Crónica de las fronteras grises, libro 1: cocodrilo.

26- Verdadera forma.

El cazador, gato café y águila, se quedaron sentados en la sala de bingo mientras que este iba al sótano por aquellas cosas que el cazador y gato le confiaran.

Gato café estaba aburrido, pues bingo se tardaba bastante y el odiaba esperar, el cazador por su parte se hundía en sus ideas, formaba planes en su mente para el momento en que pudiera enfrentar a los cuervos, águila pensaba en búho, quizás hasta ahora se había dado cuenta de lo que sentía por él, pero no sabía lo que iba a decirle cuando por fin lo volviera a ver y eso la ponía nerviosa, de pronto, los tres sin saberlo se habían puesto a pensar lo mismo, era muy tonta la forma en que habían actuado, el cazador había dejado un gran rastro de su paradero, gato café no se había tomado las cosa en serio y águila jamás había dicho lo que sentía, por primera vez sintieron miedo, conscientes de que tal vez iban hacia su muerte, cuando se miraron entre sí, entendieron que pensaban lo mismo.

El cazador pregunto: -¿seguros que quieren hacer esto?- gato café enseguida respondió: -sabes que no tengo nada que perder, si he de morir, es bueno que sea peleando al lado de un amigo-.

Águila no dijo nada, después de un rato de silencio en que los puros ojos cafés de gato y los violentos ojos negros del cazador la miraron sin dejarle esconder su temor, el cazador le dijo: -no tienes que venir, bingo podrá cuidar de ti- águila no contesto, se escuchó un ruido de metales detrás de ellos, y los tres se pusieron de pie, vieron a bingo cargando una maleta de regular tamaño, que puso en la mesita del centro de la sala, los cuatro se acercaron a la maleta y esperaron con impaciencia a que bingo la abriera, al hacerlo, el cazador y gato café tomaron rápidamente su contenido y se lo pusieron, eran armas.

Gato café tenía en sus patas delanteras, dos enormes garras de bronce, que brillaban a la luz del sol del medio día que se filtraba entre las ventanas, gato comenzó a reírse de una forma demente y de pronto rugió tan fuerte que tembló la casa y por un segundo su cuerpo se hizo más grande, hasta parecer el de un enorme y musculoso león color de bronce, pero como ya dije, solo duro un segundo.

El cazador por su parte tenía en su espalda una mochila cuadrada y de metal en la que cargaba cientos de puntas, que al conectar en el arma de su brazo hizo un ruido extraño, en el fondo de la caja habían quedado dos cuchillos rojos, que el cazador tomo con cierta emoción, al empuñarlos, soltó un tajo que se alargó hasta cortar la maleta y la mesa frente a él con un extraño brillo rojo, guardo los cuchillos en la funda de su espalda y salió de la casa seguido por gato café.

-¡Esos dos asustan!- dijo bingo a águila que se había quedado sin palabras, -quien sabe que tan fuertes sean ahora, pero aunque fueran como los demonios, no sé si sobrevivirán- águila sintió como si despertara con esas palabras, si ellos dos morían, también moriría búho, corrió lo más rápido que pudo para alcanzarlos, brillando levemente por la fuerza que la lagrima eterna le daba, dejando a bingo en la puerta de sus casa, sonriendo con los brazos cruzados deseándoles suerte, mientras nubes de tormenta se acercaban por el este.

- esa tormenta caerá hasta el atardecer- se dijo bingo, dio la media vuelta y entro a su casa y se quedó sentado en el sillón, con la esperanza de que volvieran.



Locust

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En el texto hay: animales antropomorficos, brujas, un cazador

Editado: 19.01.2019

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