NICK
Mi chica se había graduado. No podía evitar sentirme el hombre más
orgulloso del mundo, no solo estaba buena sino que, joder, era
increíblemente lista. Había acabado el curso con las mejores notas, las
universidades se la habían rifado, y finalmente había decidido ir a mi
universidad, aquí en Los Ángeles. No sé que habría hecho si se hubiese
vuelto a Canadá, cosa que en un principio había sido su intención,
aunque al final había terminado por quedarse aquí, en la ciudad.
La verdad es que no veía la hora de que se mudara a mi piso, aún no se
lo había dicho, pero mi intención era que se viniese a vivir conmigo.
Estaba harto de tener que soportar todas las malditas restricciones que
nuestros padres no habían dejado de imponernos nada más empezar a
salir.
Desde el secuestro de Noah, su madre se había vuelto completamente
paranoica, y no solo eso sino que ambos, mi padre y Rafaella habían
empezado a demostrar lo poco que les entusiasmaba que ambos de sus
hijos estuviesen saliendo juntos. La cosa se había ido enfriando poco a
poco y ahora que ya no vivía con ellos, en vez de que todo se
normalizase, como yo había supuesto en un principio, había ocurrido
todo lo contrario. Apenas dejaban que Noah viniese a mi casa, es más ni
si quiera dejaban que se quedase a dormir, habíamos tenido que
inventarnos todo tipo de gilipolleces con tal de poder estar juntos sin
interrupciones.
A mí me daba prácticamente igual lo que mi padre o su mujer tuviesen
que decir, ya era mayorcito, tenía 22 años y pronto cumpliría 23, haría
lo que me diese la real gana pero no era lo mismo para Noah. Era
consciente de que llevarnos cinco años iba a suponernos varios
problemas de cara al futuro pero nunca pensé que me causarían tantos
putos dolores de cabeza.
Había sido cuidadoso con Noah, entendía que era joven, aún era una
adolescente, pero cuando estaba con ella no lo parecía ni de lejos. Noah
había tenido que vivir experiencias que nadie de su edad se había visto
obligado a sufrir y eso había dejado una marca en ella, una madurez
que a veces ni yo tenía; aunque la verdad, ahora que había cumplido
dieciocho años, esperaba que las cosas cambiaran. Su madre iba a
tener que dejarse de tantas tonterías. Odiaba estar lejos de ella y cada
vez teníamos menos ocasiones para pasar tiempo juntos.
Yo estaba terminando mi carrera y quería independizarme de mi padre.
Joder, no se me daban nada mal los negocios, era un as con las matemáticas, siempre lo había sido y me interesaba entrar en el sector
financiero de Leister Enterprises. Ahora estaba haciendo las prácticas
en otra empresa, la nueva que mi padre había abierto hacía nueve
meses; sabía que el derecho era primordial en la empresa pero mi padre
había empezado a invertir años atrás en varios sectores que aún
estaban en pañales; si me dejaba la dirección de la empresa podía
sacarle partido, sabía que podía hacerla prosperar, pero él no confiaba
en mí, me cedía ciertos poderes y responsabilidades a paso de tortuga, y
con cuenta gotas y estaba harto. O me dejaba dirigir la empresa de aquí
a un año o iba a empezar por mi cuenta y desde cero, era totalmente
capaz.
Ya no me quedaba nada para licenciarme en derecho y el máster de
finanzas y contabilidad me lo había empezado a preparar por mi cuenta.
En cuanto rindiera los exámenes, cualquier empresa iba a desearme
tener entre sus filas así que más le valía a mi padre dejarse de de tantas
mierdas.
Bajé del coche después de varios minutos de reticencia y me acerqué a
la puerta de la casa de mi padre. Aún tenía la llave y entré sin llamar.
Iba a llevar a Noah a cenar, para celebrar que mañana se graduaba,
sabía que iba a estar súper liada, con la fiesta que sus clase organizaba
y su madre quería también cenar con ella después de la ceremonia, por
lo que o salíamos hoy o otra vez iba a tener que compartirla con todo el
mundo. Sabía que sonaba egoísta, pero la quería para mí, solo para mí.
Estos últimos meses, con todas las chorradas del colegio, yo viajando a
San Francisco y las trabas de nuestros padres no había pasado ni la
mitad del tiempo que había querido estar con ella. Todo el tiempo que
pasábamos separados terminaba influyendo en mi forma de interactuar
con Noah después.
Quería ser un buen novio, tratarla con dulzura y con respeto, como se
suponía que debía hacer, pero joder, cuando estaba una semana sin
verla solo pensaba en follármela una y mil veces y solía olvidar con
demasiada facilidad que mi novia solo tenía dieciocho años recién
cumplidos.
Cuando entré, no pude evitar alzar la vista a aquellos altos techos de los
cuales apenas había sido consciente cuando vivía en esa casa. Nunca
me había importado el dinero, o bueno nunca había tenido que
preocuparme por él; pero ahora que quería empezar por mí mismo,
quería poder vivir de la misma forma en la que me había criado, pero no
a costa de que mi padre me mantuviese, quería triunfar por mi cuenta,
hacer que Noah se sintiese segura a mi lado. Mi apartamento en la
cuidad no es que fuese barato, pero era pequeño, era un piso de solero,
con dos habitaciones, una pequeña sala de estar y una cocina, no estaba
mal, pero no era lo que quería para mi futuro. Quería darle a Noah una
gran casa, junto a la playa, donde poder verla en bikini todas las veces
que me diera la gana, quería enseñarla a hacer surf, hacer hogueras en
la arena y dentro de algunos años fundar una familia. Vale sé que estaba yendo demasiado deprisa, pero estaba jodidamente enamorado de esa
chica, no podía evitar hacer planes y pensar en nuestro futuro juntos.
-Hola, Nick-me saludó Rafaella saliendo de la cocina. Estaba radiante,
como siempre, aunque no tanto como su hija.
Rafaella tenía el pelo rubio como el oro, parecido al de mi madre, y sus
ojos eran muy azules. Noah era muy distinta a ella, pero había heredado
de su madre el mismo porte, altura y cuerpo espectacular. Mi padre no
tenía mal gusto, había que admitirlo.
- ¿Qué hay?-dije amablemente sin poder evitar desviar los ojos hacia las
escaleras. No me apetecía mucho ponerme a charlar con Rafaella, así
que mejor que Noah bajase pronto.
- ¿Dónde vais a ir?-me preguntó deteniéndose con los brazos cruzados
delante de mí.
-Pues, la voy a llevar a cenar y a dar una vuelta-dije intentando no
perder los nervios. ¿Qué le importaba donde iba a llevarla?
-No volváis tarde, ¿vale? Mañana es un gran día y tiene que descansar-
tuve que contenerme para no contestarle y lo hubiese hecho sino fuese
porque Noah apareció por las escaleras. Su radiante sonrisa captó mi
atención y todos mis problemas y mal humor se esfumaron tan rápido
como mis ojos se posaron en su cuerpo. Estaba increíble, como siempre.
Se había puesto un vestido ajustado por arriba y holgado por la cintura
que le llegaba por encima de las rodillas. Las temperaturas habían
empezado a subir, dándole la bienvenida al verano y yo no podía
agradecerle más al tiempo por dejarme ver aquellas piernas una vez
más.
Noah ignoró a su madre y se acercó casi corriendo a darme un beso
rápido en los labios. Me hubiese gustado darle más que un pico
cariñoso, pero mis ojos habían visto como Rafaella fruncía el ceño tras
nuestras espaldas.
-Nos vamos, mamá-dijo apartándose de mí y besando a su madre en la
mejilla.
Tiré de ella, quería largarme lo antes posible de allí.
- ¡No llegues tarde Noah!-le gritó.
Noah me miró y apretó los labios con fuerza. Sabía que también estaba
harta de aquella situación, pero no iba a hacerle frente a su madre, aún
no por lo menos.
Le abrí la puerta del coche, intentando que mi mal humor no me
afectase. Ella se colocó de espaldas al asiento y me buscó con la mirada. Apenas se había maquillado pero el poco rímel que llevaba
hacía que sus pestañas pareciesen kilométricas.
-No te enfades-me pidió con una sonrisa dulce mientras que con una
mano me acariciaba la mejilla. Cerré los ojos un segundo.
-No me enfado.
Acercó sus labios a los míos, y le pasé una mano por su cintura,
atrayéndola hacía a mí. Al pegar su cuerpo al mío sentí su piel
demasiado desnuda.
- ¿No llevas puesto sujetador?
Mi corazón ya se había acelerado, joder Noah, no me hagas esto o no
llegaremos a cenar.
Sus mejillas se tiñeron de un rosado demasiado atractivo.
-Con este vestido no me hace falta-dijo simplemente.
-Vas a matarme-contesté besándola en profundidad. Su lengua fue en
busca de la mía, con la misma pasión que yo sentía, quería meter la
mano debajo de ese vestido, joder...
Me aparté.
-Vamos o tu madre me matará antes de tiempo. -le dije besándola en la
frente.
Su respiración estaba acelerada igual que la mía, pero la metí en el
coche y me obligué a tranquilizarme.
El trayecto en coche fue agradable, Noah estaba emocionada por su
graduación y no se calló en los veinte minutos que tardamos en llegar. A
veces me hacía gracia su manera de gesticular con las manos cuando
estaba excitada por algo, ahora por ejemplo sus manos parecían tener
vida propia.
Solo cuando llegamos al restaurante, se calló y vi por el rabillo del ojo
como abría los ojos como platos.
-Nicholas, este sitio es súper caro-dijo y automáticamente bajó la vista a
su vestido y sus zapatos planos.
-Estás perfecta, y hoy es un día especial-dije cogiéndola de la mano y
acercándonos a la puerta.