Desearía ser tu amigo

1-No lo conozco.

Por fin terminé la secundaria, me gradué. Ahora estoy con mamá en el auto con nuestro equipaje. Regresar a la casa de la abuela a pasar las vacaciones era el deseo que anhelaba, vivir la paz y la tranquilidad de esa casa, mi hogar de la infancia.

Mientras salíamos de la ciudad, yo escuchaba la música de mi banda de rock favorita... "Los Guns N'Roses"... una de las canciones, "Yesterday". Esa canción abría la puerta de mis recuerdos, la luz del sol en su atardecer me acariciaba mi rostro al recordar los buenos momentos que he vivido, algo feliz por eso. Pero tenía que prepararme para la siguiente etapa de mi vida, una etapa en donde ahora y en adelante tendré que tomar mis decisiones.

Para acompañarme del momento, mi madre también cantaba la misma canción, pues ambas nos alegrabamos de mis logros y de lo bien que nos iba en la vida. Terminamos la canción con un suspiro.

—Ay Miranda, esa canción. Me recuerda cuando estabas en la primaria —dijo mi madre mirándome felizmente.

—Si mamá, la primaria, época de locos ¿No? —pregunté.

—Si Miranda, una infancia alocada. Pero no entiendo como tienes contacto con la mayoría de tus ex compañeros y no con todos —argumentó mi madre. Yo solamente la miré extrañada.

—¿Pero a quienes? Yo tengo contactos con la mayoría de mis compañeros. Aún no nos hemos dejado de hablar.

—Pero siempre había tenido contacto con tus antiguos amigos y varios niños de la escuela; a excepción de ese... ¿Cómo se llamaba?... Un tal Julio — al saber a quién se refería, quería expresar enojo e inconformidad. Pues nunca he querido saber nada de él.

— ¡No, no quiero saber nada sobre él! Era muy fastidioso y molesto... no hablemos de amarguras.

—¿Pero por qué? Todos los maestros decían que era un buen niño. Tiene que haber una explicación como para saber del por qué de tu molestia.

—Bien, ¿Lo quieres saber? Te diré por qué:

 Julio era un niño muy fastidioso: En primer año le gustaba, en segundo y tercer año intentaba ser "Mi amigo" pero no quería, en cuarto año entraba a la seriedad y antisocialidad lo cual me aprovechaba de él. En los últimos años de primaria era más aplicado y mejoraba sus calificaciones para ser popular lo cual me aprovechaba de él otra vez pero su personalidad fastidiosa me molestaba. Después de la primaria y antes de iniciar la secundaria me llegó una solicitud de amistad de Julio en mi cuenta de Facebook, aunque era molesto lo acepté pero me envió tres mensajes y mi tolerancia llegó al límite que lo bloquee, supuestamente, Mauricio fue quien envió los mensajes. Desde ese momento no supe nada sobre él y eso me dejó en tranquilidad.

—Valla, ¿Con el sólo intento de que sea tu amigo te molestó? Tiene que ser por otro motivo porque para mí no es creíble.

—Mamá, no lo quiero recordar. Dejemos de hablar de ese tipo.

Mi madre, permaneciendo callada por mi explicación, tomó el camino de salida a Calvillo y después se dirigió al fraccionamiento llamado El Picacho (llamado así por ser una residencia cercana al Cerro del Picacho o también llamado "Los pies del muerto"), tomó una calle solitaria en donde el otoño se adelantaba. Obedeció el letrero de "Alto" y yo miré por la ventana del auto los árboles semi desnudos que no sentían el verano. De repente vi la imagen infantil de Julio, me aborrecí creyendo que era parte de mi imaginación, pero empezó a llorar sangre. De la impresión parpadee  dos veces y desapareció. Mamá dejó de esperar y siguió su camino, yo sólo me impresioné.

Buscamos cada casa que parecían cabañas grandes y haciendas hasta que encontramos la casa de la abuela; una casa grande de color azul, con paredes grandes que cuidan el césped y el jardín, además del patio delantero extenso.

Mamá se estacionó cercas de la casa y la abuela abrió el portón para recibir la visita.

— ¡Miranda, mi niña! Ya estas creciendo un poco y eres más pálida que antes. ¿Eso es sangre o es el rojo de los labios? —me criticaba mi abuela mientras me abrasaba y me daba besos.

Yo soy pálida como la nieve, mis ojos son marrones pero a veces son de verde, y mi cabello es largo color castaño claro. Mi abuela admiraba mi belleza que tal vez le provocaba envidia.

—Buenas tardes señora Márquez —saludó Julieta y de repente me miró —. ¿Miranda?

— ¿Julieta? — traté de reconocerla.

Julieta, una chica de ojos totalmente verdes, piel blanca como yo y un cabello entre el color rojo y castaño oscuro. Era mi compañera y mejor amiga en la primaria, solíamos estar juntas al igual con la mitad de las niñas del grupo.

Las dos empezamos a conversar por un minuto y después me invitó a dar un paseo por todo el fraccionamiento. Mamá escuchó y quería impedirlo para que bajaramos el equipaje, pero la abuela se ofreció en ayudarla aún con su edad, lo cual aceptaron el permiso. Julieta y yo nos fuimos corriendo.

Al pasearnos, platicábamos de nuestros recuerdos y lo que hicimos en la secundaria, cada quien mencionaba sus experiencias incomodas pero graciosas, y también sobre los demás contactos que teníamos con nuestros amigos de primaria. De repente recordé las palabras de mamá y la alucinación que había tenido hace una hora, quería compartir mi queja con ella, algo sobre Julio. Me detuve y ella se adelantó:

—Oye... ¿Sabes algo sobre Julio? —pregunté.

Mi pregunta la hizo detenerse y petrificarse, no pude ver sus expresiones ya que me daba la espalda, y después volteó su cabeza y me miró normalmente:

– ¿Quién? –pregunto Julieta.

–Julio, el niño fastidioso de la primaria. ¿No lo recuerdas?

–No sé de quién me hablas– dijo Julieta como si el nombre propio fuera pecado mencionarlo.

–Mejor olvídalo. No vale la pena – propuse.

Seguimos caminando pero esta vez en seriedad y silencio. Nos acercamos a la primaria que estudiamos, su nombre era "Antigua patria". Nos detuvimos para admirarla y recordar nuestra infancia, Julieta sacó su celular y lo encendió para mirar la hora, ya era tarde, antes de tomar nuestros caminos me dijo que me tenía una sorpresa mañana y sólo le dije que lo contara mañana.



Julio 2000

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En el texto hay: terror, terror psicológico, romance

Editado: 01.03.2019

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