Desde el hoyo en el que me encuentro

Capítulo 2.

04-03-19

Apenas y tenía ganas de levantarme a la mañana siguiente. Era el primer día de clases y la verdad no me molestaba mucho la idea de ver a mis compañeros de clase. Pero la idea de soportar la presencia de nuevos alumnos que van de un lado a otro sin saber muy bien dónde queda su salón me causaba estrés.

Aquella mañana empecé el día con un poco de música, me ayudaba a relajarme. Encendí el reproductor d música de mi celular y le di play. Sonaba “Sign of the Times” de Harry Styles. A un tono de volumen razonable que me impida escuchar más allá de mi habitación. Me quedé un momento sentado sobre la cama, escuchando la letra de la canción.

If we never learn, we been here before. Why are we always stuck and running from. ¿The bullets? The bullets. We never learn, we been here before. Why are we always stuck and running from. ¿The bullets? The bullets… Repetía en mi mente. Hacía poco que había descubierto esa canción y no podía creer que había perdido más de dos años desde su estreno. Era una canción profunda, con mucha verdad y sentimiento.

Terminada la estrofa, me dispuse a levantarme de la cama. Dirigiéndome al baño para darme una ducha y luego vestirme. Y tal cual lo pensé, lo hice. Luego de darme una ducha de diez minutos, me puse el uniforme. Me ajustaba la corbata cuando mi madre abrió la puerta de mi habitación, sin tocar debo confirmar.

            -El desayuno está listo, si te apuras podré llevarte al colegio antes de irme al trabajo. –Habló asomando la mitad superior de su cuerpo por la puerta.

            -Puedo caminar hasta el colegio, mamá. –Respondí mirando a través del espejo.

            -No jovencito. Te llevo o te vas en tu moto. –Habló, mirando el reloj de su muñeca.

            -Puedo caminar. –Levanté la voz para que me escuche mientras se iba. No supe si logró escucharme o no. Terminé el nudo de mi corbata y la alisé para que quede perfecta. Que tenga problemas mentales no significa que no deba vestir perfectamente. Me miré fijamente al espejo, examinándome con minuciosidad. Los ojos cafés, la nariz respingada, el cabello oscuro y corto, los labios resecos y los dientes totalmente blancos. Y una enorme pregunta dentro de mi cabeza: ¿Cómo es posible que el ser divino que dice ser Dios nos hace tanto daño con problemas como estos? Y la respuesta llega rápidamente… No lo hace… ¿Por qué? Simple, porque no existe.

            - ¡Hey! –Lucas atravesó la puerta. Ingresando a mi habitación y sentándose sobre mi cama. La muy rata había dejado la puerta abierta.

            -Tienes cinco segundos para salir antes de que me lance sobre ti. –Dije sin mirarlo, agarrando la mochila que estaba sobre mi escritorio.

            -Mamá quiere que te des prisa. –Se levantó de la cama.

            -Pues sal y dile que iré en un momento.

            -Tiene prisa.

            -Pues iré caminando.

            -No creo que te deje.

            -Sólo ve y dile que bajaré en un momento. –Le indiqué la puerta con la mano. –Ahora. –Espeté.

            -Más vale que salgas rápido, no quiero llegar tarde en mi primer día. –Dijo mientras salía. Como si me importara.

Saqué los auriculares que tenía en el cajón de mi escritorio y los puse en mi bolsillo. Estaba todo listo, así que bajé las escaleras hacia la cocina para desayunar algo antes de salir.

            -Cinco minutos, Erick. –Mi madre ojeó su reloj una vez más–. Hablo en serio. –Agregó.

Levanté la jarra con jugo de naranja y serví un poco en un vaso.

            - ¿Sólo desayunarás eso? –Preguntó.

            -Tienes prisa. –Respondí, y le di otro sorbo al jugo de naranja.

            - ¿Sabes qué? Desayunarás en el colegio. Vámonos. –Apuntó con la cabeza, hacia la puerta.

            - ¿Es en serio?

            - ¿Estoy sonriendo? –Respondió.

Terminé el último sorbo de jugo de naranja y puse el vaso de vuelta en la mesa. Tomé mi mochila y salí de la casa. Dejé la puerta abierta y me acerqué al auto, abrí la puerta del copiloto e ingresé. La molestia que me controlaba hizo que cerrara la puerta con brusquedad. Unos segundos después, Lucas ingresó al auto.

            -Sólo quiere ser una buena madre. –Habló mientras se acomodaba en el asiento trasero.

            -Ya. –Respondí cortante. Saqué los auriculares de mi bolsillo y me los puse, mi intención era no escuchar lo que tenía que decir Lucas o mi madre.

Vi a mi madre salir del auto cuando abrí el reproductor de música en mi celular. Rodeó el auto e ingresó. Cuando estuvo dentro dijo algo, pero no la escuché porque a mis oídos ya llegaba “I´m not the only one” de Sam Smith a todo volumen. Volteé mi mirada hacia la ventana, en dirección contraria a mi madre. El auto empezó a avanzar y lo que más anhelaba es que no haya mucho tráfico.

El auto dejó el vecindario y llegamos al centro. Por suerte, tanto para mí como para mi madre, no había mucho tráfico. Mantuve mi mirada por la ventana, el cielo estaba despejado y pese a que el sol estaba muy fuerte, se sentía el ambiente fresco. Cuando el auto se detuvo frente a un semáforo en rojo, me di cuenta de que en el auto que estaba un poco más adelante del lado derecho de nosotros estaba Karen, la novia de Percy. Se volteó hacia mí y me saludo moviendo la mano. Se veía feliz, seguro porque vería a Percy en el colegio. Levanté la mano un poco para saludarla, pero no la moví. Sólo la levanté. E incapaz de contener mi incomodidad, no tuve más remedio que voltear hacia mi madre.

            - ¿También nos recogerás? –Pregunté sacándome un lado de los auriculares.

            -Claro, si no ¿cómo se regresan? Y no me digas que, caminando porque ya sabes lo que opino. –Dijo, y seguimos avanzando.

Volteé hacia Lucas, que estaba sentado al lado de la ventana izquierda, jugaba algún juego o miraba algún vídeo. Lo cierto era que tenía el celular en horizontal y la mirada clavada en la pantalla.



Bratkart

Editado: 16.01.2021

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