Crónicas de un soñador Il

Brujas

 

Aproximadamente eran las dos horas. Acababan de llegar a su casa y allí esperaba, sentado en el suelo recargado en la casa de en frente, Yue. Tenía la cabeza gacha y dibujaba algo con su dedo en el frío suelo. Se bajó del vehículo de su amiga y se encamino hasta el pelinegro, que al escuchar sus pasos le miró y no pudo contener una sonrisa.

—¿Qué haces aquí? —, preguntó.

—Esperándote... —Contestó Yue torciendo la boca.

—Ahora regresó—, se metió a su casa.

Mientras tanto Yue, observaba a la chica que estaba en su vehículo observándolo con cautela. Sabía los planes de la otra joven, pero nunca los ha tomado en cuenta y ni siquiera tiene pensado hacer algo para que ambos tengan una comunicación más cercana.

—Cuídala—, dijo.

—No necesito hacerlo, sólo porqué me lo pides. Sí yo estoy aquí es porqué yo quiero; no porque me den ordenes. —, contestó el joven con seriedad.

—Nos vemos—Respondió la chica y puso en marcha su vehículo perdiéndose en las luces de la ciudad.

Segundos después, Lyla salió de su casa; preguntó por su amiga y Yue le contestó que ella se había ido.

—¿A dónde vamos a ir? —, preguntó dudosa. Sabía que aquel individuo no se encontraba ahí para hacer una visita.

—Te encontraste algo ¿cierto? —Lyla, sonrió. Luego sacó un pedazo de papel blanco del bolsillo de su pantalón.

—Me encontré esto, —Yue estiró su mano para tomar el papel.—“Cuando la estrella del cielo se encuentre con la de la tierra, aquella persona tendrá que volverse a unir. Se esconderá e impedirá que le quiten su alma a cambio de la puerta. Entre la tumba ha de buscar el camino para...”

—Parece una profecía. —, comentó Yue.

—No entiendo a qué se refiere.

—Hay que averiguarlo.

 

***

Llegaron a un pueblo a una hora de camino de su hogar. Eran casi las tres de la mañana, esa hora le aterraba pero Yue le había dicho que al estar con él no tenía nada que temer.

—No quiero que me cuides.

—No lo hago porque me lo digan.

—¿Por qué?

—Quiero estar contigo—el mayor sonrió. La chica suspiró vencida. Si los demás llegarán a enterarse que ambos estaban buscando algo peligroso, la pasarían mal. Mientras caminaban inspeccionando el lugar que estaba muy deshabitado y oscuro, escucharon el llanto de una niña; buscaron la ubicación de aquel lloriqueo fantasmal.

—¿Un fantasma?

—No lo creo, —la tranquilizó Yue—Mira. —Apuntó a una niña que estaba en cuclillas; la luz de la luna llena les permitió ver que llevaba un conjunto de sudadera y pantalón color rosa. La pequeña tenía el cabello largo y rubio recogido en una trenza. Caminaron hasta ella; Lyla se puso a la par y le tocó el hombro.

—¿Estas bien? —, preguntó. La pequeña se estremeció y con un hilo de voz respondió que sí. —¿Que haces a esta hora fuera de casa?

—Tengo miedo—dijo la niña. —Las brujas dijeron que vendrías.

—¿Quién? —, miró a Yue asustada.

—Yo sé dónde está la otra parte del papel que encontraste...

—¿Cómo lo sabes? —La niña se encogió de hombros.

—Mira en dónde estamos paradas. —Lyla se levantó y Yue se hizo a un lado, los dos miraron bajo sus pies y pudieron ver una tumba cubierta de tierra.

—No puede ser... —, comentó Yue chasqueando los dientes. —Quédense aquí. —El joven comenzó a caminar, los tres escucharon risas espeluznantes en la oscura noche.

—Son ellas, —dijo la pequeña aterrada. —Tienes que hacerlo.

—¿Hacer qué? —Lyla deglutió asustada.

—Completar la profecía... —La niña le mostró la tumba y en ella leyó:

 

“Cuando la estrella del cielo se encuentre con la de la tierra, aquella persona tendrá que volverse a unir. Se esconderá e impedirá que le quiten su alma a cambio de la puerta. Entre la tumba ha de buscar el camino para que la Luna ilumine la estrella que podrá salvarla.”



Kashi Excalibur

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En el texto hay: vampiros, lobos, zombis

Editado: 05.04.2018

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