Desearía ser tu amigo

7-Eres tan idiota.

—Haber... ¿En dónde está Dulce? ­—pregunté.

—Está debajo del árbol leyendo —indicó Fabián.

Fabián acertó, Dulce estaba sentada en la raíz de un árbol, leyendo la novela "Carrie" de Stephen King.

—Ok, te diré que hacer— le indiqué y nos fuimos corriendo a escondernos en un arbusto, que por fortuna estaba a un metro del árbol (o sea, que Dulce estaba en la otra banqueta y nosotros en otra banqueta, lo más cercana a ella).

— ¿Y qué tengo que hacer? —preguntó.

—Platica algo sobre el libro que está leyendo.

—Ok, lo haré.

— ¡Pero con ganas! ­­—lo motivé.

Fabián se dirigía con Dulce, la chica de los sueños de Fabián; de piel mestiza y cabello lacio y negro puro, de mejillas rojizas y siempre le gustaba usar blusas que exhibía su abdomen y faldas de moda que enseñaban sus piernas.

Mientras que Fabián conversaba con Dulce y yo los espiaba, Julieta me provocó escalofríos por hablarme en la espalda.

—Julieta... no asustes así —le advertí.

—Lo siento, solamente quería hablar contigo.

—Bien... ¿Y qué quieres que hablemos?

—Bueno es sobre Diana. No quiero ser metiche pero también quiero saber lo que ustedes platican —dijo Julieta.

—Bien, te alejarías de nosotras por lo que platicamos —le advertí.

—No importa, sólo quiero prevenirme.

— ¿Prevenirte de qué?

Al otro lado, una rama se cayó a causa de la fuerza de Fabián, Dulce fue lastimada y se alejó de manera furiosa.

— ¡Sígueme! —le dije a Julieta.

Ambas nos dirigimos con Dulce para saber lo que sucedió.

— ¿Dulce, estas bien? —pregunté.

—Estoy bien. Es ese estúpido de Fabián —contestó Dulce con coraje.

— ¿Qué libro es? —preguntó Julieta.

—Es Carrie de Stephen King.

—Oh ¿Y has visto la película? —preguntó Julieta otra vez.

—Sí, las dos versiones son mierda... prefiero el libro.

Por alguna razón quise cambiar de tema.

—En serio, ¿Te cae mal Fabián? —pregunté por millonésima vez y Dulce suspiró.

—No lo sé, a veces es tierno, pero en la mayoría es un idiota —argumentó y me puse a pensar —. Y por fin que te veo. Ahora te puedo saludar.

— ¿Y por qué lo dices? —cuestioné.

—Siempre te veo pero no te saludo. Incluso en el funeral de Alexa te quise saludar.

—Oh... pos... Hola ¿Cómo estás? —la saludé y empezó a reírse.

—Es mejor una sonrisa que beber el veneno de la amargura —opinó Julieta.

Me olvidé de Fabián y me despedí de Julieta y Dulce. Al encontrarlo le pedí disculpas y le pregunté lo sucedido:

—Una tontería. Me pregunto si estará molesta conmigo.

— ¿Molesta?, ¿Qué hiciste?

—Comencé la conversación con un cumplido, después con el libro que leía y me apoyé en una rama, lo cual, por mi peso, rompí la rama y lo cual dejó un rasguño en su pierna. ¡Soy un idiota!

—No lo eres, trata de dar tu esfuerzo —le aconsejé y sonrió.

Pero me empezó a doler la cabeza. Fabián intentó ayudarme pero me negué. Así que me dirigí a mi casa sin poder despedirme.

Mis mayores me preguntaron por mi actitud y no pude contestar. Llegué a mi habitación y antes de que mi cuerpo se cayera de mi cama, vi por mi ventana que Brandon me buscaba. Mamá salió a la cochera y conversaban los dos, pero no fue mucho tiempo porque se retiró Brandon rápidamente. Me dejé caer en mi cama y cerraba mis ojos; pero escuchaba la frase "¿Quieres ser mi amigo?" así que me tapé mis ojos con mis manos y tratando de pensar en Víctor pero al parecer empeoraba más.



Julio 2000

#109 en Terror
#4248 en Novela romántica

En el texto hay: terror, terror psicológico, romance

Editado: 01.03.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar