Crónica de un amor delirante

Día 5

Mucho habría de pasar hasta ello y justo es volver a la insipiencia de este sentir redescubierto cuando el cariño y el amor se revolvían en un torbellino confuso, solo por un especial apego se ofrecía el catálogo de la amistad que compartíamos. ¿Por qué era tan especial? Muchos amigos tenía, quiero creer que un los tengo a pesar de que descubrieran en mí un monstruo, donde quieran que estén si esto leen que se enteren cuánto los aprecio y agradezco lo que han hecho por mí a lo largo de los años soportando las peores versiones de mi carácter inconstante y manipulable que tantas veces los hizo blanco de un infundado juicio, pero conmigo han estado siempre sin embargo y ahora que las brumas se han disipado de mi mente dejándome al fin ver claramente desde el apartado de mis errores, puedo verlos otra vez en la calidad que merecen y discúlpenme por toda palabra y obra que mi idiotez les cediera injustamente. Mas Juli era diferente a todos ellos y aunque el tiempo que nos conocíamos fuera solo una fracción de las vivencias compartidas con los demás, había ganado de ella una singular confianza capaz de hacerme soltar todas aquellas cosas que a nadie más había dicho, que nadie conocía aunque bien supongo que no era necesario hacerlo pues la contemplación para conmigo alcanza para desentrañarme con certera precisión sin necesidad de palabra alguna.

Oficialmente de mi boca no había hecho ninguna confirmación de lo que les ofrecía solo una acertada sospecha. Nunca fui demasiado propenso a hablar de mis cosas, siempre procuré la superficialidad por necesaria impronta con la futilidad de una sonrisa y un animoso talante, acaso la profundidad de toda plática provenía del interés que demostraba a otros, poco convencido de ser de la misma forma correspondido, mas solo mía era la culpa de poco pecar de egoísmo en cuya forma primigenia e inofensiva no es más que el concepto del amor propio. ¿No lo creen así? Pero tantas veces, y no por amigos precisamente, he sido abochornado y más de parte de mi propia familia el talento forjado para ocultar cuanto hace la esencia del propio sentir por las que siempre fui considerado un loco, la negación por defensa y el silencio que no hace desaparecer las voces que sin soltar al exterior dentro de uno se compactan alimentando una bomba de tiempo. Una inocente mentira, una sonrisa y la prueba de que todo está bien aunque así no lo fuera, cuántas cosas hube de mantener ocultas con el paso de los años, en su mayoría nefastas y siempre propensas al recuerdo con que una vez más soltaban la estocada.

En verdad me resultaba muy difícil desafiar mi propia reserva, el que al cabo descubriría tan dañino y tan pesado, encierro que ahora entre estas paredes selladas ya no me niegan la expiación de mi conciencia. Fue Juli quien me permitió romper los candados de mis arcones y la explosión de tanto residuo comprimido destruyó el recipiente donde mi verdadero yo era prisionero y me hizo libre para expresarme sin miedo ni vergüenza, facto que a ustedes hoy beneficia si encontrar en mí reparo a desenvolverme con la sinceridad de una acción sin culpa. ¿Cómo logró esto? De tan sencilla forma que nadie contempla y en tener oídos para oír algo más que su propia voz. Después de tantas horas de hablar banalidades, de a poco fuimos presentándonos el uno al otro y en ella fui encontrando algo que tantos otros no poseen y esto era una particular comprensión y una sensibilidad especial que infundía de la intimidad suficiente para sacar lo peor de uno sin temor a la burla o al menosprecio que entre mis allegados nunca había sentido por notoria virtud y llenando de sus propias voces el espacio por el que uno tiende a explayarse, pronto te ves acobardado y se crea el orificio ideal para que huyan de la conversación sin importarles cuánto les estabas diciendo.

¿Acaso es tan difícil mantener la boca callada? ¿Acaso es demasiado pedir un momento neutral en sus conceptos donde poder revelarse uno en sus vértices más sensibles y rara vez agradables sin el resguardo a ser tachados o corregidos bajo las escalas de sus propios criterios? Una pequeña astilla no deja de ser precisamente la razón de un conflicto de gigantes proporciones, no hay paralelismos entre los problemas de uno y otro y era atenerme a ello de hacerles saber mis hondas afecciones. Hay quienes te alientan con conceptos inverosímiles que bien se ajustan a sus propias formas, mas a veces resulta el empleo de un abanico para apagar un incendio; peor aquellos que miden tus dolencias a la de ellos mismos desprestigiándolos a la par de lo que consideran una verdadera crisis, casualmente la que a ellos más afecta y al hacerse víctimas de una magnitud sufrida dejarte al margen de alguien que se queja sin motivo. ¡Cínicos, hipócritas y desalmados!

Otros que concluyen y te señalan acusándote de ser vos mismo el problema, que eres responsable de lo que sucede y que salir de él solo de uno depende: razón tienen en cierta medida, mas si fuera tan fácil como lo plantean no sería un problema ¿No les parece? “Tienes que hacerlo como yo he hecho”; “Mira lo que a mí me pasa”; “Todo está en tu cabeza”. ¿Cuántas veces habré oído esto? No me atrevo a dar una cifra sin volverme absurdo. Ante semejantes ejemplares, tan faltos de sentido y solidaridad, en nada inspira sacar afuera cuanto nefasto en uno se esconde. ¿Verdad? ¿No conviene más quedar callado?

Juli era diferente como ya dije y entre tantos necios que de mí no conquistaban la liberación de los oscuros cuervos que picotean el alma, a medida que la iba conociendo supe que podría comprender todo cuanto de mí se mantenía cautivo, que no me juzgaría y no haría causa de burla cuanto pudiera confesarle, la parte velada de mí, una sombra más grande que yo mismo, aunque en un primer momento el resguardo de la distancia me alentaba a la apertura de mis broqueles, quizás de haber estado frente a ella mi valor se hubiera visto disminuido y nada habría sido capaz de enterarle. Pero sin este contacto la vergüenza no se percibía como tal como en el falso aislamiento de un confesionario de la iglesia y tras la maya que separa del confesor todo se oye sin la perversión de una imagen intimidante, el temor a una mirada acusante, mas frente a los secretos uno puede ser tal pequeño y al revelarlos es al otro a quien se dota de poder haciéndolo enorme frente a la propia miseria que hace de una fiera un inocente cordero.



Dasky

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En el texto hay: tragedia, amor, suspenso

Editado: 20.12.2020

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