Demonios Entre Nosotros (libro 2)

22

—¿Quién eres? —le pregunta la pelirroja a Frederick.

—Soy alguien que les puede ayudar.

Ella me miraba confundida. Yo no sabía si debía decirle que la persona que tenía frente a ella era quien posiblemente la asesinaría después.

—¿Dónde está Cassia? —le pregunté.

—Ella está bien. Está en un lugar mejor.

Y cuando Frederick dijo eso, sentí que el mundo se detuvo. Sentí como si una gran roca de sentimientos cayera sobre mí.

—Mientes.

—No miento. El infierno es un lugar mucho mejor que Dines.

Eso significaba que Cassia estaba en el infierno, pero estaba viva. Volteé a ver a la chica pelirroja, quien cada vez retrocedía cada vez más amenazando con su espada a Frederick. Sin embargo, fue demasiado tarde. Frederick corrió hacía ella y con su mano tomó el cuello de la chica, haciendo que el oxigeno en ella se agotara poco a poco.

—Bien, ahora no es una propuesta, ni mucho menos una pregunta. Esto es una afirmación. Irán conmigo al infierno. —dijo viéndome a los ojos.

La chica hacía lo posible por poner las manos de Frederick fuera de su cuello. Ella luchaba por tan solo algo de aire. Frederick la miró fijamente y una sonrisa siniestra se formó en su rostro.

—Por cierto, mucho gusto, soy Frederick.

Cassia.

Mis ojos se abrieron lentamente. Me di cuenta que por alguna razón estaba en el suelo. En el infierno había un caos total. Sangre escurriendo de la pared al suelo, las llamas tenían más fuerza ahora y yo ni siquiera sabía que era lo que había sucedido.

Frederick no estaba aquí, pero se aseguró de que no huyera del infierno clavándome una espada en la pierna. Él dejó una nota:

«Intenta moverte un solo centímetro y esa espada te hará desangrarte hasta morir».

Así que prácticamente no tenía otra opción más que esperar a que Frederick volviera. El tiempo parecía eterno por el gran dolor en mi pierna, sin embargo Frederick no tardó mucho en llegar.

—¡Cassia, levantate! Oh, espera no puedes, se me olvidaba lo de tu pierna. De todos modos, he traído a unos amigos, sé amable y saludalos. —dijo Frederick mientras venía hacia mí.

Detrás de él, venían Brook y una chica pelirroja.

Literal y metafóricamente Frederick los había traído al infierno.



Gabriela Medina

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En el texto hay: angeles, demonios, amor

Editado: 14.11.2018

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