Crónicas de un soñador Il

Escape

 

Ya era el decimoquinto día qué dormía tras cuatro muros. Su cama era muy incómoda porqué el colchón era de resortes. Se merecía aquel castigo, puesto que quince días atrás intento escapar del lugar dónde está. Aún no entendía cuál fue la decisión que había tomado la persona que la llevó ahí en primer lugar. Pensaba una vez más en la venganza, pero sabía que no iba a funcionar; así que ideo intentar escapar nuevamente cuando saliera de esa habitación.

La volvía loca sólo mirar muros de color blanco, sin una ventana y sin luz. Salía de allí sólo cuando tenía que ir al baño; momento que aprovechaba para poder relajarse. Sólo comía una vez al día, era horrible, pues estaba acostumbrada a comer tres veces por día. Sentóse en la cama y vio hacia el muro, faltaba poco tiempo para salir de ahí, primero, tenía que convencer a su psiquiatra otra vez, que había aprendido la lección y que no volvería a intentar un escape, después tenía que desaparecer y volver a casa.

La puerta se abrió y volteó hacia el as de luz. Sonrió de medio lado al ver que se trataba de su psiquiatra.

–¿Lista para salir Lyla? –, preguntó la mujer. Era muy agradable, tenía una sonrisa muy encantadora, ojos verdes, piel blanca…su cabello castaño caía en melena, llevaba una carpeta en el regazo. Sólo afirmó con la cabeza y la psiquiatra se hizo a un lado para permitirle salir.

–Antes de volver a tu pabellón–, dijo. –Tenemos que retomar las condiciones que se te han otorgado.

–Bien–Lyla salió por la puerta. Inspeccionó todo lo que la rodeaba, los guardias, los psiquiatras, enfermeros, internos, psicólogos. Cuando veía a un psicótico cerca se asustaba; algunos eran tan sensibles que no podía disimular el miedo que la invadía. A ella la habían diagnosticado cómo psicótica, lo sabía aunque nunca se lo dijeron. Nunca preguntó, tenía conocimientos previos de la “salud mental.” Incluso podía afirmar que en su expediente tenía esquizofrenia paranoide. Eso le daba puntos menos; la medicaban, y por razones naturales los narcóticos no le hacían el efecto deseado, por lo tanto tenía que fingir los efectos del medicamento, tuvo que estudiar a sus compañeros de pabellón, si es que estos no estaban en sus habitaciones. Pero ella les diría “celdas”, porqué para ella eso era y sabía por qué estaba ahí.

Lo irónico de su estancia allí fue que el vampiro de la espada de fuego también fue internado. Por lo tanto se mantenía fuera de su alcance para que no supiera que ella andaba por ahí. Lo que hizo que formara preguntas en su mente: ¿Los vampiros era diagnosticados con esquizofrenia paranoide o estaban tan mal que sus asesinatos eran por su desfragmentación?

Le dio risa el imaginar cómo fue que esa criatura estaba allí, seguro que era por sus juegos o en el peor caso, él ya sabía su paradero. Sí la segunda opción era cierta, con más razón debía escapar de ahí y fue por eso que lo intentó.

Caminó pues, con su psiquiatra y anduvieron por pasillos que Lyla desconocía e incluso por pabellones que apenas conoció. El lugar estaba más descuidado que los otros pabellones y comenzó a sospechar.

–¿A dónde vamos?

–Al patio–, contestó la castaña. –Te mostraré las nuevas actividades que puedes realizar.

Y así cómo lo dijo, le enseñó a la fémina las actividades a realizar, estaba el taller de pintura dónde una paciente dibujaba una flor con pétalos rojos y el centro amarillo y por último el tallo color verde. Le recordó a los dibujos de flores que ella hacía cuando niña. Luego la llevó al gimnasio, cosa que le sorprendió, tenían un gimnasio de básquetbol. Esto le agradó tanto que el plan B se le plasmó en la mente.

–Me gusta el basquetbol–, sonrió.

***

Era el día, ya lo había esperado una semana. Aparte de su espera tuvo una sorpresa al día siguiente qué la habían llevado gimnasio, cuando salió sin previo aviso, Midori estaba ahí. Iba a gritar su nombre y correr a saludarla cuando su vieja amiga, le señaló con el dedo que guardara silencio; obediente, Lyla se acercó a ella con sigilo y despistadamente hizo la pregunta:

–¿Qué haces aquí?

–Vine ayudarte.

–¿Por qué? –preguntó sorprendida.

–Muchos te queremos afuera, –Midori sonrió, caminó a su lado y al pasar cerca le susurró que siguiera con el plan.



Kashi Excalibur

#18498 en Otros
#6565 en Relatos cortos
#13579 en Fantasía
#5920 en Personajes sobrenaturales

En el texto hay: vampiros, lobos, zombis

Editado: 05.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar