Cruzada de sangre - Linajes

Capítulo 6

Caminé dubitativa por el jardín, es de noche, la Luna llena aleja la oscuridad en su totalidad, mi inquietud sobrepasa el miedo a la oscuridad que sigue persiguiéndome como recuerdos imborrables de los calabozos de Marcos. Entrecierro los ojos intentando entender lo que Víctor quiso decir con " si Cat no cambia su ingenuidad la van a matar" no puedo negar que las circunstancias actuales se alejan mucho de la paz y tranquilidad que tanto anhelaba y que tan poco duro luego de derrotar a Samanta.

 

Tomo asiento en una banca mientras algunas luciérnagas revolotean por los alrededores posándose sobre las flores que hay en el jardín.

 

—Murgatroyd fue muy dura —exclama una suave voz femenina y conocida.

 

Sorprendida me giró hacia el lugar de donde viene la voz encontrándome con Natalhy, la vampiresa lleva una sombrilla blanca y un largo vestido tono crema apareciendo en medio de la oscuridad.

 

Cualquiera que no la conociera pensaría que está en frente de una imagen sobrenatural, su piel tal cual porcelana, contracta con la oscuridad que la rodea dándole un aspecto fúnebre e inquietante, además con su largo vestido y su sutil caminar pareciera que estuviera flotando y no caminando a través del húmedo pasto.

 

—Como siempre —sonrío alzando los hombros y luego detengo mi mirada en la Luna antes de suspirar—. Pero no estoy así por Murgatroyd.

 

—¿Que pasa entonces? —cerró su sombrilla sentándose a mi lado con curiosidad.

 

—¿Qué me falta mucho para ser una vampiresa como tú? —le pregunté.

 

Abrió los ojos sorprendida, es claro que no se esperaba esta pregunta, antes de reírse. Su ruidosa risa, incluso podría decir intimidante se repitió como ecos perdidos en la oscuridad del jardín.

 

—Te diré lo que una vez me dijo una mujer humana, no siempre es bueno pisar las huellas que otros han marcado en la arena, aun cuando al hacer tus propias huellas puedes equivocarte de camino esos errores son las armas que forjaras y te acompañaran toda la vida.

 

Fijé mi mirada en su sereno rostro, sus palabras no dejan de ser ciertas, sin embargo, no son consuelo para lo que siento. Bajó la cabeza y luego pierdo mi mirada en las luciérnagas que no dejan de revolotear al costado del jardín.

 

—Una mujer interesante —susurró Natalhy con misterio antes de ponerse de pie—. Lástima que murió de una forma tan cruel ¿Me acompañas?

 

Quisiera preguntarle porque dijo eso, más con aquella expresión de rencor que se dibujó en su rostro al decir esas palabras, pero pronto sonrió instándome a seguirla.

 

—¿A dónde vamos? —pregunté inquieta notando como sonríe con cierta maldad ¿Qué es lo que se propone?

 

Me tomó del brazo obligándome a poner de pie. Avanzamos en silencio por el oscuro paisaje, camino con lentitud mientras la vampiresa no deja de sonreír animosamente, parece ansiosa por llegar pronto a nuestro destino. Los ruidos de algunas aves rompen con la monotonía y cierto encanto del oscuro jardín nos empezó a hechizar. Natalhy me soltó del brazo alejándose a un par de metro dándome la espalda, dubitativa no supe si seguirla o quedarme ahí, cuando en eso presintiendo el peligro tomando la daga Aeternus sin pensarlo deteniendo con la hoz el ataque de la vampiresa. Abrí los ojos sorprendida ¿Natalhy acaba de atacarme? Viendo como su rostro muestra tal ansiedad de sangre que es sobrecogedora. No se detiene y vuelve a atacar, pero esquiva la hoz y dándome un golpe fuerte en la muñeca provoca que Aeternus caiga para aprovechar a atacar en forma directa, pero sostengo sus manos entre las mías y nuestras frentes choquen con rudeza haciendo que ambas perdamos el sentido por unos segundos, mientras asomamos los colmillos amenazantes, al darme cuenta que planea usar su sombrilla para atacarme en el pecho levanto mi pierna dándole un rodillazo en el estómago que la obliga a retroceder de inmediato, momento que aprovecho a tomar la daga en mis manos dispuesta a defenderme. Justo a tiempo deteniendo el ataque de Natalhy que ha usado su peligrosa sombrilla como arma dejando ver las dagas que se asoman escondidas entre sus pliegues.

 

—Interesante, mi joven líder —sonríe pasando su lengua sobre sus labios con gesto libidinoso.

 

—¿Qué está pasando contigo? —le pregunté sin soltar a Aeternus en posición defensiva.

 

—Desde que te conocí ansiaba un día llegar a esto, pelear contigo es lo que he soñado por mucho, cuanto quisiera beber esa sangre —habló avanzando con actitud amenazante—. ¡He aguantado todo este tiempo mis ganas de matarte!

 

Retrocedí ante el ataque, pero solo para darle tiempo a mi daga en transformarse en la hoz y detener la sombrilla, un solo golpe más y golpeé su muñeca con la empuñadura de mi arma haciendo que su sombrilla se soltara de sus manos. Pero aquella no pareció abrumarse al verse desarmada, se resbaló por debajo y levantó su puño dispuesta a golpearme en la barbilla. Esquivé el golpe solo a centímetros. Y le devolví el golpe, pero fue capaz de detenerlo con su mano. Nos contemplamos con rabia mutua.

 

Pero Natalhy de repente sonrió con amabilidad y luego se rio.

 

—¿Lo ves? Has avanzado mucho —se alejó dándome la espalda. La contemplé anonadada.

 

Se introdujo más al interior del jardín y me apresuré en seguirla aun cuando no dejó de pensar que de verdad sentí que quisiera matarme, aun no logro entender del todo a los vampiros y esas actitudes extrañas en ellos, aunque Natalhy fue una de las pocas que siempre me trató con amabilidad. La seguí en silencio hasta que miles de luciérnagas que giraban en el lago me detuvieron, admirada alcé la cabeza ante el bello paisaje frente a mis ojos. La Luna brilla en las aguas tranquilas de aquel lago, y las luciérnagas tal como estrellas vivientes parecen disfrutar ver su propio reflejo. Noté a la vampiresa observando a las quietas aguas de la laguna con una expresión melancólica.



A.L. Méndez

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En el texto hay: vampiros, cazadores, cruzada de sangre

Editado: 21.04.2021

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