía bajo su cuchillo un extraño animal oscuro que se revolvía furioso en el piso.

-Cálmate, sabes que lo peor que puedes hacer es luchar- le dijo el cazador sin alterarse, el animal se calmó, se escuchaba su respiración pausada en medio del silencio de la noche, águila se preguntó, sentada en el piso que había pasado, pues no había visto nada.

El cazador se levantó lentamente sin dejar de amenazar con su cuchillo al extraño animal, cuando la luz de la luna los ilumino águila pudo ver a una especie de gato amarillo, sucio de cara redonda y nariz muy chata.



Locust

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En el texto hay: animales antropomorficos, brujas, un cazador

Editado: 19.01.2019

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