Déjame Sanarte

2: Ojos color jade

Capítulo dos.

Elizabeth

¿Les ha pasado que, aunque les estén hablando, no escuchan nada? Bueno, a mí me acaba de suceder, solo veo como el profesor mueve sus labios.

—¿Me escuchas? — mueve sus manos al frente de mi rostro, pero sigo en shock.

Sí, estoy exagerando, lo sé. ¡Pero es inevitable! ¡No quiero ir a la clase de Jade!

—¿P-para qué quiere hablar conmigo?

—Profesor, llévela a la enfermería por favor. No quiero que su estupidez se contagie- comenta Samantha con una sonrisa ladeada.

—De hecho, ya me está afectando su estupidez- le sigue Cassandra fingiendo que se quedó pegada viendo a la nada como yo.

Sus amigas chillonas se rieron ante su pésima actuación.

—La que se irá a la enfermería serás tú si no cierras la puta boca— dice Alice mostrándole los puños a las dos chicas, genial, otra vez estaba enojada. Ellas se asustaron un poco pero trataron disimularlo.

Obviamente estarían asustadas, Alice va al taller de defensa personal.

—¡Uy, que miedo!

—¡Deberías tenerlo!

—¡Él único que irá a la enfermería por sus gritos seré yo! — intervino el profesor separándolas— Tomen asiento, todas— esperó que todas se sentaran en sus respectivos asientos y luego me miró—Ahora, señorita Ronserot, por favor vaya a la clase B. Necesito partir con la clase.

Me limité a asentir y dirigirme a la salida. Sabía que estaba exagerando pero debía ir a una clase desconocida, con gente desconocida. Me harían pasar y todos me quedarán mirando como si fuera el bicho más raro del mundo. ¿Por qué pasaba eso cuando entraba una persona a tu salón de clases? Es un misterio. O solo somos unos metiches.

—¡Pss! — antes de cerrar la puerta Betta llamó mi atención- No te preocupes, no pasará nada. Actúa normal-

Le sonreí y asentí con la cabeza, en modo de respuesta ella me imitó. Bien, no pasará nada del otro mundo, solo deberé ignorar la mirada de todos para evitar sentirme nerviosa. Sí, nada complicado.

¿Es necesario el sarcasmo, Elizabeth?

Caminé lentamente por los pasillos de la escuela pensando para qué me necesitaría la profesora Miller. ¿Me habré metido en un problema? ¿Será sobre mi baja calificación de la vez pasada? ¿Será que no estoy muy pendiente en su clase? ¡Mi cabeza estallará!. Aunque, el profesor dijo "la profesora Miller necesita tu ayuda para algo"...ok, no sé qué pensar. Lo mejor es ir directamente a ver lo que pasa.

Y a eso vas, idiota.

En eso suena mi celular anunciándome un nuevo mensaje, instantáneamente sonrío como una tonta al ver de quien era:

Jade: ¿Estás ahí?

Yo: No, no estoy

Jade: Ja ja. Muy chistosa 77

Yo: Lo sé, me lo dicen bastante :D

Jade: Ajá. Si te crees taaan chistosa deberías ir al circo. No sé, para realizar unas rutinas de monólogos divertidos.

Yo: ¿Aceptas que soy chistosa? *-*

Jade: No, ahí aceptan a los payasos :3

¡Oh, no lo dijo!

Yo: ¡Idiota!

Jade: Así me quieres.

Sentí mis mejillas arder al leer eso. Tonto, sabía que me ponía nerviosa cuando decía ese tipo de cosas.

Yo: Ya quisieras.

Jade: ¿Te sonrojaste? Lo sé, estás loquita por mí ;)

Yo: ¡No me sonrojé! Y no, solo estoy loca por el chocolate.

Jade: Oh, sí lo hiciste. Te conozco demasiado como para saberlo.

Odiaba que me conociera tanto. No es justo, siempre intentaba hacerme sonrojar para luego molestarme, era un pesado. Aún así, no podía evitar sonreír cuando me decía estas cosas. No podía dejar de sentir esto por él...a pesar de que jamás podría estar a su lado como corresponde.

Pensar estas cosas me desanimaban.

¿Por qué tenía este problema? ¿Por qué yo? ¿Por qué ese mal nacido me hizo esto?

Muchas preguntas, pocas respuestas.

Suspiré pesadamente mientras guardaba mi celular en el bolsillo, todos esos pensamientos hicieron que se me quitaran las ganas de hablar. Me detuve en seco cuando por fin había llegado al salón B, la clase de Jade. Diablos, otra vez mi corazón comenzó a volverse loco con el solo hecho de que lo veré, aunque fueran unos pocos minutos. Me empezó a sudar ambas manos y mis oídos estaban tapados, odiaba cuando me ocurría esto.

Observé por la ventana a cada alumno del salón. Algunos estaban leyendo, otros tirándose papeles, otros usando su celular, en fin, un caos total. Nadie tomaba en cuenta a la profesora de matemáticas. Me quedé sin aliento cuando fijé mi vista en el chico que me hacía ser más rara de lo normal. Sus ojos estaban pegados en el celular con el ceño ligeramente fruncido, seguramente vio algo que le molestó o algo parecido, parezco una acosadora observándolo desde aquí.



Lizbeth Moon

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En el texto hay: juvenil, romance, novela

Editado: 01.02.2019

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