Desde la ventana.

Capítulo 25.

Paulett.

La agente ha venido a verme de nuevo y lo hace más seguido que mi propio abogado. Hace meses me condenaron a sesenta años de prisión y no me pesa por dos razones, una de ellas es que nada tiene sentido para mí, ya lo he perdido todo y al menos aquí no tengo que prostituirme para ganarme algo; la otra razón que me hace un poco más fácil mi encarcelamiento es que no estoy segura de que realmente dure los sesenta años. Claudia ha sido muy abierta conmigo y quiere más que a una pobre estúpida que asesinó por venganza y desesperación. – Te ves mejor Paulett – Sonreí sentándome frente a ella.

– Tú también Claudia.

– No tengo mucho tiempo...

– Yo sí – Sonrió.

– Quiero que me cuentes tus secretos.

– Pensé que ya los conocías todos.

– Sólo me faltan dos. ¿No crees que Benjamin lo merece?

– Benjamin no, y Dominik ya no pagará sus males en esta tierra, está ardiendo en el infierno.

– Me enteré de que estás recibiendo estudios bíblicos – Asentí. – Esta es una manera de enmendar tu camino, ¿no es eso lo que quieres?

– Lo quiero sí, y las mujeres que me visitan y me dan esos estudios dicen que puedo obtener perdón, a pesar de haber roto el quinto mandamiento.

– Rompiste más que un mandamiento, le rompiste la cara a un hombre, que si no hubiera sido por las fotografías, jamás hubiera tenido un rostro para mí – Ella se acercó un poco más. – Dime lo que pasó y seguiré ayudándote con lo que me pediste.

– Sé que lo has hecho – Murmuré con un dolor profundo en el corazón. Hace meses le pedí dos cosas para declararme culpable por homicidio en segundo grado, aunque mi acción cae completamente en el primer grado; poco después entendí el por qué de las cosas. Los favores que le pedí fueron solamente dos, que dejara en paz y sin cargos a Marco y lo alejara de mí. Él volvió una y otra vez, sé que detuvo muchas cosas en su vida para poder ayudarme y que incluso se separó de Lauren, a quien le confesó absolutamente todo; lo supe gracias a la detective y a una carta que me hizo llegar de él, donde me explicó ciertas cosas. Todo lo he rechazado, no lo quiero atado a mi lado; y por lo último que supe de él, poco a poco su vida volvió a tomar el curso de antes, incluso regresó con su novia; a pesar de todo él ha pedido verme pero ya no insiste tanto como antes.

– ¿Entonces?

– ¿Ya tiene las pruebas suficientes?

– Ya – Sé que sí, y aunque no me preocupo por mi bienestar, tampoco quería explicar cómo sucedieron las cosas, revivir ese último momento del hombre que amé hasta el último instante es sumamente doloroso, y para mí no hay peor castigo que ese.

– Está bien – Pasé saliva y lo diré porque es una forma de soltar, dejarlo ir, y no me refiero a Benjamin, sino a mi pasado. – Lo cité en la mañana a primera hora, él había querido visitar siempre ese apartamento porque fue un regalo de mi cliente más importante, y en el fondo sé que le daban celos, aunque no estoy segura de qué o por qué – Me encogí de hombros. – Él llegó temprano y lo invité a pasar, yo no estaba formalmente vestida, llevaba un camisón de tirantes y aunque discreto, era provocativo; sabía que él iba a querer hacerme el amor ese día y en ese lugar, quería reclamar lo que era suyo según su criterio, y yo no estaba equivocada en nada, ni siquiera en que no iba a hacerme el amor porque él ya no me amaba, ni tampoco en que solamente quería dejar su marca en un lugar que no le pertenecía.

– ¿Cómo una competencia con tu cliente?

– Exactamente.

– Continúa.

– No lo recibí sumisa porque él sabía que yo no era así desde hace muchísimos años, pero sí era frágil y por eso se aprovechaba. Lo dejé hacer y decir cuanto quiso y en el fondo también deseaba tenerlo por última vez, así que lo hice mío como él me reclamó a mí. Cuando todo pasó le serví una bebida – En todo el breve relato no pude hacer contacto visual con ella, hasta ahora.

– ¿Lo drogaste?

– Sí. Y se volvió frágil, indefenso.

– Y lo golpeaste.

– No sin antes haberle reclamado su traición, se quedó sorprendido porque supuestamente yo no debía enterarme.

– ¿Y cómo lo hiciste?

– Tengo secretos que me llevaré a la tumba – Ella asintió, sabiendo que no recibirá más de mí. – Ante sus tontos alegatos, me enfadé mucho más de lo que ya estaba, entonces fui por la tapa del baño – Ella se sorprendió ya que en el apartamento había un gran desorden cuando lo abandoné, quise ensuciar la escena del crimen e incriminé varias cosas para que sirvieran como el arma homicida. Sólo quería que fuera divertido para ellos.

– ¿Por qué la tapa?

– Porque lo vi en una película – Ella no dijo más. – Lo demás ya lo sabes Claudia, lo golpee hasta matarlo, con toda la ira y rabia que sentía y siento aún en este momento – Su mano se posó sobre la mía.

– Él ya está pagando – Asentí. – Ahora háblame de Camila y tendrás las garantías que te ofrecí.

No pude dormir en toda la noche pensando en el día de hoy, y apenas aparecieron los primeros rayos del sol me puse la ropa limpia que me han traído.

Tuve que esperar hasta las nueve de la mañana para que vinieran a verme, sin pronunciar palabra alguna más que mi nombre, la oficial me sacó de mi celda y después me llevó a una habitación donde me encontré con ella. – Hola Paulett.

– Hola.

– Hace diez años ya que te apresé por haber matado a un cerdo y creo que pagaste demasiado por algo que no valía nada – Asentí solamente una vez. – Pero tu martirio ha acabado y quería verte antes de que te vayas.

– Gracias.

– Gracias a ti pudimos derribar a una de las mafias de prostitución más buscadas de los Estados Unidos.

– Sólo era una más del montón.

– Una que conocía los secretos más oscuros – No era mi deber pero sí mi ocupación, sobretodo cuando empecé a sospechar años atrás sobre los tratos entre Camila y él. Claudia se acercó y me dio un abrazo que me sacó de mis pensamientos. – Mucha suerte Paulett.



Yusdi Cortez

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En el texto hay: obsesion, secretos, amor

Editado: 30.09.2019

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