De cómo aman los Jensen.

CAPÍTULO DIECISÉIS.

━━━━━ CAPÍTULO DIECISÉIS ━━━━

NO SIN ELLA.

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River no sabía qué hacer más que tener sus pensamientos en la noche anterior. Noah nunca le había hablado mucho de Paige, y tampoco es que le preocupara saber más, si él deseaba decirle, pues bien, pero si no, no moriría por curiosidad. Sin embargo, saber sobre la reacción de Paige ante la nueva relación de ella y Noah, le provocaba un nerviosismo que no le gustaba.

Por otra parte, ese auto, el Mercedes rojo, le daba mala espina. Mike, el chico que lo conducía, era un poco extraño, y sabía que no había sido la única que se había sentido incómoda en su presencia, pero tampoco se había atrevido a discutir sobre ello con el resto después de la carrera. Era mejor dejarlo así.

Como estaba sola en el departamento, había decidido pasar más tiempo cocinando algo más elaborado. A veces, cocinar era un tipo de terapia que reemplazaba bastante bien la pintura. Como era domingo, Blair estaba con Miles pasando la tarde antes de otra semana de clases donde apenas se podrían ver. A River le hubiera gustado pasar el día con Noah, pero él debía estudiar y ella debía comenzar a escribir un nuevo ensayo. Ambos sabían que, si estaban juntos, desperdiciarían el tiempo tonteando en lugar de hacer algo productivo.

Cuando el timbre sonó, River se dirigió con rapidez a abrir, pero a un par de metros de la puerta, se dio cuenta de que el recepcionista no le había avisado que alguien la visitaba. Con el corazón latiendo con fuerza, caminó hasta el teléfono y lo llamó.

—Hola, quería saber por qué no me avisó que alguien venía —fue directa. El timbre volvió a sonar. 

—Lo lamento, el muchacho me dijo que era su novio y quería darle una sorpresa… como vi el enorme ramo de flores, lo dejé pasar. No volverá a suceder. 

—Mm… de acuerdo, gracias —murmuró antes de colgar. 

Giró el pomo de la puerta para abrir, pensando en que Noah estaba loco, y entonces, se dio cuenta de un pequeño detalle: Noah aún no era su novio. 

La puerta se abrió con fuerza, golpeando la mano derecha de River, quién dejó escapar un agudo chillido por el dolor. Al levantar su mirada, vio a Wyatt frente a ella. Se veía exactamente como lo recordaba; alto, de piel tostada y esos ojos escalofriantes. 

—¿Qué diablos haces aquí? —le preguntó River sobando su mano adolorida—. ¡Vete antes de que llame a la policía!

—Ya cállate, River —murmuró él entre dientes, acercándose lentamente a ella. River comenzó a retroceder, sin perder el contacto visual—. ¿Dónde está Blair? Vengo por ella. 

—Blair no está —susurró, agradeciéndole al cielo que tenía su celular en el bolsillo de su pantalón—. Piérdete, Wyatt. Déjala en paz. 

—Eres tan detestable como siempre, metiéndote en los asuntos del resto… ¿aún no aprendes? —le preguntó, deteniéndose en la mitad de la sala. Examinó cada rincón del apartamento—. ¿Tu papi pagó por esto? 

River rodó los ojos.

—Wyatt, no vengas a hablar de privilegios, que, entre los dos, tu los tienes multiplicados por tres.

—Es cierto. Ventajas de ser hombre, ¿no? —Wyatt volvió a enlazar su mirada con la de ella—. Como sea, no vengo a hablar de mis privilegios. ¿Dónde está Blair?

—Te dije que no está aquí, idiota.

—No te pregunté si estaba aquí, te pregunté dónde está —murmuró entre dientes, tomando el rostro de River con su mano—. ¿Dónde está Blair?

—¿Crees que te lo diré? —la mandíbula de River comenzaba a doler más y más a medida que Wyatt aumentaba la presión—. Puedes matarme si quieres, pero no sabrás donde está.

Wyatt rio, por lo que River aprovechó de su guardia baja para empujarlo y correr por el pequeño pasillo hasta llegar a su habitación. Sus manos sudaban y temblaban, pero se las ingenió para poder cerrar la puerta antes de que Wyatt entrara. River se dio cuenta de que ahora lo había enojado más que antes, así que cuando Wyatt comenzó a golpear la puerta con fuerza, tomó el celular y llamó a Noah. 

—¡Puedes esconderte todo el tiempo que quieras, pero no me iré sin ella! 

La puerta parecía que se abriría en cualquier momento, así que debía aprovechar los minutos que le quedaban antes de que Wyatt la asesinara. Su corazón palpitaba tan fuerte que lo sentía en su garganta, así que lo intentaba aplacar con la mano que tenía libre. Tenía mucho miedo.

—¡Abre la maldita puerta, River!

Noah aún no contestaba, y mientras esperaba, intentó armar algún plan para poder salir de ahí.

—Hola, River, ¿cómo…?

—Wyatt está aquí —River lo interrumpió. Su respiración era pesada, las lágrimas corrían por sus mejillas, pero no sollozaba. El miedo la estaba consumiendo por completo. Los golpes en la puerta aumentaron—. No sé qué hacer. 

—¡¿Qué?! Voy de inmediato, River, no cuelgues. Busca alguna manera de salir de ahí, por favor —rogó Noah. River podía escuchar como Noah abría y cerraba puertas, desesperado.

Miró su habitación, entendiendo que la única manera era abrir la puerta y correr por su vida.



Emily Taylor

Editado: 06.04.2021

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