Crónicas de un soñador Il

Milo

 

Al héroe le llegó la carta. Había contestado invitándola a una fiesta; aceptó, porqué llevaba tiempo sin ver a su padre, sus tíos, sus hermanos y al que echaba de menos: Aram. No quiere decir que Milo, llegó en el momento indicado, tal vez estaba equivocada, sin embargo llevaba más tiempo sin ver a su héroe.

Lo había visto en un sueño y ahora, estaba en la puerta de la casa. Vio la dirección otra vez esperando estar en el lugar correcto; ella había estado ahí en una ocasión pero no recordaba cuando. Sólo sabía que detrás de esa pequeña casa, había un lago y muchos árboles.

Llamó a la puerta negra de acero. La fachada de la casa era vieja y estaba pintada de azul claro, que por cierto, ya estaba descarapelándose y podía observarse el cemento y el ladrillo en algunas partes. No esperó mucho tiempo cuando la puerta fue abierta.

—Busco a Milo—, dijo mientras comenzaban a temblarle las rodillas.

—Él está al fondo—comentó el hombre que abrió la puerta y la invitó a pasar. Se adentró, las personas que veía bailando y tomando bebidas eran completamente desconocidos para ella, incluso, juraría que para Milo también lo eran. Lo único familiar que había en ese lugar era la música, un grupo de Rock/Pop; uno qué escuchaba en el tiempo que conoció a Milo. Sonrió para sí y comenzó a cantar la canción. Una persona le ofreció una bebida y la tomó.

—Gracias—, levantó la cabeza. Era él. ¿Cuánto tiempo llevaba sin mirar esa hermosa sonrisa torcida? Esa mirada traviesa verde miel. Resumiéndolo ¿cuántos años llevaba sin ver a Milo?

Hizo un ademán para que lo siguiera, esquivaron personas, vasos en el suelo, más personas hasta llegar a unas escaleras color blanca de fierro, de esos escalones que cuándo vas pisando un escalón mueve toda la estructura y te tambaleas pensando que caerás al suelo. Si no les pasa a muchos, a ella sí.

—Pensé que no vendrías, —Milo comenzó a bajar por las escaleras.

—¿A dónde vamos? —, preguntó terminando su bebida y siguiéndolo.

—Sólo tomaré un baño… ¿Quieres venir? —, el giró la cabeza para verla.

—Hace frío.

—Me gusta el frío.

El lago ya había invadido una parte de la casa, pudo ver el agua cristalina mojando los escalones blancos; mientras tanto Milo se quitaba la gabardina de color caquí, luego la sudadera, la playera…se detuvo para quitarse los zapatos y los calcetines, después prosiguió con los pantalones.  No pudo contener la risa ¿En serio estaba viendo a su héroe desvestirse frente a sus ojos? Él se giró y levantó el ceño.

—¿Qué pasa?

—¿Vas a tomar un baño en agua fría?

—¿Por qué piensas que está fría? —, comenzó quitarse los calzoncillos.

Se sonrojó. Él se desvistió, estaba de espalda; pudo ver sus hombros  más anchos, su espalda más fornida y sus glúteos…era atractivo.

—Si cambias de opinión aquí estaré, —Milo le dio su ropa; por otro lado ella no pudo evitar reír y sonrojarse. Uno se lleva sorpresas después de ver a las personas que conocías años después.

Suspiró y vio a aquel hombre nadar en el lago; era perfecto.

 



Kashi Excalibur

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En el texto hay: vampiros, lobos, zombis

Editado: 05.04.2018

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